Héctor Larrea, recuerdos en viñetas
El domingo 20 de septiembre de 1987 mi padre llegó de la cancha más tarde de lo que solía hacerlo. De lo que solíamos, debería decir, pero esa tarde, como yo tenía apenas 8 años y un potencial choque entre las barras bravas de Racing y de Boca eran de temer, no me llevó al Cilindro. Lo lamento. En una jornada histórica, le ganamos seis a cero a Boca. Puedo imaginar los festejos posteriores, la caravana triunfal, la dicha en movimiento. En la víspera de la primavera, no sólo llegó demorado, también llegó exultante, eufórico, feliz.
Al día siguiente, la portada de El Gráfico mostraba al Toti Iglesias festejando junto a Chupete Vazquez y Camote Acuña. La crónica se titulaba "Racing gritó como en los tiempos de José", y la leí y la releí durante años como si fuera un salmo bíblico. Incluía una viñeta de Beto Páez donde se veía a un hincha de Racing llegar a su casa en un estado de felicidad absoluta, como el de mi padre el día anterior, y la esposa con sus hijos, frente al televisor, viendo Seis para triunfar. El hombre pensaba lo mismo que había vociferado mi padre a los gritos: "Hoy sí que le rompimos el plin, plin, plin a Boca".
¿Se acuerdan del "plin, plin, plin"? Con las apariciones de la Señorita Lee, era uno de los momentos claves de ese programa que quedó grabado en la memoria popular, que reunía a las familias frente a la pantalla del televisor y que difícilmente hubiera funcionado (el juego, y el programa) con otro conductor que no fuera Héctor Larrea. Había algo en el tono (jocoso y jovial, ameno y cómplice) que le daba un cariz único a ese momento en que había que rellenar con una palabra el hueco pícaro que dejaba el tan mentado "plin plin plin" en la oración.
Recordé esa viñeta, y ese juego, mientras leía Héctor Larrea, una vida en la Radio, flamante lanzamiento de Gourmet Musical que se encamina a su segunda edición. El libro de Martín Giménez, entre otras muchas virtudes, ostenta la darle a la lectura una dinámica radiofónica, con cortinas musicales elegidas por el propio locutor y con mensajes de colegas y artistas que, a la manera de oyentes (y en muchos casos, discípulos), profesan una profunda admiración y un sincero agradecimiento.
En paralelo a la lectura evoqué otro chiste. Una tira de Cicuta, el personaje creado por Faruk, el alter ego de Jorge Palacio. Un hombre feliz celebra que empieza un nuevo programa de radio en un horario sensacional, todas las mañanas de nueve a doce. "¿Quién te va a escuchar si al mismo tiempo va Rapidísimo?", responde con celeridad la caricatura venenosa. Era cierto: durante varias temporadas, el clásico programa de Radio Rivadavia tenía al 80 por ciento de la audiencia. Y un staff de humoristas notables que incluía al autor de aquella viñeta.
Y aunque Hetitor fue, es y será sinónimo de radio, me reservo para el final otro rescate televisivo. A mediados de los 90, el gran René Cóspito, célebre pianista de jazz y tango, cumplía 90 años y en un programa que conducía en ATC le armó una fiesta sorpresa (la pueden ver en YouTube). Allí se lo aprecia como notable anfitrión. Está mi viejo, que había organizado un concierto homenaje a René en el ciclo Jazzología; está el periodista Nano Herrera; el trompetista y coleccionista Alfonso Fassi, que aporta un par de reliquias en vinilo; está Estela Líbero, una productora que recuerda que sus primeras citas con su esposo y padre de sus hijos, fueron en las confiterías clásicas donde René Cóspito tocaba standards a la hora del té. Está su hermano, Hugo Cóspito, también artista. Y están Jorge Navarro y Fats Fernández, que a piano y trompeta, unen el "Feliz cumpleaños" con "Struttin´ With Some Barbeque", compuesta por Lil Hardin Armstrong, la primera esposa de Louis Armstrong, en la década del 20. "¡Prendete, che!", le dice Hetitor a René. Y el final, a cuatro manos sobre el piano, es memorable. Gracias por eso.










