
En la cima de la montaña
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"En los artículos sobre el señor Tommy Heinrich, publicados no hace mucho, se lo menciona indistintamente como «alpinista» y «andinista». Para evitar vincular esos emprendimientos con el nombre de la cadena montañosa por escalar, quizá lo más acertado sería denominar a estos deportistas «montañistas»", opina el profesor Miguel Núñez Cortés.
Si el lector así lo desea, puede llamarlos montañistas , aunque, curiosamente, esta palabra no figura en el Diccionario de la Real Academia Española y al que practica el montañismo (que sí figura, desde 1947, y remite a alpinismo ) se lo llama montañero . Pero puede llamarlos también alpinistas o andinistas , independientemente de la montaña que estén escalando. Heinrich no es alpinista cuando sube a los Alpes, andinista cuando hace cima en los Andes e * himalayista cuando escala el Himalaya: es alpinista , andinista o montañista en cualquier caso, de la misma manera que un trasatlántico puede cruzar cualquier océano.
De esas voces, las más antiguas son alpinista y alpinismo . Y no porque antes no se hubieran escalado otras montañas altas, sino porque estas palabras se inventaron en Europa y fue allí donde una práctica que sin duda nació por necesidad de los que habitaban esas regiones se convirtió en deporte. Alpinista y alpinismo figuran en el DRAE desde 1914, pero ya entonces se define alpinismo como «deporte que consiste en la ascensión a los Alpes y a otras altas montañas».
Cuando el deporte llegó a estas tierras, todo el mundo lo llamaba alpinismo , pero algún amante de la precisión, y de buscarle la quinta pata al gato, razonó que, si aquí se escalaban los Andes y no los Alpes, cuando se practicaba aquí debía llamarse andinismo , y sus cultores, andinistas . El razonamiento era absurdo porque lo que hacían los que escalaban los Andes era lo mismo que hacían los que escalaban los Alpes, y muchas veces eran incluso las mismas personas. Pero los neologismos cundieron (los buscadores de la quinta pata forman un gremio muy numeroso), y andinista y andinismo entraron en el DRAE en la edición de 1956. Curiosamente, andinismo aparece como americanismo, pero andinista no tiene indicación de área (así siguen figurando todavía). Además, andinismo tenía una definición más restrictiva que alpinismo : "Deporte que consiste en la ascensión a los Andes". Es decir que un andinista podía llamarse alpinista , pero no cualquier alpinista podía llamarse andinista . En la edición de 1992 (la penúltima), se agregó, como en alpinismo : " y a otras montañas altas".
Afortunadamente, a nadie se le ocurrió que a los grandes buques que navegaban entre América y Asia hubiera que llamarlos * traspacíficos .
Cuestión de orden
Escribe María García R.: "Continuamente oímos y leemos, por ejemplo: «No tengo más nada que decir».Yo siempre utilicé, en ese caso, «nada más» y creí que la otra forma era errónea. Debido a su continua utilización, hoy tengo la duda de cuál es la forma correcta".
La lectora puede seguir diciendo nada más , que es la forma preferible. Leemos en el Diccionario panhispánico de dudas , de la Real Academia Española: "Cuando más acompaña a nada, nadie, ninguno y nunca , lo normal en el español general es la posposición de más : «No hay nadie más en la habitación» (Derbez Usos [Méx. 1988]); «No me voy a levantar nunca más» (Pavlovsky Pablo [Arg. 1987]); «Nadie me preguntó nada más» (Belli Mujer [Nic. 1992]); pero en el habla coloquial americana, especialmente en el área caribeña, y en el español de Andalucía y Canarias, es frecuente en estos casos la anteposición de más : «Fuera de él no hay más nadie que pueda hacer algo» (UPietri Oficio [Ven. 1976]); «No la volví a besar más nunca» (CInfante Habana [Cuba 1986]); «Y no oí más nada» (Carrera Cuentos [Ven. 1980])".
Como se ve, el más nada no se rechaza, pero se define como coloquial y usado sobre todo en un área que no es la nuestra. No hay que olvidar que formas que en determinadas áreas se consideran propias de la norma culta en otras pueden considerarse vulgares. En la Argentina, el uso culto prefiere posponer el más .
Como nadie
"Últimamente es frecuente, especialmente en los medios gráficos, la utilización del término ningunear . ¿Es correcto el uso de dicho término y, en tal caso, cuál sería su significado?", pregunta César M. Rengel.
El verbo ningunear figura en el DRAE desde la edición de 1992. Está definido como «no hacer caso de alguien, no tomarlo en consideración» y «menospreciar a alguien». Evidentemente deriva de ninguno y la idea es ´convertir a alguien, mediante la manera de tratarlo o considerarlo, en nadie, en ninguno; tratar o considerar a alguien como si no fuera nadie, como si no existiera .
Regímenes diferentes
Desde Medellín, Colombia, escribe Jorge Arango:
"En los medios de comunicación de mi país impera ahora la moda de llamar «abusada» a la persona de quien se ha abusado. Por ejemplo: "Una niña fue abusada ayer». No me suena bien, porque entiendo que hay verbos que rigen ciertas preposiciones: abusar de , por ejemplo. Según esta moda, si le pego a un niño, sería «el niño pegado». Creo que hay confusión con otros verbos que sí admiten esta manera de hablar, golpear , por ejemplo: «la persona golpeada»."
Tiene razón Arango, pero la "moda" está más extendida de lo que él cree: aquí también es frecuente ese error en los medios.
El hecho de que varios verbos tengan significados parecidos no quiere decir que puedan usarse indistintamente, porque pueden tener regímenes diferentes. Si un verbo es intransitivo, es decir, si no se construye con objeto directo, no puede construirse en voz pasiva. No se debe decir *"una niña abusada" porque abusar se construye con circunstancial: abusar de alguien . Y no se debe decir *"un niño pegado" porque pegar , en esta acepción, se construye con objeto indirecto: pegarle a alguien . Sí se puede decir "una mujer golpeada" porque se dice "golpearla", con objeto directo.
La pasiva muchas veces es un recurso para no mencionar al actor de la acción: basta con no expresar el agente. Si no sé quién golpeó a la mujer, o lo sé pero no quiero o no puedo decirlo, digo simplemente que "la mujer fue golpeada". Cuando el verbo no admite la pasiva, hay que usar otras construcciones: la impersonal con se o la tercera persona del plural con sujeto indeterminado. Puede decirse, por ejemplo, que "se abusó de la niña" o que "le pegaron al niño".
Lucila Castro recibe las opiniones, quejas, sugerencias y correcciones de los lectores por fax en el 4319-1969 y por correo electrónico en la dirección dialogos@lanacion.com.ar






