Espontáneo
“De la Sota es muy moderno. Le hace mucho caso a la comunicación. Le gustan los discursos pulidos, cuida su aspecto personal, todas esas cosas de comunicación espontánea.”
(De una entrevista con el sociólogo Heriberto Murado, colaborador de José Manuel de la Sota.)
El arte del político consiste en mantener a raya a sus amigos. Ibamos bien –es decir, habíamos conseguido concitar la antipatía de todos nuestros rivales, que habían beneficiado nuestra imagen con sus insultos– y de repente se presenta un amigo que, para ayudarnos, nos llama espontáneos. ¡Peligro! Según el diccionario, espontáneo significa automático, incontrolado, instintivo, involuntario, irreflexivo, y también “persona que participa en una actividad para la que no tiene título reconocido”, cualidades capaces de provocar en un abrir y cerrar de ojos la combustión espontánea de cualquier candidato.
Pero nuestro adalid no se detiene allí: avanza. Sugiere a renglón seguido que nuestra espontaneidad no es natural, sino implantada. Desde ese instante, nuestros potenciales seguidores sospecharán que somos falsos. “Ahora se va a dar vuelta, mirará a la cámara, sonreirá, sacudirá la cabeza y le guiñará el ojo a ese notero insoportable que fue a tomarle el pelo, como si tuviera alguno propio”, dirán, en su malicia, y como efectivamente eso será lo que haremos, resultaremos inevitablemente crucificados.
Continúa, querido amigo. Adelante. Di que somos, además, muy modernos, y que vivimos obsesionados por nuestro aspecto personal. Redondeas así un modelo de frivolidad muy valorado en medio de la crisis. Al pintarnos de tal manera consagrados a nuestros afeites, no has hecho sino confirmar que en estos días hacerle mucho caso a la comunicación es lo primero. ¿Lo segundo será, entonces, el mensaje, la idea, para llamarla de algún modo? No nos atrevemos a imaginarlo. Por tu expresión, notamos que acabas de darte cuenta de que has metido la pata. Permítenos decirte algo que tu naturaleza afable impedirá tomar a mal: evita en el futuro salir en nuestro auxilio. Sabemos que lo has hecho porque eres espontáneo. Pero cállate.






