
Hombres y armaduras
1 minuto de lectura'
Para muchos argentinos, el Caballero de la Armadura Oxidada es ya un antiguo conocido. ¿Qué sabemos de él? Lo suficiente para valorar la importancia de no encerrarnos en nuestros prejuicios y de abrir los ojos a lo nuevo, a lo extraño, a lo desconocido, con el fin de que la realidad se nos revele en toda su riqueza y en todo su esplendor.
Los héroes literarios han sido, con frecuencia, prominentes viajeros. En la literatura tradicional, el mito del viaje -iniciático, revelador o vinculado con el autoconocimiento- suele ocupar un lugar descollante. Ulises o Don Quijote le deben su gloria, como nadie ignora, a esa fuerza interior incontenible que los lanzó por mares o caminos.
Pero así como hay héroes, hay antihéroes. A esta última categoría pertenece, sin lugar a dudas, el Caballero de la Armadura Oxidada. Repasemos un poco su historia. Hace ya mucho tiempo, vivía en una tierra muy lejana un hombre que se sentía llamado a luchar por los más altos ideales y se consideraba a sí mismo un ser noble y generoso. Para poder servir mejor a las buenas causas, se había procurado una armadura brillante, reluciente, que cubría enteramente su cuerpo.
La armadura lo protegía eficazmente de sus enemigos, pero también lo aislaba de sus amigos y, especialmente, de sus seres queridos. Un día descubrió que la armadura estaba oxidada y que ya no podía salir de ella. En su obsesión por defenderse de sus adversarios, se había convertido en un prisionero de sí mismo.
Abandonado hasta por su familia, emprendió un largo viaje en busca del magoMerlín, el único ser que podía llegar a librarlo de su asfixiante armadura. Sin saberlo, estaba viajando, en realidad, al fondo de sí mismo. Cuando llegó a la cima de la Verdad, lloró de alegría. Había perdido el miedo a lo desconocido. Y, sobre todo, había vuelto a ser un hombre libre, iluminado por el amor.
La breve novela "El Caballero de la Armadura Oxidada" ("The Knight of Rusty Armour"), del escritor norteamericanoRobert Fisher, ha figurado durante trece semanas seguidas en los primeros puestos de la lista de los libros de ficción más vendidos en Buenos Aires. En tres ocasiones figuró en el tope de la nómina; otras veces apareció en segundo o en tercer lugar.
Que un libro comprometido con la defensa de valores esenciales -la libertad interior, el autoconocimiento, el amor- concentre el interés de nuestros lectores en tan significativa medida constituye un dato estimulante.
Quienes se dejan atrapar por esta fantasía adulta -como se la ha llamado- difícilmente eludirán una reflexión sobre el valor de lo simple, de lo que sólo apunta a tocar las fibras del sentimiento con certeros golpes de emoción y hasta de humor. No en vano RobertFisher fue, alguna vez, guionista de Groucho Marx y de Red Skelton. El humor -ya se sabe-- hace buenas migas con la poesía.
Vale la pena asomarse a este libro simple y aleccionador, que no supera las 93 páginas y que está ya incorporado -como "El Principito", de Antoine de Saint-Exupéry, por citar un antecedente ilustre- a ese género de obras de vasta difusión cuya principal virtud es despertar las potencias dormidas que todo ser humano alberga en su interior y poner en movimiento su vitalidad transformadora.
Sacarse la armadura de encima es algo más que liberar los brazos y las piernas: es abrir el alma y el pensamiento a nuevos horizontes, a nuevos mundos, a nuevas maneras de sentir y de pensar. Los hombres y los pueblos deberían esforzarse por vivir esa experiencia fundamental, que los ayudaría a conocerse mejor a sí mismos y a romper las barreras del miedo, que entumece el alma y oxida el cerebro.




