
Guillermo Ledesma: el abogado que incomoda al Gobierno
Formó parte del tribunal que juzgó a las juntas militares, fue asesor legal de Alfredo Yabrán y hoy volvió a ser noticia por su relación con Guido Antonini Wilson, el venezolano de los 800.000 dólares a quien le habría asegurado la protección de los gobiernos de Kirchner y de Chávez. Irritado porque el escándalo le estalló muy cerca y asociasu nombre con una trama de dinero negro y corrupción, asegura que nunca trabajó para el Gobierno
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"Usted es el abogado que más caro me costó", le dijo Alfredo Yabrán a Guillermo Ledesma el primer día que se vieron. Hasta una semana antes, Ledesma había sido abogado de DHL, la principal competidora de las empresas de Yabrán en el rubro postal, y acababa de renunciar. "Ahora quiero que trabaje para mí", le dijo el empresario.
Cuando terminó aquel almuerzo, Ledesma ya era el abogado de Yabrán, y lo fue por casi una década, según relató a LA NACION una fuente que conoció bien la relación entre ellos. De aquella época, Ledesma se llevó una buena fortuna y el primer gran escándalo para una carrera que había sido incuestionable y que incluía el galardón de haber integrado la Cámara Federal que juzgó a las juntas militares.
Diez años más tarde la historia parece repetirse.
Ante una oferta de dinero muy tentadora, Ledesma aceptó el año pasado convertirse en abogado de Antonini Wilson, suspendió unas minivacaciones en Paraná, se subió a un avión y viajó a Miami. "Se entusiasmó. Fue por la plata, pero también por la adrenalina", relató una persona cercana al abogado. Le salió mal: quedó asociado con una trama de dinero negro y corrupción y, según cuentan en su entorno, no cobró un peso.
"Con el diario leído, cualquiera se da cuenta de que no tendría que haber agarrado", se lamentó "el negro" Ledesma con un viejo amigo.
El nuevo escándalo le estalló muy cerca. Antonini había grabado la conversación que mantuvieron en Miami, el día que almorzaron en un restaurante de Ford Lauderdale. Ledesma le aseguraba que no iba a ir preso y que la garantía de eso eran "Kirchner y Chávez".
¿El abogado fue un operador del kirchnerismo enviado para tranquilizar a Antonini? La sola idea de que se instale esa versión lo irrita. "No soy kirchnerista. Es más, no me gusta este Gobierno", afirma. Una y otra vez, repite que el mensaje que quiso darle a Antonini era que se trataba de una causa de alto contenido político.
"De ninguna manera representé al Gobierno. En la desgrabación completa está claro. Yo le digo a Antonini: ´Si me contratan para vos y te defiendo, te digo todo. Me importan tres pomos los demás, sólo me importás vos. No soy kirchnerista ni lo quiero ser ."
Según cuenta, ése fue el primer y único día en que vio a su fugaz cliente.
Unidos por el espanto
Sin militancia política, Ledesma tuvo, sí, alguna simpatía con la UCR: en 1999, fue una de las personalidades independientes que adhirieron públicamente a la candidatura de Fernando de la Rúa y siempre dijo que Raúl Alfonsín es el mejor presidente que vio.
"Si tuviera que definirlo desde lo ideológico, diría que es un republicano, un hombre de centro, tal vez de centro-derecha. Lo que es seguro es que no tiene nada que ver con Kirchner ni con Chávez", dijo Ricardo Gil Lavedra, que integró con Ledesma la Cámara Federal que condenó a las juntas.
"En aquella época nos peleábamos y discutíamos a muerte, pero puedo asegurar que es una persona de bien, un tipo muy correcto, brutalmente trabajador y de fuertes principios". Hoy, los ex camaristas son amigos. Se saben parte de la historia y los seis se reúnen a comer varias veces al año en una suerte de cofradía.
"Trabajábamos quince horas por día, sin computadoras, con papel carbónico", cuenta Javier De Luca, que hoy es fiscal ante los tribunales orales, pero en aquella época era relator letrado de Ledesma.
"El era una máquina de trabajar, sumamente estudioso y valiente. Era un tipo que venía todos los días con el mismo saco. Se jugó la vida en un juicio histórico, pero nunca actuó como un pavo real", afirma De Luca, que todavía conserva ocho tomos de proyectos de sentencias que le corrigió Ledesma.
"Los seis teníamos personalidades fuertes, pero nos unió el espanto -recuerda otro de los ex camaristas federales-. Estábamos pasados de trabajo, agotados y con tal angustia que más de una vez nos agarraron ataques de risa en plena audiencia."
Ledesma terminó el juicio divorciado y con un agotamiento tal que al poco tiempo dejó la Justicia. Antes de renunciar, presidió el tribunal que condenó al general Ramón Camps.
Cuando se fue de la Cámara las ofertas de trabajo no le llovieron. Se incorporó entonces al estudio comercial de un conocido y, de a poco, empezó a conseguir clientes. Con los años, y sobre todo con su trabajo como asesor de Yabrán, hizo una buena fortuna.
El año pasado, Ledesma fue convocado para incorporarse al mundo de la política en el gabinete de Mauricio Macri. Le ofrecieron ser el ministro de Justicia y Seguridad de la ciudad de Buenos Aires y él aceptó, pero casi de inmediato le retiraron el ofrecimiento. En Pro no habían advertido que Ledesma, además de camarista del juicio a las juntas, había sido abogado de Yabrán, relató luego una fuente del partido.
No sólo fue el abogado, él era uno de los hombres de mayor confianza del empresario cuando éste cayó en desgracia. Los archivos de la época cuentan que él fue quien diseñó la estrategia legal para enfrentar las acusaciones por el crimen del fotógrafo José Luis Cabezas. Ledesma era el referente mesurado y prudente de la defensa; Pablo Argibay Molina, el otro abogado de Yabrán, tenía un estilo mucho más irreverente y desafiante.
Ledesma dice tener, todavía hoy, la convicción más absoluta de que Yabrán era inocente y de que le montaron una operación para culparlo del crimen.
Oscar Pellicori, que fue el abogado de la hija de José Luis Cabezas y enfrentó a Ledesma en los tribunales, tiene un buen concepto de quien fue su contraparte. "Nunca hizo maniobras oscuras, se manejó bien. Tengo referencias de que siempre fue un hombre honesto. No es un improvisado ni un tipo de hacer zancadillas", dice.
Hoy, Ledesma tiene su estudio jurídico, donde trabajan con él sus dos hijos varones, de 34 y 37 años. La mayor, de 39, también es abogada, pero vive desde hace años en Estados Unidos.
Les va muy bien y prueba de eso son los originales de Antonio Seguí, Quinquela Martín y Xul Solar que decoran el estudio, en el segundo piso de un edificio sobrio de Talcahuano, entre Arenales y Santa Fe.
Profesor de Derecho Penal en la UBA hasta que enseñar dejó de darle satisfacción, fue también el actualizador de los tratados de Fontán Ballestra y escribió gran cantidad de artículos de su especialidad.
Como estudiante nunca se destacó. No era bueno rindiendo exámenes orales, pese a que sus amigos dicen que siempre tuvo la labia propia de un gran seductor.
Su padre era médico y su madre es ama de casa. Tres de sus tíos eran marinos y el cuarto, juez. Fue este último, Julio Ledesma, quien le consiguió su primer cargo, de pinche, en Tribunales. Tenía 18 años y acababa de terminar el bachillerato en el Colegio del Salvador. En 1967, cuando se recibió de abogado, lo nombraron secretario del juzgado de Instrucción número 10. En 1972 se licenció en Criminología y en 1974 ascendió a secretario de la Cámara del Crimen. Un año más tarde, fue designado al frente del juzgado de Instrucción número 11. En ese cargo estuvo nueve años, hasta que el 13 de febrero de 1984 lo eligieron camarista federal.
"Ledesma es un hombre de mucho prestigio en la Justicia", dijo Ricardo Recondo, un juez de su generación y actual presidente de la Asociación de Magistrados. "Hizo toda la carrera judicial y fue un juez excelente, de pocas pulgas. No me parece una mácula que haya sido abogado de Yabrán. El abogado penalista trabaja de eso."
En Tribunales es recordado como un juez valiente. Y no sólo por el juicio a las juntas. En 1979, en pleno proceso militar, Ledesma se enfrentó con Jorge Rafael Videla y le reclamó que le devolvieran a un preso que le habían "robado". Ledesma había detenido a un suboficial del Ejército que se había peleado con un civil en la calle por un incidente de tránsito y lo había amenazado con su arma. A los pocos días, una patrulla militar se lo llevó de la cárcel de Devoto, donde el suboficial estaba detenido, y Ledesma firmó una nota dirigida a Videla y a Roberto Viola, entonces jefe del Ejército, para que le devolvieran a su preso a la cárcel dentro de los cinco días siguientes. Así fue, pero poco tiempo después, la Cámara Federal le concedió al oficial la excarcelación.
En aquel tiempo, Ledesma fue además uno de los primeros jueces que declaró "insanablemente nula" la ley 22.924, conocida como la ley de autoamnistía, que había dictado el gobierno militar. Fue en el caso de la desaparición de Hugo Alberto Palmeiro. En su sentencia, sostuvo que la ley se había dictado "fuera de toda oportunidad" y "en contra de la unánime opinión nacional".
Ledesma se declara un defensor de los derechos humanos, pero sostiene que es tiempo de mirar para adelante y, en 2006, se pronunció en contra de la decisión del Gobierno de incorporar un nuevo prólogo a la última edición del informe Nunca más .
El kirchnerismo justificó entonces la medida por la necesidad de que no pareciera que se estaba aceptando la "teoría de los dos demonios". "Demonios o no, llámeselos como se los llame, hubo dos partes que transgredieron ferozmente el orden jurídico argentino y sumieron al país en una oscura noche de la que, lamentablemente, todavía no hemos salido", escribió Ledesma en un artículo.
Ledesma se jacta de seguir conservando sus amigos de la juventud y hasta no hace mucho tiempo, jugaba con ellos al fútbol. Fiel a su ídolo de la infancia, que era Amadeo Carrizo, era arquero, a pesar de que no supera el metro setenta. Además, jugó al tenis, al paddle y fue fullback en el equipo de rugby del Atalaya Polo Club. Hoy, su vida deportiva se limita al golf.
Cuando sus amigos le cuestionan las vueltas de su carrera, responde, algo irónico, que siempre fue protagonista. "En los 70 me enfrenté con los militares, en los 80 los juzgué y en los 90 defendí al enemigo público número uno".
Mañana deberá volver a los tribunales. Declarará como testigo por lo que parece haber sido un asesoramiento efímero a la figura del mayor escándalo de corrupción de los últimos tiempos.
Quién es
Carrera en la justicia
Creció en Buenos Aires, asistió al Colegio del Salvador y en 1967 se recibió de abogado. En 1975 fue nombrado al frente del juzgado de Instrucción número 11, cargo que retuvo hasta 1984, cuando fue designado camarista federal y le tocó juzgar a las Juntas.
De Yabrán a Antonini
Alejado de la Justicia, pasó a la actividad privada: durante siete años fue abogado de Alfredo Yabrán, a quién acompañó durante el caso Cabezas. Su nombre volvió a los medios en relación con el escándalo de la valija.





