Euforia y prudencia

Daniel Della Costa
Daniel Della Costa LA NACION
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10 de diciembre de 2009  

La política acaparó los titulares de los últimos días. Evo aplastó en las presidenciales de Bolivia; Passarella ganó por apenas seis votos en las presidenciales de Ríver. Pero acaso más importante que todo eso y mal que les pese a los puesteros de La Salada y a los hinchas millonarios, fue el bofetón que recibiera el hombre de la mirada ambigua en Diputados. Es que, a partir de allí, un frío de muerte comenzó a estremecer sus filas. Hasta el punto que más de uno, que incluye a primeras espadas, amigos entrañables, compinches de negocios e incondicionales del PJ, habrían comenzado a preguntarse a sí mismos, pero también a la patrona y a la amiguita pulposa: ¿Qué hago? ¿Me quedo con el loco con la esperanza de que se le ocurra algo y zafemos? ¿O comienzo a llamar a mis amigos radichetas y pirunchos y les pido que me hagan un lugarcito en las candidaturas para 2011, así no tengo que volver a atender el mercadito ni cambiar el Audi por un Dodge 1500?

Pero pasada la euforia y el fruncimiento, propios de los recientes episodios políticos, lo menos que puede decirse es que los adversarios de los K están regando la planta equivocada. Porque proponer un caceroleo general como respuesta a eventuales vetos presidenciales ya se prestaba para que desde la Jaula Rosada se dijera, como se dijo, que se estaban agitando vientos destituyentes. Y el segundo bombazo contra el pase natural y progresivo de las filas del oficialismo a las de la oposición lo acaba de dar, cuándo no, el radicalismo.

Porque este fluir, aún en suspenso, desde las filas K a las de la contra está supeditado a dos cosas. Una, a que en las filas oficialistas se extinga la última esperanza de que el presidente matrimonial es aún capaz de extraer un as, aunque sea trucho, de la manga, o una maxiBanelco, y que los adversarios pasen, así, de ser mayoría a convertirse en un puñadito de intratables. Y la otra es que los desertores en potencia tengan la certeza absoluta de que habrán de respetarse las más sagradas reglas de la política criolla. Esto es que, así como ya se ha dado con toda naturalidad en los últimos tiempos, nadie se meta con lo más sagrado que un hombre puede tener, que no es tanto la vieja como la billetera. Y, en consecuencia, que se de por hecho que lo pasado pisado y que, como castigo aleccionador, basta con el remate del petit hotel de María Julia que, como se sabe, no es del palo y, por eso, bien merecido lo tiene. Vale decir, todo lo contrario de lo que acaba de proponer el senador Sanz, quien pretende crear una comisión en el Congreso para investigar los hechos de corrupción cometidos bajo el actual gobierno y acerca de los cuales la Justicia, aparentemente, está haciendo la vista gorda. Justo cuando en las filas kirchneristas nadie aún quiere ser el primero en desertar, pero tampoco quiere ser el cola. Pero así, con esta incertidumbre, seguro que nadie va a dar el primer paso.

"Maestro -dijo el reo de la cortada de San Ignacio- reconozcamos que lo de Zanola y ahora también lo de Báez, no ayuda. Lo único que falta es que también se metan con Moyano. Aunque en ese caso -agregó el reo cambiando de expresión- yo les aconsejaría a los opositores que si hacen alguna denuncia contra el camionero, la hagan desde Irak o desde Afganistán. Así van a estar más seguros".

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