
Festina lente
Por Alfredo Vítolo Para LA NACION
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El historiador Suetonio pone en boca de Augusto, primer emperador romano, la locución latina festina lente ("apresúrate lentamente"). Destacaba la conveniencia de caminar despacio para llegar más pronto al objetivo. Constituía también un consejo para los funcionarios de la administración del Imperio para que actuaran con prudencia y reserva en toda información sobre los asuntos públicos. Hace 2000 años que lo que expresa esa locución ha venido demostrando su acierto: quienes la cumplieron tuvieron éxito en su gestión y quienes se apartaron de ella no lograron buenos resultados.
La prudencia, la templanza y la discreción deben caracterizar a los gobernantes. La ausencia de esas virtudes es fuente permanente de conflictos, frustración y falta de credibilidad.
Resulta lamentable que los principales funcionarios de la administración que hoy gobierna al país no hayan seguido el consejo de Augusto, lo que nos ha creado a todos los argentinos innumerables dificultades. Los ejemplos más claros y cercanos están referidos a las expectativas creadas con las inversiones chinas en el país, el manejo de las negociaciones de la deuda externa en default y la obtención de un crédito internacional para cancelar totalmente nuestra deuda con el FMI.
Después de trascendidos periodísticos triunfalistas que ponían en boca del presidente la afirmación de que tenía un as en la manga, que merecería elogios superiores a los que se prodigan a Gardel y permitirían la colocación de retratos en su homenaje en lugares más destacados que los utilizados para honrar al general San Martín, la visita de los mandatarios orientales ha pasado, dejando sólo promesas y cartas de intención de muy difícil concreción y sujetas a que se den ciertas condiciones y circunstancias. Como retribución, se llevaron el reconocimiento de que la República China funciona como una economía de mercado, que parecería ser lo único que vinieron a buscar, porque les permite comercializar libremente productos industriales por materias primas. Eso puede afectar a la industria nacional, que parecería estar recuperándose.
Existe preocupación de los industriales argentinos, que solicitaron una adecuada protección. Además, no ha sido positiva la imagen dada por el Gobierno, que ha excluido de las negociaciones con los representantes extranjeros a un importante sector de su administración: el que tiene la responsabilidad de conducir la política económica.
De créditos internacionales para pagar al FMI no ha vuelto a hablarse. Por el contrario, recibimos fuertes demandas de ese organismo internacional y del G-7, que nos exigen soluciones distintas a la que se les proponen.
Por supuesto, no estamos en contra de las inversiones extranjeras ni del acrecentamiento del intercambio comercial ni de la obtención de créditos internacionales, que debemos alentar, pero necesitamos ser muy cuidadosos de cuáles son las inversiones que se materializan, cuál es el intercambio que se propone y cómo se negocian las relaciones con las organizaciones internacionales de crédito, las que deben siempre tener como objetivo el interés nacional, cosa que sólo puede lograrse con una responsable planificación y una clara definición de las prioridades.
En todo lo consignado ha existido una gran improvisación en nuestros gobernantes, que han privilegiado los efectos mediáticos momentáneos sobre los resultados de las negociaciones de fondo. Esto no constituye una actitud responsable, propia de un país serio y maduro.
Además de todo lo expuesto, no puede ni debe el Gobierno responsabilizar por los trascendidos e informaciones al periodismo, tratando de descargar sus culpas. Los periodistas no inventaron los anuncios ni las expresiones atribuidas al Presidente. Se limitaron a consignar lo que fuentes fidedignas transmitieron como información cierta. Tampoco puede exigirle a ellos la revelación de las fuentes de las informaciones que comunicaron. Ellas están protegidas por la confidencialidad que establecen los artículos 32 y 43 de la Constitución nacional. Lo sucedido debe servirnos para aprender lo que no se debe hacer y debemos tratar de evitar que esas situaciones se repitan en el futuro. Recordémoslo siempre: festina lente.





