Finlandia, potencia tecnológica
Por Eitel H. Lauría Para LA NACION
1 minuto de lectura'
Finlandia es un país ubicado en el extremo norte de Europa, cuya superficie, de 338.000 kilómetros cuadrados, está cubierta en un 69 por ciento por bosques. Además, con sus aproximadamente 180.000 lagos y otras tantas islas, constituye el archipiélago más grande de Europa. Tiene un duro clima frío, con temperaturas que en buena parte de su territorio con frecuencia bajan en invierno hasta 20 grados bajo cero.
Finlandia formó parte de Suecia durante más de seiscientos años, y en el período 1809-1917 integró el Imperio Ruso de los zares. En 1917 logró su independencia y dos años después la adopción de una constitución hizo de Finlandia una república democrática. Con posterioridad, durante la Segunda Guerra Mundial, el país vivió muy graves y penosas experiencias bélicas.
La clave de la competitividad
Por otra parte, Finlandia pudo llevar a cabo un significativo desarrollo económico e industrial cuyos dos pilares más importantes fueron la madera de los bosques y sus varios productos derivados, y la producción de metales, maquinaria y productos eléctricos. Esas industrias experimentaron un sensible incremento en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial y produjeron un fuerte aumento del comercio exterior. No obstante, en los primeros años de la década del 90 el colapso de la Unión Soviética significó un fuerte golpe para las exportaciones de Finlandia. Secuelas de la crisis fueron la devaluación, con efectos internos muy duros: una desocupación que alcanzó el 20 por ciento, una seria quiebra bancaria y una aguda caída del producto bruto interno.
Esta brevísima reseña de datos geográficos, históricos y económicos no permite, por sí sola, explicar la extraordinaria evolución que experimentó Finlandia en los últimos diez años hasta alcanzar un muy alto nivel de desarrollo económico, industrial y tecnológico. Basta señalar que el PBI per cápita es de 24.000 dólares, uno de los más elevados del mundo.
¿Cuáles fueron las causas de la notable evolución finlandesa? En líneas generales, la estrategia básica fue el equilibrio entre el fortalecimiento de la competitividad de las producciones tradicionales y el desarrollo vigoroso de las industrias de alta tecnología. Estas últimas se convirtieron en el motor del desarrollo económico, principalmente en el área de las telecomunicaciones y de la tecnología de la información.
Para el logro de esas finalidades, la prioridad fue el apoyo enérgico y sostenido a la investigación y desarrollo de tecnología y, correlativamente, a la educación y la capacitación. En 1999, la inversión pública y privada en investigación y desarrollo totalizó alrededor de 4000 millones de dólares, equivalentes al 3,2 por ciento del PBI, el más elevado índice en el mundo (en la Argentina, el Estado asigna el 0,4 por ciento del PBI).
Por otra parte, por tratarse de un país pequeño, Finlandia ha debido focalizar la investigación y desarrollo de tecnología en unas pocas áreas específicas de excelencia, con la finalidad de alcanzar la mayor competitividad en el mercado mundial. En varios casos los objetivos fueron logrados y un ejemplo testigo es el de los teléfonos celulares.
Para impulsar adecuadamente la investigación y desarrollo de tecnología, la Academia de Finlandia y la Agencia Tecnológica Nacional Tekes sostienen centros de excelencia ubicados en universidades e institutos de investigación, con un total de unas cuarenta unidades de trabajo (cada una de ellas tiene entre veinte y cien agentes calificados). Los fondos asignados a los centros de excelencia son regulados en función de los rendimientos.
Ejemplo para imitar
El conjunto de políticas y estrategias instrumentadas en Finlandia se ha traducido en numerosas invenciones e innovaciones tecnológicas y, por ende, en un significativo aumento de la competitividad internacional. Se explica así el rápido crecimiento de la exportación de productos de alta tecnología, que, en 1998, con un monto de alrededor de 6000 millones de dólares, significó un 19 por ciento de la exportación total. De ahí que el Instituto Internacional de Administración del Desarrollo, con sede en Lausana, Suiza, en publicaciones recientes haya colocado a Finlandia en el segundo lugar en el mundo en competitividad.
Cuando se intenta calificar este sorprendente cuadro de situación finlandés, surge la tentación de considerarlo un milagro. Pero en materia de desarrollo de los países los milagros no existen. Todo lo sucedido es el resultado de una convergencia sinérgica entre los valores vigentes en la sociedad finlandesa y las calidades de su clase dirigente.
Son características del pueblo finlandés la cultura del trabajo, la autodisciplina y una clara percepción del papel protagónico de la educación. En cuanto a la dirigencia política, empresarial y educativa, demostró poseer una inteligente visión del mundo moderno y de los factores determinantes de su dinámica de cambio, junto con una excelente capacidad de elaboración de políticas y de gestión eficiente. Pero, además, y no es menos importante, Transparencia Internacional ha calificado a Finlandia como el país con el más bajo nivel de corrupción del mundo.
Todo un ejemplo para la Argentina, un país con grandes recursos naturales y humanos, cuyas pautas de comportamiento político, económico y social durante las últimas cinco o seis décadas tuvieron, con demasiada frecuencia, signos contrarios a los exhibidos por Finlandia y, en consecuencia, el resultado ha sido el retroceso y la decadencia.
Eitel H. Lauría es miembro de la Academia Nacional de Ingeniería. Autor de Ciencia y tecnología de cara al siglo XXI (Editorial Ciudad Argentina).





