
Hacete amigo del juez
Por Bartolomé de Vedia
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Hacete amigo del juez,/no le des de qué quejarse,/que siempre es bueno tener/ palenque ande ir a rascarse .
Cuando José Hernández puso en boca del Viejo Vizcacha estos versos proverbiales estaba lejos de sospechar, seguramente, que 120 años después los consejos de ese criollo desaprensivo y cínico iban ser, en la vida pública argentina, un catecismo de aplicación diaria.
Nunca como en este momento se ha tenido la sensación, en la Argentina, de que gobernantes y políticos dividen a los jueces en dos grandes bandos: los "amigos" y los "enemigos". Para los primeros, todos los halagos;para los segundos, las más atroces acusaciones y, si es posible, el juicio político.
Anteayer se informó sobre la existencia de una embestida peronista contra diez jueces del fuero contencioso administrativo federal, a quienes se pretende enjuiciar por haber emitido fallos que molestaron al Gobierno en ciertos juicios en los que el Estado es parte. Era el detalle que faltaba para completar el cuadro rocambolesco de una comunidad política que parece haber perdido hasta el último resto de pudor en su obsesión por "sacar del medio" a los jueces que no son amigos.
En realidad, lo del Viejo Vizcacha ya resulta antiguo. Hoy la cuestión no es "hacerse amigo del juez", sino lograr que el amigo sea juez y el enemigo deje de serlo.
¿De qué manera puede llegar a modificar ese cuadro lamentable el inminente Consejo de la Magistratura?
El doctor DiegoMay Zubiría -miembro de la lista que resultó triunfadora en los comicios para elegir a quienes representarán en el Consejo al sector de los abogados- piensa que los resultados del nuevo sistema de selección de jueces no se van a advertir en el corto plazo, ya que los primeros magistrados designados con intervención del Consejo asumirán sus funciones, probablemente, al cabo de seis u ocho meses.
Tal vez se adviertan más rápido los efectos de la creación del Jurado de Enjuiciamiento, cuya misión será destituir a los jueces que incurren en mal desempeño.
"El juicio político, que es el procedimiento actual de destitución, es demasiado lento. Además, está excesivamente condicionado por las presiones políticas:sólo parece importar si tal juez es un amigo o un enemigo", observa May Zubiría. A su juicio, es absolutamente imprescindible que los conceptos de "juez amigo" y de "juez enemigo" desaparezcan de la vida argentina.
Apuesta a la sensatez
Para el doctor Bindo Caviglione Fraga -que se sentará en el Consejo en representación de los jueces-, la puesta en marcha del nuevo organismo constituye una "apuesta a la sensatez". Lo fundamental -piensa- es recordar que este órgano fue pensado para fortalecer la independencia de la Justicia. Ese fue -subraya- el espíritu que inspiró la reforma constitucional de 1994. "Es necesario evitar, por lo tanto, que el nuevo cuerpo se convierta en el Consejo de los políticos . Que no resulte un caballo de Troya que venga a lesionar la independencia de los poderes."
La advertencia del doctor Caviglione Fraga tiene que ver con las facultades que la Constitución confiere al Consejo para administrar los recursos y ejecutar el presupuesto de la Justicia. "Debe recordarse que la Corte sigue teniendo legalmente la facultad de elaborar y proponer el presupuesto judicial. El Consejo podrá postular una determinada política presupuestaria, podrá hacer observaciones o sugerir prioridades, pero de ningún modo debe politizar la función judicial ni dañar el principio republicano de la división de poderes".
Otro aspecto que el Consejo deberá manejar con prudencia -opina Caviglione Fraga- es el que se refiere al ejercicio de las facultades disciplinarias sobre magistrados. Se ha trasladado a nuestro sistema -observa- el modelo de los Consejos europeos. Pero en Europa, antes de que aparecieran los Consejos de la Magistratura, la facultad disciplinaria era ejercida por los ministerios de Justicia. El nuevo modelo representó, por lo tanto, un avance. "En nuestro país, en cambio, la disciplina institucional estuvo siempre en manos de la Corte. Transferirla alConsejo podría resultar un retroceso, lesivo para la independencia del Poder Judicial."
May Zubiría recuerda, por su parte, que la ley ha limitado bastante las facultades del Consejo en la materia administrativa y presupuestaria, pues ha dispuesto -entre otras cosas- que la comisión de administración y finanzas del organismo estará integrada preferentemente por los representantes de los jueces.
"No va a haber conflicto, pues. A mí, como abogado, me hubiera gustado estar en esa comisión. Siempre nos quejamos de que la Justicia no tiene presupuesto. Es, pues, una oportunidad para tratar de influir para que los recursos se manejen del mejor modo posible. Que desaparezcan, por ejemplo, algunos automóviles de funcionarios y, en cambio, funcionen mejor los ascensores. Los abogados representan a los litigantes, a los que van a pedir justicia. Si tienen que subir seis pisos por la escalera, el trámite será, necesariamente, lento y penoso."
Los puntos de vista de May Zubiría y Caviglione Fraga -que representarán en el Consejo a sectores distintos- son, en lo esencial, coincidentes. De lo que se trata, fundamentalmente, es de revertir la fe de la gente en la Justicia. Y de fortalecer la independencia de los jueces, pilar del sistema republicano.




