
Hull, la ciudad que se niega a festejar
La crisis, el rechazo al derroche oficial y un sentimiento antimonárquico de larga data se combinan en esta localidad del noreste británico, donde el día 29 la consigna será aburrirseJosefina SalomónPara La Nación
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Gran Bretaña tiene fiebre. Fiebre de boda real. Aquí no hay forma de escapar a este virus que, a pocos días del evento del que se habla desde hace semanas, acapara todo.
Segmentos enteros de los noticieros locales dedicados a discutir menú, ropa e invitados, documentales enfocados en la familia de la novia, enormes listas de souvenirs de todo tipo, debates sobre la importancia del casamiento real en medio de la peor crisis económica que Gran Bretaña vive en décadas.
Miles de personas en cada rincón del país ya han pedido permiso a sus municipalidades para cortar calles y celebrar al estilo local, con té, sándwiches de manteca y pepino y scones el próximo viernes 29 de abril, que ha sido declarado feriado nacional.
Pero hay una ciudad que se niega al contagio. Hull es la única ciudad de Gran Bretaña en la que la municipalidad no ha recibido ningún pedido para organizar una fiesta popular en celebración de los futuros reyes.
La ciudad de Hull (Kingston-upon-Hull, como es conocido formalmente), ubicada en el noreste de Inglaterra, es una ciudad fría, pequeña y, como el resto del norte de Gran Bretaña, se ve azotada por una crisis económica que hace estragos en la población local desde hace varios años.
Hull sufrió particularmente durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el 95 por ciento de las casas fue destruido por los bombardeos alemanes y más de 1200 personas murieron. Según los historiadores, la guerra además dejó una fuerte consciencia sobre el gasto público.
Con 260.000 habitantes, una universidad y equipo de fútbol de la liga B, Hull no suele ser tema de discusión a nivel nacional. Es que en Hull no pasa demasiado.
Desde hace algunas semanas, sin embargo, la ciudad se ubicó en el centro de un debate nacional que tiene como disparador la fiesta real, pero que refleja un profundo descontento con una de las instituciones más poderosas de este país.
En una nota publicada en el matutino The Guardian , el músico Paul Heaton, oriundo de Hull, dijo: "La gente en Hull tiende a ver con malos ojos los gastos innecesarios. El haber vivido ahí durante más de 20 años me enseñó a nunca hacer alarde del dinero que pudiera tener. Muchos en la zona van a ver la boda real como una de las peores formas de derroche".
"Personalmente, la única vez que celebre cualquier cosa que tenga que ver con la monarquía será cuando alguno de ellos muera. Pero no creo que todos los ciudadanos de Hull sean tan antimonárquicos como yo. Creo que la razón por la que nadie en esta ciudad quiere organizar una fiesta en la calle es una mezcla de indiferencia y sospecha hacia la autoridad".
Los comentarios publicados por cientos de ciudadanos en Hull en foros de discusión reflejan ampliamente las opiniones de Heaton.
En Hull, se espera que el día 29 la gente exprese lo que piensa de la fiesta más controvertida del año de la mejor forma en la que saben hacerlo: aburriéndose.
No solo en Hull
Según Graham Smith, jefe de campañas de Republic, la organización británica que trabaja por el fin de la monarquía, lo que ocurre en Hull es sintomático de un sentimiento antimonárquico más generalizado en el país.
"Lo que vemos en Hull no es una sorpresa. De hecho, un tercio de las municipalidades en Gran Bretaña no ha recibido ninguna solicitud para festejar la boda real", dijo Smith a Enfoques.
"Creo que hay una indiferencia general con respecto al tema de la monarquía. La gente tiene muchas otras preocupaciones en este momento. El gobierno les dice que tienen que celebrar el casamiento de dos jóvenes que están en el poder solo porque pertenecen a una institución poderosa. La gente tiene otras cosas que hacer. De hecho, con esta cuestión de la boda, hemos visto un aumento en la gente que apoya nuestra causa republicana y democrática".
Sin embargo, algunos en Hull aseguran que en realidad no existe un ánimo antimonárquico, y que la ausencia de festejos responde a una falta de comunicación social más generalizada.
"Creo que la única razón por la que habrá menos festejos aquí es que la gente es indiferente. Como en todos lados, hay gente que está en contra de la monarquía, algunos a quienes les gusta y otros que no tienen opinión. Creo que la gente no organiza fiestas porque muchos no conocen a sus vecinos ni se sienten parte de la comunidad, como sucedía en otros tiempos", dijo a Enfoques Paul Johnson, editor del diario This is Hull. "Habrá que ver qué pasa el 29 -agregó- ¡pero lo que es seguro es que todos, aun en Hull, estarán felices de tener el día libre!".




