
Enfurruñado
Al principio, la permanente mirada para abajo y las respuestas casi monosilábicas al periodismo podían resultar llamativas y hasta divertidas. Un mundial de fútbol es una colosal vidriera planetaria que la mayoría de sus protagonistas quieren explotar al máximo. El show de narcisismos está a la orden del día y todos hacen esfuerzos supremos por hacerse notar.
Lo magro, casi áspero, de Marcelo Bielsa hacía pensar que, tal vez, buscaba lo mismo, pero por la contraria, con una originalidad desafiante.
Con el paso de los días –y tras los humildes resultados de la selección uruguaya que solo empató dos partidos que podría haber ganado–, las caras de traste del “loco” (tal como lo apodan), en vez de una pose histriónica se convirtió en una amargura real que ya permea en los jugadores que dirige.
Los hinchas de la celeste se desesperan y reclaman que sus representantes pongan más huevo y garra.
Al dirigir a la Argentina en Corea-Japón 2002, Bielsa no pudo pasar de la primera fase. Como DT de Chile en Sudáfrica 2010 solo le alcanzó hasta los octavos de final. Ahora pende de un hilo: si no le ganan a España los charrúas estarán más cerca de armar las valijas que de continuar en el certamen.



