Estoy enfermo, ¿qué hago?
¿Qué cosas no deberíamos hacer cuando nos enfermamos?
Consideremos algunas ideas para pensar sobre este tema; el mismo es muy amplio y estos son algunos tips que pueden ayudar a quien esté atravesando un momento difícil de salud.
- Manipular con la enfermedad. Muchos adultos se enferman y se aprovechan de esa situación para manipular a quienes los rodean. Probablemente de chicos se enfermaban y les regalaban un juguete o los mimaban más que de costumbre. Es decir que los trataban mejor que cuando estaban sanos. El mismo mecanismo es utilizado más tarde en la vida.
- Sentirnos impotentes. Cuando dejamos de hacer aquello que estamos haciendo (trabajar, estudiar, divertirnos o salir con amigos), nos estamos colocando en el rol de víctima. Cuando alguien recibe un diagnóstico de enfermedad, nunca debería abandonar, dentro de lo posible, sus actividades cotidianas. A todo lo que viene haciendo, ahora le sumará el tratamiento médico indicado.
Tampoco durante una enfermedad deberíamos revisar nuestra vida hacia atrás. Esta actitud solo nos conduce a sentirnos impotentes porque el pasado ya está terminado. Por el contrario, es el momento para mirar hacia adelante y construir.
- Sentirnos culpables. Es totalmente inútil pensar que "si nos llegó esa enfermedad, por algo será", en un intento de hallar una respuesta que calme nuestra ansiedad. Y cabe aclarar aquí que la enfermedad no se agota en una única razón: obedece a múltiples factores que sería imposible describir aquí. Nuestra intención es compartir algunos conceptos que puedan aportar algo más a tan delicada cuestión.
¿Qué cosas no deberíamos hacer cuando un ser querido se enferma?
- No tratar de explicar. Cuando alguien se enferma y pregunta: "¿Por qué me ocurrió esto?". La mejor respuesta es que no sabemos porqué. Lo importante es que la persona pueda decidir qué es lo que hará a partir de ahí con la situación que está atravesando. Por lo general, lo más conveniente es animar al enfermo a presentar batalla a la enfermedad.
A veces una persona puede pensar que Dios la sanará y no precisa de la medicina, lo cual es una actitud inmadura para evitar lo que él o ella debe hacer y es su única responsabilidad. Todo aquel que profesa alguna religión tendrá fe en Dios, pero también debemos creer en la ciencia y sus grandes avances en las últimas décadas y en nosotros mismos, que portamos en nuestro interior la fortaleza para enfrentar le enfermedad.
- No transmitir angustia. A una persona cercana que ha perdido su salud, jamás deberíamos sumarle nuestra propia angustia. Si lo hacemos, no estamos pensando en el enfermo sino en nosotros mismos, lo cual es una actitud egoísta. Toda vez que nos encontremos con alguien a quien le han diagnosticado una enfermedad, transmitámosle esperanza, fuerza y optimismo, tres pilares para sobrellevar y superar cualquier situación adversa.
Algunas ideas a considerar sobre el tema:
A la enfermedad hay que darle batalla todos los días y nunca darse por vencido. La enfermedad es solo una parte de la vida pero no es toda la vida de una persona, aunque a menudo se asemeje a un gigante a quien debemos derribar.
Ante la enfermedad, la persona tiene que cuidarse y hacer aquello que nadie hará por ella. ¿De qué manera? Por ejemplo, comiendo algo rico y sano (si le está permitido), cuidando su aspecto físico en la medida de sus posibilidades, saliendo a tomar un café, o a ver una película, etcétera. Se trata de acciones que le brinden bienestar.
Ante la enfermedad, la persona tiene que visualizarse completamente sana y en óptimo estado físico, emocional y mental.
Ante la enfermedad, la persona debe participar activamente en su tratamiento. El diagnóstico recibido, por duro que pueda ser, es solo eso, no es una condena a muerte ni el comienzo del fin. Por el contrario, es el inicio de una batalla de esperanza cada día. La persona necesita comprender que "tiene" una enfermedad pero no "es" esa enfermedad. Por esa razón, es bueno decir, por ejemplo: "Tengo diabetes" y no: "Soy diabético".
Durante una enfermedad, lo mejor es establecer metas a corto plazo que sea posible alcanzar y disfrutar. Es decir, actividades que brinden satisfacción inmediata.
Se puede aceptar el diagnóstico de una enfermedad, pero nunca el pronóstico porque nadie sabe qué es lo que sucederá a ciencia cierta. Dicha actitud nos permite esperar lo mejor y construir hacia adelante cada día.
¿Has recibido un diagnóstico de enfermedad en tu vida o conocés a alguien cercano que se haya enfermado recientemente? ¿Cuál fue tu reacción?
Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com


