
Estudiantes ejemplares
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Quizá no tienen un diez de promedio en todas las materias de la carrera.
Tal vez no hayan ganado una beca para hacer un máster en alguna universidad de Estados Unidos o de Europa.
A lo mejor no serán invitados por un profesor para ser ayudantes de cátedra.
Por ahí, cuando egresen, no reciban un diploma de honor o una medalla de oro.
Acaso no los vayan a buscar los dueños de importantes empresas para contratarlos.
Igual, son universitarios ejemplares.
Son los estudiantes de distintas universidades del país que han decidido compartir sus conocimientos, repartirlos entre los que no los tienen, aportar desinteresadamente su tiempo y sus saberes para intentar que salgan adelante los que están siendo azotados por la injusticia social.
Son los estudiantes que, cuando no están en sus aulas o en sus trabajos, están ahí presentes, dondequiera que haya que dar una mano.
En las villas 31 y 31 bis, un grupo de estudiantes de medicina, psicología y nutrición hacen un seguimiento de los chicos con bajo peso e intentan transmitir hábitos saludables e información a esos olvidados habitantes de nuestro país.
En Mar del Plata, un grupo de alumnos de la carrera de ciencias agrarias están desarrollando un proyecto de huertas comunitarias, de las cuales se alimentan cientos de familias de las zonas más vulnerables y más de cincuenta comedores barriales.
En La Paternal, un grupo de estudiantes de comunicación, sociología, historia y ciencias de la educación, junto a maestras recién recibidas, brindan apoyo escolar a los chicos de un asentamiento y ayudan a que sus padres encuentren fuentes de trabajo, por autogestión, y a que se organicen para defender sus derechos.
En la puna jujeña, un grupo de estudiantes tucumanos de medicina ya hace varios años que vienen realizando giras solidarias por pueblos de la zona a los que sólo se accede atravesando largos caminos de tierra, pendientes y precipicios, para llevarles a sus habitantes atención médica, pediátrica, quirúrgica, ginecológica y odontológica.
Y en tantas otras partes del país, en cada rincón olvidado del Norte o del Sur; en cada comunidad del Oeste o del Este, ignorada por el sistema, estos trabajadores sin sueldo, estos universitarios sin horarios, se lanzan con aplicación a construir un país más justo. Así, ponen la universidad al servicio de los demás; la sacan a la calle; la reparten por los barrios necesitados; la distribuyen entre los que no tienen prácticamente nada; la comparten con ellos, para luego volver a sus aulas, donde quizá no tengan diez en todas las materias ni los invite un profesor a ser ayudantes de cátedra ni les entreguen un diploma de honor ni becas para un máster en universidades de afuera ni los busquen de una importante empresa para contratarlos.
Igual, son universitarios ejemplares.
Y está permitido copiarse de ellos.




