
En recuerdo de Carlos Fuentes
A fines de 1999, con el afán de dar rienda suelta a mi espíritu de editor de libros de arte y viendo que faltaba uno que documentara adecuadamente las grandes piezas de nuestras culturas precolombinas, invité a dos eminencias, Alberto Rex González y José Pérez Goyán, a elaborar un anteproyecto para ese libro, que luego la crisis argentina de 2001 dejó en aguas de borrasca. Ambos sugirieron que el prólogo debía ser de un gran escritor mexicano, por ser esa tierra la meca de las civilizaciones precolombinas. Muerto ya Octavio Paz, saltó a la mesa el nombre de Carlos Fuentes.
Lo llamé a su casa de Londres, me presenté y le expliqué los motivos de la llamada. Muy amablemente, me dijo que no solía escribir sobre temas que no conocía. Un componente importante del ADN argentino es la insistencia, y no sé a ciencia cierta si es una virtud o un defecto, con lo cual, antes de aceptar un "no" definitivo, le dije que le haría llegar algunos libros y documentos donde podría ver la extraordinaria calidad y originalidad de las piezas de nuestras culturas antepasadas y que ante esas evidencias encontraría sobrados motivos para honrarnos con el dichoso prólogo.
Me aboqué entonces a reunir un conjunto de libros que marcharon luego hacia Londres, a la casa del escritor.
Al cabo de unas semanas, volví a llamarlo con la absoluta certeza de haber obtenido el "sí" al anhelado prólogo. Muy grande fue mi decepción al escuchar sus excusas, escudándose en el muy razonable argumento de que a esa altura de su vida no podía ponerse a estudiar las civilizaciones precolombinas argentinas para hacer un prólogo para un señor al que apenas conocía por teléfono.
Le dije entonces que sentía una gran admiración por su país y su cultura. Le dije también que creía que hay un eje invisible que une Ciudad de México con Buenos Aires, y ambas con Madrid, y que las tres conforman los vértices de un gran espacio cultural. Esas tres ciudades tenían la corresponsabilidad de cultivar y preservar ese espacio. No pueden delegar esa tarea en Lima, Caracas o Bogotá. Fuentes me respondió: "Hombre, qué bien dicho", y a boca de jarro me propuso: "Usted pertenece al mundo empresario y yo al cultural, ¿por qué no creamos un foro que reúna gente de negocios, intelectuales y hombres de Estado para debatir sobre ese espacio cultural?".
A fin de evaluar la factibilidad de la tarea, nos la repartimos. Yo debía contactar a empresarios de América latina y él, a intelectuales y gente de España y México, y quedamos en hablarnos a la semana siguiente para examinar los resultados.
Sobre la base de mis relaciones y de la experiencia en la organización del CEAL, el Consejo Empresario de América Latina, convoqué a varios empresarios de la región, entre ellos Carlos Slim, de México; Gustavo Cisneros, de Venezuela; Joao Roberto Marinho, del grupo Globo de Brasil, además de empresarios y personalidades de nuestro país. Todos encontraron fascinante la idea. Fuentes motivó a su vez a Gabriel García Márquez; a Jesús de Polanco, presidente del Grupo Prisa de España, que fue un impulsor fundamental del foro; a Felipe González, y a otros destacados intelectuales y personalidades de México y España.
A la semana, cuando nos volvimos a comunicar, no nos quedó la más mínima duda de que debíamos ponernos manos a la obra. Desde ese entonces y hasta la constitución del foro hablamos por teléfono casi todos los días. Eran conversaciones largas, ya que Fuentes era muy afecto a la palabra. Nos hicimos amigos sin conocernos en persona. Recuerdo que le envié una foto mía para que tuviese al menos una imagen de con quién estaba hablando.
Así nació el proyecto que él bautizó Foro Iberoamérica, y que copresidimos hasta febrero de 2007, cuando Ricardo Lagos, ex presidente de Chile, ocupó mi lugar junto a Carlos Fuentes.
De ese modo, como no podía ser de otra forma, Buenos Aires, la Argentina, estuvo en el germen de esa iniciativa, a través de este humilde servidor, como diría un mexicano, cuyo objetivo fue promover y potenciar ese gran y valiosísimo espacio cultural que conforman España y Portugal con los países latinoamericanos.
Por fin, llegó la primera reunión en que se conformaría el Foro Iberoamérica en Ciudad de México. Recuerdo aquella mañana en que finalmente nos conocimos con Carlos en persona en el hotel donde nos hospedábamos. Fue un momento conmovedor. En ese clima compartimos varios años la copresidencia del Foro Iberoamérica y las reuniones de México; Buenos Aires; Toledo; Campos de Jordao, en Brasil; Cartagena de Indias, en Colombia; Lisboa, y, una vez más, la Ciudad de México, a fines de 2006.
A un año de su muerte, cargo en mis alforjas el recuerdo imborrable de los memorables momentos vividos junto a Carlos Fuentes, un hombre de enciclopédica y encantadora personalidad. Fuentes sabía sorprender con sus múltiples facetas. Era un maestro del humor, de la anécdota, y un gran conocedor de la historia, del arte y de la condición humana, como lo demostró en su extensa e inolvidable obra narrativa.
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