
Hablar en chiquito
"Cristina Kirchner tiene todos los votos atados a la patita." (De Mario Secco, intendentede Ensenada.)
Para analizar políticamente la frase del intendente de Ensenada, Mario Secco, respecto de los votos que Cristina "tiene atados a la patita", sería necesario confrontarla con otras declaraciones del funcionario, dichas con pocas horas de diferencia. "Massa es un forro alcahuete que le hizo la segunda a la derecha" y "este plan económico es un plan de mierda", sostuvo con elegancia el jefe comunal. Como no alcanzaría este pequeño espacio para desgranar ese nobel discurso, nos permitimos deternernos en una parte de la primera frase: lo de la "patita". Y pasar así de lo político a lo lingüístico, rozando tal vez lo psicológico. ¿Qué pretendemos cuando hablamos con diminutivos?
Es decir, la "patita" de Cristina ¿es porque se quiere señalar que, no obstante los años, conserva un talle pequeño de calzado, o porque, a pesar de muchos de los peronistas, ella sola, con una patadita, acomoda los votos cautivos del partido?
Yo no sé usted, lector, pero a mí los diminutivos me suenan a despreciativos la mayoría de las veces.
Por ejemplo, ¿es lo mismo afirmar que el bloque K de Chubut es "como la jaula de las locas", como dijo el diputado kirchnerista Alfredo Di Filippo, que decir que es como "una jaulita llena de loquitas?
O, acaso, cuando la Corte Suprema de Justicia se rebela ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos ¿es porque, a pesar de la jearquía constitucional, considera que sus fallos son "fallitos"?
Ni qué decir sobre el escándalo del "Correíto, de Mauricito y de los negocios de su papito, hermanitos e hijitos. O del departamentito de Florcita en Constitución, que podría ser platita del lavadito.
Obviamente que el diminutivo también se usa para demostrar afecto. Pero, dependiendo de la entonación, la caricia troca en garrote. Es el caso del apodo de la diputada Carrió. Hay quienes la llaman Lilita con auténtica simpatía, y quienes se lo ladran. Fue el caso de muchos dirigentes de Cambiemos cuando el miércoles debieron recular con el descuentito a los jubiladitos, justo después de que Lilita los mandara a "la reputa que los parió" -sin ambages- en un pasillo del Congreso.
Que la jueza Highton de Nolasco tenga 75 añitos y quiera seguir en la Corte podría indicar que todos los extremitos son malitos. No es un tema menor. La forma en que se habla dice mucho de quien habla, de lo que niega o enmascara. Cuidémosnos de quienes nos mandan un "besito enorme". Ningún oso da abracitos.





