
Encontrar el norte
Por Antonio M. Battro
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“Perder el norte” es una frase hecha para decir que se ha perdido el rumbo justo. En cambio, “encontrar el norte” es volver al buen camino.
Por otra parte, todos sabemos que la invención de la brújula fue una de los mayores conquistas de la humanidad. Y en esta era satelital los sistemas de posicionamiento ( GPS, Global Positioning Systems ) han provocado otro salto cualitativo de enorme valor. Pero el uso correcto de un instrumento de medida presupone siempre la existencia de estructuras mentales subyacentes.
La psicología evolutiva estudia el desarrollo de estas estructuras básicas con la edad, en particular se han investigado en detalle la etapas que llevan a la construcción del pensamiento geométrico en el niño. Y de eso se trata cuando analizamos la orientación del propio cuerpo en el espacio en relación con un marco de coordenadas. El tema de los puntos cardinales puede servir como ejemplo.
Invito a los lectores a realizar un experimento sencillo en la casa o en la escuela. Se comienza conversando sobre el amanecer y la puesta del sol. Un niño, digamos de siete años, que vive en una gran ciudad no siempre habrá percibido que el sol aparece en un punto del horizonte y desaparece en el punto opuesto. Para ese niño, el oriente y el occidente, no significan mucho, la altura de los edificios impide la experiencia cotidiana de un fenómeno tan maravilloso.
Ciertamente no sucede lo mismo con los niños que viven en el campo, pero en todos los casos habrá que inventar algún método pedagógico para inducir la construcción geométrica de los cuatro puntos cardinales. Por ejemplo, lo invitamos a ponerse de pié, extender los brazos en cruz y orientar su brazo derecho hacia el lugar donde sale el sol. Le enseñamos entonces que en esa posición, ese punto se llama este, que el brazo izquierdo corresponde al oeste, la cara mira al norte y la espalda al sur. Esto se aprende fácilmente. Ahora viene la prueba difícil. Hagamos girar 180 grados a nuestro alumno y repitamos la pregunta “¿dónde sale el sol?”. Los niños de esa edad, en general, responderán que sale en el lugar hacia donde apunta el brazo derecho, como antes, cuando en realidad ahora señala hacia el oeste.
Sucede que las coordenadas locales del cuerpo propio, adelante, atrás, derecha e izquierda, entran en conflicto con las coordenadas terráqueas, norte, sur, este y oeste. Esto se debe a que el niño de siete años, aún no ha construido completamente los grupos geométricos de rotaciones en el espacio, como lo probó Jean Piaget.
Ello explica también que los más pequeños no comprendan siquiera la composición de operaciones inversas tan elementales como cerrar y abrir una puerta (¿será por eso que raramente cierran las puertas al pasar?).
En definitiva, antes de aprender a usar los instrumentos de orientación o posicionamiento (la brújula o un GPS) debemos asimilar esas estructuras básicas de la geometría. Una vez más comprobamos que nuestra mente no evoluciona tan rápidamente como nuestras tecnologías.
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