
Eric Woerth, un ministro en el ojo del imprevisible huracán L’Oreal
Considerado hasta hace muy poco la gran estrella en ascenso de la derecha francesa, el actual jefe de la cartera laboral se ve hoy jaqueado por varias investigaciones judiciales, dos de la cuales lo vinculan a Liliane Bettencourt, heredera de la mayor fortuna de Francia. Estos casos no sólo podrían precipitar su caída sino también llevarlo a la cárcel Luisa Corradini Corresponsal en Francia
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PARIS
¿Qué se siente cuando se llevan sobre los hombros todos los déficits públicos? Como en la montaña [...], que es necesario tratar de tener las espaldas suficientemente sólidas", declaró Eric Woerth en 2007, cuando asumió la función de ministro francés de Presupuesto. Probablemente en aquel momento, ese eximio alpinista acostumbrado a desafiar las cumbres más escarpadas estaba lejos de imaginar las toneladas de piedra y lodo que el alud de la política terminaría volcándole encima.
Se lo decía opaco, discreto y sin relieve, tenaz administrador de campañas, siempre en la sombras... Woerth, que hace cuatro meses abandonó la cartera de Presupuesto por el ministerio de Trabajo, está hoy en el ojo del ciclón de un affaire de Estado con múltiples ramificaciones, donde enfrenta un sinnúmero de acusaciones que podrían costarle la carrera y hasta llevarlo a la cárcel.
La principal de esas acusaciones es el conflicto de intereses. Pocos meses después de asumir el cargo de ministro del Presupuesto en 2007, su esposa, Florence, fue empleada por la sociedad que administra la fortuna de Liliane Bettencourt, heredera del imperio L´Oréal. En ese momento Woerth había lanzado una cacería a la evasión fiscal pero -según afirman sus detractores- cerró los ojos ante los dividendos de la mujer más rica de Francia, juiciosamente depositados en el extranjero, sobre todo en Suiza.
Si esa primera denuncia puede asestar un golpe mortal a su carrera, la segunda podría tener insospechadas consecuencias políticas, suficientemente graves como para arrastrar consigo al mismo presidente de Francia. La justicia acaba de abrir una investigación sobre posible financiación ilegal de la campaña presidencial de Nicolas Sarkozy en 2007. El blanco de esos ataques es Woerth por su condición de tesorero de esa campaña y actual responsable de las finanzas de la oficialista Unión para una Mayoría Popular (UMP).
Woerth quedó en difícil posición la semana pasada después de las declaraciones de Claire Thibout, ex contable de Liliane Bettencourt. Durante un interrogatorio policial que se extendió dos días, afirmó que Patrice de Maistre, administrador de la fortuna de la rica heredera de 87 años y empleador de Florence Woerth, le solicitó en marzo de 2007 que retirara unos 200.000 dólares que debía entregar a Woerth para financiar la campaña de Sarkozy.
El problema es que, según la ley francesa de financiación de partidos, la suma máxima que un particular puede donar a un político es de 5800 dólares. La investigación iniciada por la justicia deberá establecer si Woerth participó en esa operación o si, como él argumenta en su defensa, es víctima de una "campaña de calumnias".
En todo caso, la oposición y, sobre todo, la opinión pública se escandalizaron por el conflicto de intereses que significa su doble función de ministro del Presupuesto hasta marzo último y de tesorero de la UMP, que lo obliga a solicitar la contribución de las grandes fortunas francesas. En un reciente sondeo realizado por el instituto Viavoice, dos de cada tres franceses (64%) juzgan a sus dirigentes políticos "corruptos".
Hace un mes, a los 54 años y a fuerza de trabajo, Woerth estaba en vías de transformarse en la estrella de la clase política conservadora francesa. Su nombre era evocado cada vez con más frecuencia como futuro primer ministro en la próxima reorganización gubernamental, anunciada por Sarkozy para octubre.
Desde la primeras acusaciones, cuando se divulgaron unas grabaciones clandestinas, realizadas por el mayordomo de Liliane Bettencourt, que parecen confirmar lazos privilegiados entre la rica heredera y el matrimonio Woerth, Sarkozy lanzó la consigna de mantenerle la cabeza fuera del agua. Desde ese momento, el ministro se debate como una fiera contra cada sospecha y cada cargo: "No tengo nada que reprocharme", repite.
En las filas gaullistas
Eric Woerth nació el 29 de enero de 1956 en Creil (62 km al norte de París), en una familia modesta de la pequeña burguesía. Su padre ejercía la medicina laboral. Muy temprano se sintió atraído por la política: "Mi primer acto político fue ir a desfilar en los Campos Elíseos para apoyar a De Gaulle en 1968 [...]. Fue probablemente lo que más me marcó y me dio ganas de continuar", afirma.
Después del bachillerato, obtuvo un título en Derecho privado, un diploma de una alta escuela de comercio (HEC) y se graduó en el prestigioso Instituto de Ciencias Políticas de París (Sciences-Po). Su verdadero compromiso político comenzó en 1981 cuando, tras la elección del presidente socialista François Mitterrand, adhirió al partido gaullista Reunión para la República (RPR). "Recuerdo una larga fila en la vereda delante de la sede del partido", precisa. "El hombre que me dio mi tarjeta de afiliación me dijo: ´Estoy seguro de que usted seguirá haciendo política´".
Ese fue también el año en que se casó con Florence, igualmente egresada de HEC, con quien tuvieron dos hijos varones. La pareja hizo sus primeros pasos profesionales en el sector privado: él en Pechiney, Arthur Andersen y Bossard Consultants; ella como analista financiera en grandes empresas de administración de fondos. Pronto, Woerth se dedicó por entero a la política. Fue elegido consejero regional de Picardía, ganó la municipalidad de Chantilly, fue consejero parlamentario del ex primer ministro conservador Alain Juppé y secretario de Estado en el gabinete del primer ministro Jean-Pierre Raffarin. Ambos siguieron siendo sus mentores.
Pero fue en Chantilly donde los Woerth entraron en contacto con el mundo del dinero. Soberbia ciudad, célebre por su castillo, su prestigioso hipódromo y, sobre todo, por el centro de entrenamiento hípico más bello del mundo: una joya donde corren 3000 caballos cada día y el Aga Khan reina comprando studs y utilizando parte de su inmensa fortuna en el cuidado del hipódromo y la comuna.
Desde 1995, el matrimonio Woerth navega en esas aguas de jockeys, haras, cuidadores y propietarios. En la municipalidad, Eric Woerth recibe a los grandes amateurs del mundo hípico. Florence, que trabajó en el banco Rothschild como administradora de patrimonio, encuentra cada año a sus clientes en el Gran Premio de Diana, cita obligada de la aristocracia europea.
En 2005, al ser nombrado primer ministro, Dominique de Villepin separó a Woerth del gobierno por considerarlo demasiado allegado a Alain Juppé, uno de sus adversarios políticos. Eso lo acercó a Sarkozy. El candidato de la derecha lo consideraba aburrido pero, recordando su buen desempeño como tesorero de la campaña presidencial de Jacques Chirac en 2002, le pidió que se ocupara de la suya. Y Woerth dio muestras de tener una prolífica imaginación. Cuando Sarkozy fue elegido presidente, llegó incluso a crear una asociación, Premier Cercle, una suerte de club de donantes millonarios cuya contribución, limitada a 7500 euros, suele ser recompensada con un encuentro con el jefe del Estado.
Los nubarrones comenzaron a asomar poco después de esa elección, cuando el tesorero Woerth fue nombrado ministro del Presupuesto, responsable de evitar el fraude fiscal y fijar las cargas impositivas en el país.
En aquel momento nadie se ofuscó ni se interrogó sobre el conflicto de intereses que representaba la acumulación de ambas funciones. Tampoco nadie se alarmó cuando Florence dejó su antiguo trabajo para incorporarse a la empresa de Patrice de Maistre, que administra la fortuna de Liliane Bettencourt, Clymène.
En 2008, en plena crisis financiera, Sarkozy y su ministro lanzaron una guerra contra los paraísos fiscales. Un año después, los servicios de Woerth recibieron una lista -robada por un ex empleado bancario de Ginebra- con los nombres de 3000 contribuyentes franceses sospechados de haber depositado sus fortunas en Suiza. Woerth ofreció un plazo y el perdón de las penalidades a aquellos que repatriaran su fortuna. "Los ricos nunca me invitaron tanto a cenar. Todos quieren saber si su nombre figura entre los 3000 evasores de esa lista", reconoció entonces con ironía.
Pero nadie obtiene rédito político atacando impunemente al todopoderoso mundo de las finanzas. Hoy, en pleno marasmo, los banqueros suizos y las grandes fortunas francesas domiciliadas en el país vecino disfrutan de su venganza. "Eric Woerth nos condujo a la lista gris de la OCDE, donde están los paraísos fiscales no cooperativos. Pero, ¿sabe usted que, en ese mismo momento, su mujer, Florence, una de las administradoras de la fortuna Bettencourt, estaba con frecuencia aquí en Suiza, en el family office de la millonaria? Su marido no podía ignorar que su mujer viajaba a Ginebra, y que seguramente no era para admirar el lago Leman", escribió un financista en la Tribune de Genève .
Con su cráneo despoblado, sus anteojos de mejor de la clase y sus trajes grises, el hombre que se ganó el apodo de "caballero blanco" por su campaña contra la evasión fiscal mira ahora con desesperación cómo el mundo se le desploma encima sin que ninguno de sus gestos, nada de lo que diga o clame consiga poner fin a la avalancha.
© LA NACION
Quién es
Nombre y apellido: Eric Woerth
Edad: 54 años
Los primeros años: Nació en Creil, al norte de París, hijo de un médico laboral. Tras sus estudios universitarios, en 1981, se afilió al gaullista Reunión para la República (RPR) e inició así su actividad política.
Salto a la política grande: Tras un paso por la actividad privada ganó la intendencia de Chantilly y de allí saltó a la política nacional. En la actualidad es ministro de Trabajo de Sarkozy y eje de investigaciones judiciales.




