Ideología, ¿dónde estás?

Daniel Della Costa
Daniel Della Costa LA NACION
(0)
1 de octubre de 2009  

Hoy, acaso como nunca, circular por la Capital o salir a la ruta se ha convertido en un albur. Y el automovilista o el pasajero al que, de pronto, sorprende un piquete, imperturbable ante todo reclamo, aún el más obsceno y que en mayor medida compromete la honestidad de la madre o de la hermana del piquetero, ¿a quién maldice? A este gobierno izquierdista que no manda los cosacos ni les hace pagar con cárcel y cadenas su cerril obstinación. Mientras que, del otro lado, los cortadores de calles y caminos, también tiran la bronca acusando al gobierno de derechista cuando, como les ocurriera recientemente a los cesantes de Terrabusi, fueron reprimidos y atacados con saña por la policía montada.

Se trata de simplificaciones de gente enojada, a las que ha contribuido y contribuye el mismo Gobierno. Porque, vaya por caso, nadie podía dudar del carácter conservador del beligerante gobierno de G.W. Bush. Tampoco puede llegar a confundirse nadie con el socialismo gris y melancólico que impera en Cuba. En cambio el gobierno de los K resulta, ideológicamente, tan enigmático como impredecible. Por lo que hoy, si decide enfrentar a los revoltosos, puede deberse a que esté respondiendo a presiones de Estados Unidos o de la CGT. Y si opta por hacer la vista gorda, como en tantos otros casos, acaso sea porque su setentismo ha vuelto a la superficie o a que subsiste en él el temor a que la Federal haga un zafarrancho y, como le ocurriera a Duhalde, deba abreviar sus días en la Jaula Rosada.

Lo que obedece al carácter indefinible de este gobierno tan particular. Porque, eso está claro, no está embanderado ni con la izquierda radical ni con la derecha ominosa; tampoco, ni por pasteles, se lo puede definir como progre, pirucho o radicha, aunque en algún momento de su gestión o de sus vidas personales, ayer, hoy o tal vez mañana, lo hayan sido, lo sean o lo vayan a ser. Porque así como se abrazan con Chávez y Fidel y pretenden marcarle la cancha a Estados Unidos y al FMI, la Presidenta anda a los abrazos con Obama y mangueando para llegar a fin de mes ante los foros internacionales. Y, acaso suprema contradicción, mientras saca la mano para girar a la izquierda y maldice a los oligarcas, como Perón, la familia presidencial y los amigos que el oro le produjo prometen constituirse en la nueva plutocracia nacional a través de las obras públicas, las nacionalizaciones y los buenos negocios.

En este contexto tan extraño, de inasible pertenencia ideológica, de atrevida improvisación, de oportunismo visceral, ¿a quién y cómo reprocharle una actitud, un desplante, siendo como es, tan difícil, acertar si están con Ayn Rand, con Bakunin o con Pepe Mujica? Cuando es archisabido y está demostrado, a estas alturas de la soirée , que sus planes, si es que los hubo alguna vez, no responden a nada prefijado sino a la más absoluta repentización atribuida a un hombre que, sin cargo alguno, representa, sin embargo, la clave del poder. Por lo que hoy pueden reprimir una manifestación, si es que les da por ahí, y mañana hacer la vista gorda ante el asalto a una comisaría o el saqueo de supermercados chinos, sin afectar para nada su coherencia.

"Maestro -dijo escandalizado el reo de la cortada de San Ignacio-, ¿usted vio la foto de Obama abrazando a la Cristina? Si alguien hubiera agarrado así a la finada, le juro que le doy un ñoqui. ¿O será que Lupin tiene sangre de pato?"

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.