La ciencia ficción china busca el cielo: quiénes son los autores de culto

Con una fuerza que recuerda a la del boom latinoamericano de los años 60, los autores orientales renuevan los modos de anticipar el porvenir
Con una fuerza que recuerda a la del boom latinoamericano de los años 60, los autores orientales renuevan los modos de anticipar el porvenir Crédito: AP
Federico Kukso
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27 de enero de 2019  

Cuando a comienzos de este mes la sonda espacial china Chang'e 4 se estacionó en el lado oculto de la luna -llegando donde ni estadounidenses ni rusos, ni japoneses, ni europeos habían llegado antes- lo hizo no solo empujada por su combustible y por el ingenio de miles de ingenieros y científicos que milimétricamente planificaron la misión. Lo hizo en especial impulsada por la imaginación de una nueva generación de escritores de ciencia ficción chinos que desde sus libros la habían dirigido, le habían abierto el camino. Y que ahora están conquistando el mundo.

El abanderado de este sorprendente fenómeno editorial que traspasó ya las fronteras del gigante asiático, su patriarca, es un hombre: un ingeniero de sistemas de 55 años que trabajó toda su vida en una central eléctrica. De día era un empleado más. De noche, escribía, creaba mundos, universos. Hoy Liu Cixin -o Cixin Liu, según la convención china y japonesa según la cual el apellido precede al nombre de pila- es una celebridad literaria.

Con su trilogía El problema de los tres cuerpos, desplazó el centro de gravedad de la ciencia ficción de Oeste a Este. Lo hizo ayudado por su imaginación opulenta cuando en 2006 soñó con el primer contacto con una civilización extraterrestre. Así comienza esta odisea: cuando, durante la Revolución Cultural de Mao en la década del sesenta, una joven astrofísica envía un mensaje a un sistema estelar cercano. La avanzada civilización que lo recibe -los trisolarianos, al borde de la extinción- se embarca en una misión de siglos para invadir la Tierra, con la ayuda de varios terrícolas decepcionados con la especie humana.

"En innumerables ocasiones imaginé un tipo de literatura capaz de revelarme la inmensidad y profundidad del universo -señala Cixin-, que me permitiese experimentar los escalofríos provocados por las innumerables posibilidades de mundos más allá del nuestro".

Por su perspectiva y escala cósmica -la tercera entrega de la saga de Cixin, El fin de la muerte, concluye con la muerte térmica del universo- es comparable a la saga de la Fundación de Isaac Asimov y a Last and First Men de Olaf Stapledon. Los primeros lectores de esta epopeya galáctica fueron estudiantes universitarios. Luego caló hondo entre científicos por su precisión en los detalles a la hora de describir fenómenos que impliquen a las leyes de la física.

Después fue el mundo literario mainstream el que sintió curiosidad, cuando en 2014 el gran escritor Ken Liu la tradujo al inglés. Un año después Cixin ganó el Premio Hugo, el Oscar de la ciencia ficción.

Habitualmente comparado con Arthur C. Clarke y conocido como el "Tolstoi chino", sus opiniones son veneradas. Influyen entre sus legiones de fanáticos y en especial dentro la comunidad científica. De hecho, Liu Cixin es consultor de la Agencia Espacial China. Sus obras impulsaron la construcción del gran radiotelescopio FAST, ubicado en el suroeste del país. Si una civilización alienígena envía una señal, esta gran oreja será la primera en escuchar el mensaje.

La nueva ola

La ciencia ficción en China no es una tendencia nueva. Ha recorrido un largo camino para convertirse actualmente en el género literario más popular de un país heterogéneo y complejo de más de mil millones de personas, con una cultura que se remonta a miles de años; una nación que saltó directamente del pasado al futuro.

Las primeras historias de este tipo se publicaron a comienzos del siglo XX, cuando la última dinastía feudal estaba al borde del colapso. Por entonces, los intelectuales apoyaron a la ciencia y la tecnología y el ingreso de ideas extranjeras como única esperanza para salvar a la nación de la pobreza y el atraso generalizado. Obras como Cuentos de la colonia lunar (1904) de Huang Jiang Diao Suo imaginan un futuro en el que China es fuerte, próspera y avanzada, una nación respetada.

El optimismo permeó la fundación de la República Popular en 1949. El futuro de la tecnología siempre era deslumbrante. Hasta que emergió en la década del noventa una nueva generación de escritores y, como en otras partes del mundo, aquella fe ciega en el progreso se derrumbó. En su lugar, con esta nueva ola de escritores que se consolidaron a principios del siglo XXI, advinieron historias de advertencia, de ansiedad ante un futuro oscuro e incierto.

La literatura nunca florece en un vacío. Se la debe leer siempre en relación al contexto social en el que se produce: la ciencia ficción china, así, es una continuidad de las transformaciones sociales, culturales, tecnológicas de un país con constantes violaciones a los derechos humanos, una de las economías más robustas del mundo en un contexto cambiante de globalización y volantazos tecnológicos acelerados.

China ha aprendido que las conquistas científicas espectaculares confieren prestigio a las naciones. En su caso, son parte fundamental para volver realidad lo que llaman el "sueño chino": restituir al país como el centro del mundo, lugar que ocupó por milenios. De ahí su ambicioso programa espacial, que ya puso once individuos y una estación espacial en órbita, llegó a la luna dos veces y planea construir una base lunar permanente y posibles misiones a Marte.

En ese marco de convulsión de las ideas y esperanzas, la ciencia ficción germina. Y alienta.

Literatura de frontera

Los nombres de autores como Bao Shu, Hao Jingfang, Chen Qiufan, Xia Jia y Tang Fei, además de Cixin, quizás resulten extraños como seguramente sucedió en gran parte del mundo cuando empezaron a circular los nombres de los protagonistas del llamado "boom latinoamericano" en la deécada del sesenta.

Pero están ahí. Y tras años de invisibilidad lingüística, ahora sus obras son traducidas. La ciencia ficción china atraviesa actualmente una Edad de Oro, similar a la de los Estados Unidos en la primera mitad del siglo XX. Y demuestra que las representaciones del futuro -hasta ahora predominante blanco, masculino- no son exclusivas de Occidente. "La ciencia ficción es ahora un fenómeno global -indica el investigador Mingwei Song en The Reincarnated Giant: An Anthology of Twenty-First-Century Chinese Science Fiction-. Este ha sido uno de los desarrollos más notables del género porque trasciende esta dominación occidental y particularmente angloamericana del género".

El problema es que los autores chinos contemporáneos del género forman una comunidad llena de diferencias internas -diversidad de enfoques, temáticas y estilos- , por lo que resulta difícil destacar este movimiento por un solo rasgo. En Una canción para la vida, Wang Jinkang cuenta la historia de un científico que cría un robot como su propio hijo; en 2066 de Han Song, China es la única superpotencia y Estados Unidos está cayendo en rápido declive; Chan Koonchung imagina en Los años de grasa la misteriosa desaparición de un mes completo de todos los registros oficiales; en Doblando Beijing, Hao Jinfang describe una sociedad distópica donde las personas están estrictamente separadas en tres clases diferentes.

"En mi opinión, su característica más destacada es la frecuente exploración de los temas de liberación de antiguos sistemas culturales, políticos e institucionales", dice Wu Yan, director del Centro de Investigación Creativa de Ciencia Ficción de la Universidad de Pekín.

Si bien la ciencia ficción es un género universal, uno de los aspectos que más llama la atención a los lectores no chinos son las diferencias culturales que atraviesan estas historias. "En países extranjeros, detrás de la ciencia ficción siempre está la impronta de la cultura religiosa -afirma Liu Cixin-. En Occidente, si se clonasen personas sería una acción antirreligiosa, porque la creación está reservada a Dios. En China, en cambio, se consideraría un progreso científico. Otro asunto fundamental es el del Apocalipsis, un tema muy recurrente en Occidente, cuando ese concepto prácticamente no existe en Oriente. El futuro imaginado de la humanidad a menudo se parece mucho al pasado de Estados Unidos: la guerra por la independencia, el salvaje oeste, el movimiento de los derechos civiles".

Quizás una de las razones de tanta experimentación es que los autores no han sido censurados por el gobierno chino pese a que usan la imaginación para explorar realidades invisibles. O sea, futuros alternativos como formas enmascaradas de protesta. "La ciencia ficción es una literatura nacida en la frontera -dice la escritora Xia Jia-: entre lo conocido y lo desconocido, la magia y la ciencia, el sueño y la realidad, el yo y el otro, el presente y el futuro, Oriente y Occidente. Se renueva a medida que la frontera se mueve y migra".

El favorito de Obama y Zuckerberg

En ocasiones, ciertos libros atraen la atención mundial no por sus características inherentes, sino por el peso de sus lectores. Sucede cuando Bill Gates comparte su lista de lecturas del año ( Sapiens, de Yuval Noah Harari, es un ejemplo). En 2017, Barack Obama y Mark Zuckerberg se confesaron fanáticos de Liu Cixin. Y su nombre ganó más impulso del que ya tenía.

Lo que destaca a Cixin, además de su mezcla balanceada de cosmopolitismo y nacionalismo y tocar temas globales como la supervivencia de la especie humana, es su mensaje de precaución. Cixin -quien en noviembre de 2018 ganó el Premio Arthur C. Clarke- se ha vuelto un verdadero filósofo del primer contacto: en el segundo volumen de la trilogía, uno de los personajes afirma que ninguna civilización debería anunciar su presencia al cosmos.

"No quiero ser un profeta -asegura-. Pero debemos ser conservadores. La historia muestra que cuando dos civilizaciones se encuentran la más débil tiene todas las de perder, como sucedió cuando España conquistó América". Esta sombría perspectiva cósmica es conocida como la "teoría del bosque oscuro", pues concibe a cada civilización en el universo como un cazador que se esconde sigiloso en un bosque, escuchando los crujidos de un rival, de una posible presa.

Ha habido varios intentos de llevar E l problema de los tres cuerpos al cine, pero han fallado. Según el diario Financial Times, Jeff Bezos tendría intenciones de producir una serie basada en esta odisea para ocupar el vacío dejado por Game of Thrones. Las historias de Cixin -5 novelas y 17 colecciones de cuentos- son ambiciosas, descomunales. En 2019 se estrenará en el cine una adaptación de La Tierra Errante. En el libro, científicos descubren que el sol está a punto de expandirse más allá de la órbita de Marte. Así pergeñan un plan faraónico para mover al planeta del Sistema Solar a una nueva estrella, Proxima Centauri.

Sobre todo, Cixin es un enamorado de las ciencias: "Creo que las historias más destacadas y bonitas que ha creado el ser humano no han sido contadas por los poetas o los novelistas, sino por la ciencia-dice- Estas historias se encuentran encriptadas por ecuaciones que la mayoría de la gente no entiende.Por medio de la ciencia ficción intento crear mi propio mundo para dar a conocer la poesía de la naturaleza".

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