
Hillary Clinton, rumbo a 2008
Por Albino Gómez Para LA NACION
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El paso del huracán Katrina, además de la enorme devastación material y la pérdida de tantas vidas, puso en evidencia la incapacidad de la administración de George Bush para enfrentar la crisis, reconocida por el propio presidente. Era obvio que en medio de la debacle política desatada a raíz de ella comenzaran a escucharse nombres para la carrera presidencial del año 2008, y que los más destacados fueran los de Rudolph Giuliani, por los republicanos, e Hillary Clinton por los demócratas.
Todavía se recuerda una de las más famosas frases de Hillary durante la primera campaña presidencial de Clinton: "Si ustedes votan por él, también me tendrán a mí". Y seguramente, si llegase a producirse una primera campaña presidencial de Hillary Clinton, ocurriría lo mismo, sólo que esta vez con inversión de los roles.
Desde un principio, los Clinton fueron honestos con el electorado. El matrimonio se presentó siempre como un verdadero equipo. En ningún momento escondieron sus intenciones: si ganaban las elecciones, Hillary tendría un papel importante en la administración de Clinton. Y realmente lo tuvo, porque nunca antes había ingresado en la Casa Blanca una mujer con un currículum tan impresionante.
Hillary Rodham Clinton ya era entonces doctora en leyes, egresada de la Universidad de Yale con todos los honores. The National Journal of Law, una prestigiosa publicación para los profesionales de la abogacía, consideraba que estaba entre las cien mejores abogadas de los Estados Unidos. Era también la consejera política de más confianza que tenía Bill Clinton y continuó siéndolo durante sus dos períodos presidenciales. Muchos analistas norteamericanos estuvieron convencidos de que sin ella difícilmente él hubiera logrado ser presidente.
Hillary pertenece a la generación de mujeres norteamericanas de clase media que estudiaron en la universidad y comenzaron a trabajar a la par de sus maridos. Su vida ilustra muy bien los cambios que tuvieron lugar en el seno de la sociedad norteamericana tras la rebelión social y feminista que se dio en las décadas del 60 y el 70. Hoy, la mayoría de las mujeres de su edad trabajan y mantienen con sus maridos una relación muy distinta de la que existía entre sus padres.
De hecho, desde un principio, Hillary fue objeto de todo tipo de calificaciones negativas: demasiado ambiciosa, fría, calculadora, metida... La prensa la llamaba "Lady Macbeth de Little Rock" y "la esposa yuppie del infierno". Durante la campaña, tuvo que absorber muchos agravios, pero, como bien lo saben sus amigas y amigos, nunca le importó lo que la gente pudiera decir de ella. Cualquiera que fuere el tipo de crítica que se le hiciera, nunca se lo tomaba de manera personal, porque la verdadera causa, para ella, era siempre política. Y es muy posible que esto haya sido lo que le permitió aislarse del sufrimiento, aun en cuestiones familiares.
Sea como fuere, el equilibrio emocional que demostró siempre seguramente provenía de la estabilidad afectiva y psicológica que, a diferencia de su marido, ella tuvo durante su infancia.
Mientras Bill Clinton fue el hijo de un padre que murió antes de su nacimiento e hijastro de un padrastro alcohólico, Hillary fue la hija de un matrimonio muy unido que la adoraba. Nació en Chicago, Illinois, el 26 de octubre de 1947. Su padre, Hugh Rodham, veterano de la Segunda Guerra Mundial, era un vendedor ambulante que luego trabajó en la industria textil. Su madre, Dorothy Rodham, se dedicaba full time a sus tres hijos: Hillary y los dos varones menores, Hugh y Tony. Y una de sus preocupaciones principales fue la de encontrar un buen lugar para criarlos y educarlos, cosa que lograron, ya que Hillary siempre reconoció haber recibido con sus dos hermanos una educación extraordinaria.
Su interés por la política comenzó a manifestarse abiertamente en el colegio secundario Maine Township. Allí, era conocida por las ideas republicanas y conservadoras que había heredado de sus padres. En 1964, o sea, a los 17 años, apoyó muy activamente la candidatura a presidente del republicano Barry Goldwater, contra la del demócrata Lyndon Johnson. Goldwater perdió las elecciones, pero no es esa derrota lo que explica por qué sólo un par de años después Hillary abandonó el Partido Republicano y se puso a trabajar para los demócratas. Su giro político tuvo raíces sociorreligiosas mucho más profundas.
Hillary iba a la iglesia metodista de su barrio todos los domingos y participaba de manera muy activa en los programas que organizaba el reverendo Don Jones, quien, entre otras actividades de carácter cultural, también llevaba a los jóvenes blancos de su iglesia a los barrios de hispanos y negros de Chicago, para que pudieran intercambiar ideas con ellos, sobre la base de que todos eran iguales. Además, no se cansaba de enseñarles que ser un buen cristiano no significa preocuparse únicamente por su propia salvación personal.
Hillary llegó a la conclusión de que el Partido Demócrata representaba mejor los intereses de los indigentes que el Republicano, cuando se encontraba estudiando en el prestigioso Wellesley College, y concluyó su proceso de conversión en 1968, a los 21 años, apoyando la candidatura a presidente del senador Eugene McCarthy, uno de los candidatos más radicales del Partido Demócrata. En Wellesley, Hillary estudió ciencias políticas, pero quizá lo más importante fue la experiencia que adquirió en el terreno de la militancia y del activismo. Como representante estudiantil, organizó manifestaciones para que pudieran ingresar en los colleges más estudiantes negros e hispanos y también participó en la fundación de la primera asociación de mujeres negras. Paralelamente, trabajaba en Roxbury, un barrio de Boston donde enseñaba a leer a los niños pobres. En aquel momento, había en Boston una gran polémica sobre las dificultades que tenían los negros para votar. Hillary y sus amigos participaron en la redacción de un diario para la comunidad negra e integraron grupos de activistas que coordinaban la militancia política interuniversidades: Harvard, MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts) y Wellesley College.
Años después, en la Escuela de Derecho de Yale, ella utilizaría su experiencia en militancia adquirida en Wellesley para participar en todo tipo de luchas, pero su rebelión no era anárquica. Al mejor estilo Hillary, era metódica y racional.
En un famoso discurso que pronunció en el Wellesley College el día de la graduación, explicó lo que habían sido los cuatro años de la guerra de Vietnam, el asesinato de Martin Luther King, el de Robert Kennedy y el incendio de las ciudades. Su discurso tuvo tanto impacto en la audiencia, que la revista Life reprodujo luego un extracto con su foto.
Todo lo demás es historia muy reciente y conocida, pero vale la pena señalar que si algo logra el libro de Klein es exponer hasta qué punto los sectores más conservadores de los Estados Unidos están preocupados por la posible candidatura de la senadora Clinton en 2008, la primera mujer que podría asumir la presidencia de los Estados Unidos, tal vez por su capacidad de rechazar apasionadamente -como siempre dijo- "toda noción de límites a nuestra capacidad para hacer del mundo un lugar mejor".





