
Eutanasia, ¿culto a la vida o a la muerte?
Por Abraham Skorka Para La Nación
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LA posible legalización de la eutanasia activa en Holanda instala dramáticamente la discusión del tema en el seno de todas las sociedades. Ante el avance de los métodos tecnológicos que permiten la continuidad de ciertos signos vitales en forma asistida, aun cuando el cuerpo se encuentre clínicamente muerto, los creyentes de las grandes religiones, así como los que fundan sus concepciones bioéticas en el humanismo, coinciden en que deben desconectarse todos los elementos que impiden el deceso natural.
El problema surge cuando el paciente yace postrado sufriendo física y psíquicamente por causas irreversibles, sin poder morir.
¿En qué medida, en estas condiciones extremas, se le puede proporcionar una droga para que termine su sufrimiento? ¿Acaso se le debe restringir su derecho de elección?
Eutanasia significa etimológicamente "el buen morir". La aprobación de la eutanasia activa pretende dignificar la vida, aun cuando, paradójicamente, se esté dando prioridad a la muerte.
La Biblia y la ciencia
La Biblia refiere en dos oportunidades el hecho de que el hombre posee ciertas características semejantes a Dios. En el libro del Génesis , en el relato de la creación del hombre, se menciona en varias oportunidades (1:26, 27; 5:1) que éste fue creado a "imagen y semejanza" de su Creador. Dicha semejanza se manifiesta, de acuerdo con el mismo texto, en el mandato que Dios le confiere de dominar la tierra y señorear por sobre todas las demás criaturas. Por lo que resulta plausible interpretar que la semejanza mencionada aludiría a la capacidad intelectual del hombre, que le permite desarrollarse científica y técnicamente, y dominar, hasta cierto punto, a la naturaleza.
El segundo versículo en el que se compara al hombre con Dios se halla en el Levítico (19:1), donde aparece el imperativo: "Santos sean porque santo soy Yo el Señor, vuestro Dios". Después son explicitadas las normas de respeto que debe mantener el individuo para con su prójimo, y viceversa, aquellas que le permiten conformar una dimensión de santidad en la realidad humana. El concepto de "santo", en el hebreo bíblico, debe interpretarse como "especial". El hombre, al igual que Dios, no es un ser más, intrascendente, posee algo especial dado por el hálito que su Creador le insufló en el momento de su creación.
Las dos referencias se hallan relacionadas entre sí: la una acota a la otra. El hombre dominará con respeto y cuidado a la naturaleza (hallamos múltiples normas ecológicas en la Biblia), pero no dominará a su prójimo, ni a sí mismo. Sólo Dios será el dueño de la existencia del individuo, como lo expresa Job (1:21): "El Señor dio, el Señor quitó, sea el nombre del Señor bendito".
El salmista (8:6-7) expresa la grandeza del hombre diciendo: "Lo hiciste poco menos que divino, con gloria y resplandor lo coronaste. Le conferiste dominio en las obras de Tus manos; todo pusiste bajo sus pies". Y sin embargo existe un ámbito en el que el hombre no posee el derecho absoluto, y es con respecto a la vida humana, incluso la propia.
En varias oportunidades, la Biblia utiliza el vocablo Elohim -que es el plural mayestático de la palabra que significa "Señor", refiriéndose a Dios- para designar el concepto de "Juez", porque el que dispone sobre la vida de su prójimo sólo lo puede hacer en función de un mandato divino, ya que la vida de cada individuo es sagrada, trasciende todo lo material, y sólo a Él pertenece.
El mandamiento "no asesinarás" no debe entenderse exclusivamente como norma que permite el desarrollo del individuo en sociedad, sino en un sentido mucho más amplio. El crimen no es sólo una afrenta al hombre, lo es también a Dios.
Quitar la vida al prójimo, aun en condiciones de intenso dolor y dramatismo e invocando razones de misericordia, denota, de acuerdo con la postura bíblica, invadir aquel ámbito de la existencia en el que lo humano le rinde la máxima pleitesía a lo Divino.
La gestación del hombre, al igual que la de todo ser viviente, es analizada por la ciencia moderna como el resultado de un proceso evolutivo gobernado por el azar, la necesidad y las leyes naturales. En 1955, S. L. Miller hizo pasar descargas eléctricas a través de una mezcla de metano, amoníaco, hidrógeno y vapor de agua, que sería el caso de los efectos de un rayo en las supuestas condiciones prebióticas, y halló asombrosamente la síntesis de algunos aminoácidos, constituyentes básicos en la estructura de todo ser viviente. Desde entonces se avanzó mucho en el tema, aunque no tanto como para explicar totalmente la enorme complejidad de la constitución de los seres vivos, que culmina en el hombre.
Estos experimentos, junto con el desciframiento del código genético y su funcionamiento, llevaron a muchos científicos a contemplar la vida cual hecho que no tendría en sí mismo un fin último ni trascendencia alguna. Al decir de Jacques Monod, "el hombre sabe al fin que está solo en la inmensidad indiferente del universo de donde ha emergido al azar".
Monod ( El azar y la necesidad , 1970), al igual que Sigmund Freud en su tiempo ( El porvenir de una ilusión , 1927), propone una ética que tiene por base el conocimiento científico. Considera que lo único trascendente es el reino de las ideas, el conocimiento, la creación. Tal ética debe conducir a un socialismo en el que habita el hombre, "protegido por instituciones que viendo en él a la vez el sujeto y el creador del reino, deberían servirle en su esencia más única y más preciosa".
Respeto por el hombre
Estas conclusiones revelan un respeto superlativo por la vida del individuo, que impone una meditación y un análisis muy cuidadosos acerca de la actitud por tomar frente a la eutanasia.
El tormento de ver a un ser querido sumido en espantoso dolor y pidiendo por la muerte es desgarrador. La eutanasia activa se presenta entonces como la salida más directa para terminar con esa terrible angustia. Sin embargo, la vida está conformada por un sinnúmero de angustias, que suelen aquejarnos a veces tan profundamente que deseamos renunciar a la lucha y abandonar la existencia. Pero si se luchó durante toda una vida por mantenerse erguido, ¿por qué claudicar en el último acto?
El gran desafío que deben enfrentar la ciencia, la sociedad y las religiones es crear los medios materiales y espirituales para que la constante opción, aun en el dolor, siga siendo la vida.
Abraham Skorka es rector del Seminario Rabínico Latinoamericano "Marshall T. Meyer" y rabino de la comunidad Benei Tikva.





