
Genio y chifladura
Agripino Peribañez no tiene duda alguna respecto de que para lucir alguna sobresaliente cualidad intelectual, propia del genio, es menester, antes, sufrir alucinaciones u alguna otra clase de desequilibrio psíquico. "Con lo cual -asevera-, la genialidad es siempre una forma de la chifladura." Antes de que sea demasiado tarde conviene aclarar que la teoría de Peribáñez habría incentivado chacotas si no fuera porque, según reciente artículo de The New York Times , eminentes neurólogos de la Universidad de California dedujeron eso mismo: que ciertas ralladuras de la mente y ciertos exóticos burbujeos de la materia gris estimulan los sentidos, desarrollan determinados talentos y son muy capaces de generar estallidos de creatividad artística.
El neurólogo Bruce Miller, catedrático de esa universidad, asegura que disturbios de esa clase padecía, por ejemplo, el pianista Maurice Ravel cuando, a los 53 años, compuso los 340 compases de su famoso Bolero , en 1928.
Pero, hay que reconocerlo, Peribáñez sabe bastante más que el doctor Miller sobre estos asuntos. Acababa de obtener el diploma de arriero en la academia agropecuaria El Semoviente cuando una tarde, mientras en tranquila caminata acompañaba a una condiscípula hasta su casa (la de ella), cayó sobre su cabeza (la de él) parte de la mampostería de una cornisa. "Si bien en ese momento lamenté no haberle cedido a Brunilda el lado de la pared -admite, alborozado-, lo cierto es que desde entonces sólo se me ocurren ideas brillantes, como las que, sin mucho hesitar, ya he trasladado al secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno Por supuesto, aquel terrible cascotazo estableció nuevas conexiones en mi cerebro y no saben lo feliz que me siento."
Desórdenes de ese carácter, con dendritas como retamas y glicinas orientadas a la que te criaste, y con extensiones nerviosas que inexorablemente conducen al delirio, dieron vigor y fundamento a talentos colosales: Vincent van Gogh le debe a la esquizofrenia su alta cotización en Sotheby s, y Petrarca, Nietzsche, El Greco, Dostoievski, Flaubert, Nijinsky, Bobby Fischer y decenas de otros intelectuales y prodigios del arte no habrían alcanzado fama de clásicos si no hubiera sido porque los relámpagos de la alienación les permitieron otear horizontes del todo neblinosos para el hombre común. El libro Hombres fenómenos y personajes de excepción , del francés Robert Tocquet (Plaza & Janés), trata sobre tan rara cuestión y también ese autor apuntala esta coloquial advertencia de Peribáñez: "Si su croqueta no obedece al prudente sentido común y da muestras de genialidad, ¡atenti, es grave! Pida hora al psiquiatra".




