
Filmaciones en la vía pública
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QUIENES transitan por la ciudad de Buenos Aires –ya sean contribuyentes, vecinos en general o visitantes– son víctimas de molestias que, a pesar de no ser novedosas, se han extendido con inusitada frecuencia en los últimos tiempos. Se trata de las vicisitudes que deben afrontar para poder circular libremente, sin desvíos ni demoras u otras complicaciones, por la vía pública.
En esta oportunidad, las causas de esos inconvenientes que los afectan en grado sumo no fueron las conocidas marchas de ahorristas, que protestan por el acorralamiento de su dinero, o las concentraciones de piqueteros, con su extorsiva modalidad para exigir ser atendidos por las autoridades, ni la instalación de antirreglamentarios e improvisados puestos de venta callejera. Tampoco han tenido origen en obras previstas –aunque no siempre anunciadas en forma debida– o imprevistas.
Ahora, tales inconvenientes fueron producto de la cada vez más frecuente utilización de la vía pública para filmar tomas o partes de producciones cinematográficas y televisivas de los más diversos géneros. Tendencia que obedece, fundamentalmente, a que tras la devaluación de su moneda la Argentina en general y Buenos Aires en particular se han convertido, por sus bajos costos, en lugares muy propicios para llevar a cabo esa clase de actividades.
No hay duda de que dicha reactivación ha contribuido a paliar la difícil y comprometida situación de las industrias vinculadas con el mundo del espectáculo, promoviendo el empleo de mano de obra calificada –actualmente sin mayor demanda laboral–, la contratación de empresas proveedoras de servicios vinculados con tales industrias y la creación de fuentes de trabajo. Sin embargo, esa positiva expansión no deja de tener aspectos negativos. El fin de semana último, la Plaza de Mayo y sus inmediaciones fueron ocupadas para filmar escenas de la película “Imagining Argentina”, cuyos protagonistas son la actriz británica Emma Thompson y el actor español Antonio Banderas, y por cuerda separada, también un comercial de automóviles. Vallas de metal impidieron que el tránsito y los peatones ingresaran en el histórico recinto, mientras que los usuarios de los subterráneos tuvieron que dar largos rodeos para poder entrar en las estaciones próximas o salir de ellas. Además, tampoco fue razonable que varios centenares de policías se ocupasen exclusivamente de hacer acatar dichas restricciones, en lugar de dedicarse a su misión específica. Sobre todo, porque la inseguridad ha pasado a ser uno de los problemas que más preocupan no sólo a los porteños, sino a todos los argentinos.
El gobierno local tendría que adoptar las medidas que sean necesarias para que la reiteración de esas actividades no vuelva a sumar otros inconvenientes y molestias a todos cuantos de por sí ya padecen los atribulados transeúntes metropolitanos. Es probable que para lograr ese propósito basten unas pocas y elementales precauciones. Por ejemplo, que las filmaciones fuesen realizadas en las horas en que disminuyen el tránsito y las actividades comerciales, y muy especialmente que, por buena educación y respeto, las autoridades se preocupen por darle a conocer en forma anticipada a la población cuáles serán los sitios y los horarios en que habrán de ser efectuadas esas restrictivas labores artísticas.



