
Expresiones públicas de fe popular
Dos sábados atrás, una conmovedora y multitudinaria expresión de fe se realizó junto al Obelisco. Evangélicos de distintos lugares del país testimoniaron con alegría su convicción y exhibieron de qué modo se han multiplicado aquí como en otros lugares de América latina las comunidades evangélicas, particularmente las pentecostales. Una semana después, en un ámbito particularmente caro a la religiosidad popular de los argentinos, la basílica de Luján, fue el Movimiento Apostólico de Schoenstatt, una de las mejores expresiones de la pujanza espiritual católica, el que canalizó otra muestra de fervor religioso.
Bautistas, hermanos libres, luteranos y otras comunidades surgidas de la Reforma protestante, la Confraternidad Evangélica Pentecostal, acordaron por vez primera un texto común para deplorar el aumento de la pobreza, denunciar la corrupción, animar a la revalorización del trabajo y de la lucha con esperanza y pedir perdón "porque muchas veces nuestra defensa de la vida, la justicia y la verdad no fue suficientemente clara".
La convocatoria del movimiento de profunda raíz mariana, fundado en la Alemania en los años de la primera gran guerra por el padre José Kentenich, se inscribió en la dinámica propuesta por el Papa para la preparación del Gran Jubileo.
"Con María, celebremos al Padre" fue el lema y también la esencia del acto cultural y artístico que siguió a la honda reflexión espiritual ofrecida por el arzobispo de Corrientes, monseñor Domingo Castagna. Otro obispo, el de Mar del Plata, José María Arancedo, presidió la celebración eucarística que coronó el encuentro de Luján.
El Movimiento de Schoenstatt, fundamentalmente laical, como muchas otras expresiones de vitalidad y renovación de la Iglesia que han contado con un especial estímulo por parte de Juan Pablo II, está desplegado en los cinco continentes. Concebidos como un oasis espiritual, los santuarios donde se venera la imagen de la Virgen de Schoenstatt procuran ser fuente de serenidad espiritual y focos para irradiar la fe cristiana y la devoción por María, particularmente mediante el rezo del rosario.
Precisamente, la llamada Campaña de la Virgen Peregrina generó un movimiento de vasto alcance popular: imágenes de la Virgen pasan de casa en casa por barrios y por hogares de diversa condición social suscitando comunidades creyentes de oración, así como estimulando lazos de fraternal solidaridad. Algo así había predicado en los orígenes el padre Kentenich: "Un viejo mundo está en llamas y otro comienza a despuntar. No sabemos qué rasgos tendrá. Pero nos sentimos convocados a trabajar en él, ya sea como arquitectos o como albañiles".






