"Golpe maestro" de Netanyahu

Emilio Cárdenas
Emilio Cárdenas PARA LA NACION
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21 de mayo de 2012  • 00:00

Tácticamente, fue una maniobra política tan inesperada como pragmática y efectiva. En rigor, un verdadero golpe maestro. Cuando todos estaban especulando con su anuncio de convocar a elecciones anticipadas, Benjamin Netanyahu concertó rápidamente una sorpresiva alianza con el partido Kadima -fundado en su momento por Ariel Sharon, como desprendimiento del Likud- con el que conformó la coalición política de gobierno más amplia y poderosa de la historia reciente de Israel. Hoy, prácticamente invulnerable.

Cuando todos estaban especulando con su anuncio de convocar a elecciones anticipadas, Benjamin Netanyahu concertó rápidamente una sorpresiva alianza

Como consecuencia, nada menos que 94 de las 120 bancas del parlamento (Knesset) israelí están ahora firmemente alineados con el nuevo gobierno. Entre ellas, las 28 bancas que aporta Kadima, que naturalmente ahora se suman a las bancas del Likud y sus aliados más cercanos.

¿Por qué este repentino pacto? Claramente, porque todos sus actores ganan. También el líder de Kadima, Shaul Mofaz, quien suponía (con mucha razón) que en las elecciones anticipadas podía llegar a sufrir una importante derrota, perdiendo hasta la mitad de las bancas que hoy su partido tiene. Ocurre que el margen de aprobación de la gestión de Netayahu es muy alto. Y que la oposición aparecía profundamente dividida.

No obstante, lo cierto es que Shaul Mofaz ya forma parte del gabinete especial de Netanyahu. Y opera en su cercanía inmediata. Atrás quedaron sus críticas. Hoy es el aliado más importante del Likud. Las elecciones ocurrirán entonces, recién al final del período de Netanyahu, en octubre de 2013.

Hasta entonces Netanyahu tendrá una oportunidad -y un respaldo- sin par para tomar las diversas decisiones que las circunstancias requieran. Aun las más difíciles y hasta las más duras. Pese a la eventual oposición del laborismo de Shelly Yachimovich, que parecería haber quedado sumamente aislada, casi en soledad.

El acuerdo libera a Netanyahu de la presión de sus hasta hoy aliados de la ultra-ortodoxia israelí, que de algún modo lo tenían como una suerte de rehén en algunos temas domésticos urticantes

El acuerdo político de gobierno alcanzado tiene consecuencias inmediatas de todo tipo. Primero, libera a Netanyahu de la presión de sus hasta hoy aliados de la ultra-ortodoxia israelí, que de algún modo lo tenían como una suerte de rehén en algunos temas domésticos urticantes como son los vinculados con los asentamientos y su futuro. O la abolición de la llamada "Ley Tal", que permite a los ultra-ortodoxos evadir el servicio militar o público, pese a que esa norma ha sido expresamente declarada inconstitucional por la propia Suprema Corte israelí. O poder modificar el sistema político de representación proporcional israelí, según el cual cualquier partido que obtenga un 2% de los sufragios logra una representación parlamentaria, lo que transforma a la legislatura en un inevitable mosaico, plagado de diferencias y de posibles vetos. O invertir más en vivienda, salud o educación, como postula la clase media secular.

También hay posibles consecuencias de importancia en el plano regional e internacional. Ellas no son menores. Hasta en aquellos temas que suponen una amenaza existencial para Israel.

Por ejemplo, respecto del dilatado proceso de paz con los palestinos, la nueva mayoría política permite pensar en posibles concesiones que hasta ayer simplemente no eran imaginables. Para Mofaz, recordemos, encarrilar la cuestión palestina hacia una paz duradera es una cuestión más urgente que la amenaza nuclear de Irán, por terrible que ésta sea. Lo cierto es que -como antes de la Guerra de los Seis Días, en 1967- Israel está ahora gobernada por una coalición estable y centrista, dotada de una muy singular fortaleza. Lo que es ideal para avanzar. Aún cuando sea de aplicación que para bailar el tango se necesitan dos.

Respecto del dilatado proceso de paz con los palestinos, la nueva mayoría política permite pensar en posibles concesiones que hasta ayer simplemente no eran imaginables

Mofaz, nacido en Irán y ex ministro de defensa, es -cabe acotar- bastante menos agresivo que Netanyahu o que su ministro de defensa, Ehud Barak, cuando de actuar respecto de la latente amenaza nuclear iraní se trata. Esto proyecta a la vez prudencia y fortaleza sobre la imagen del nuevo gobierno.

Lo cierto es que para encarar todos estos temas, de enorme complejidad, hay ahora un horizonte de tranquilidad de un año y medio. Lo que no es poco, como oportunidad a aprovechar.

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