Inseguridad y espacio público
Por Berardo Dujovne Para La Nación
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El sentimiento de inseguridad de la población de la ciudad de Buenos Aires es un tema que de un tiempo a esta parte tiene un amplio espacio en los medios de comunicación. En los debates y discusiones, suele asociarse el incremento de esa sensación con el aumento del número de crímenes y delitos derivados, en la generalidad de los casos, de una situación socioeconómica cada vez más crítica. Desocupación, empobrecimiento, recesión y exclusión social son factores que propician un aumento de la ilegalidad y de los delitos.
Podemos considerar que estas cuestiones, que están indudablemente vinculadas con el aumento de la delincuencia, no son la única causa, como tampoco tienen que ser el único foco al cual debe apuntarse para solucionar el problema de la inseguridad. Las configuraciones físico-espaciales de las ciudades tienen sin duda relación con esta problemática, aunque habitualmente no son tenidas en cuenta a la hora de pensar en acciones necesarias para aportar soluciones a la cuestión.
òltimamente las calles se han convertido en el escenario de la actividad delictiva y, como consecuencia, los espacios públicos en general son percibidos por la población como lugares inseguros.
Hasta el presente, diversas son las actitudes que la población ha adoptado para superar de alguna manera esta sensación. Se ha tratado en general de respuestas individuales y de carácter privado, que tienden a aumentar la fragmentación social creando "sistemas de guetos" en los cuales se utiliza policía privada y, fundamentalmente, se distorsiona el concepto de espacio público desvirtuando su rol como espacio de integración social. Privatizando el espacio público, e intentando crear con ello "enclaves seguros", contrapuestos a un "afuera" desprotegido.
Respuestas individuales
Estas acciones, mientras se mantengan dentro del área protegida, ayudan a disminuir la inseguridad de la población que puede acceder a ellas, pero a su vez tienden a configurar un espacio público cada vez más diferenciado, generándose enclaves que aumentan la fragmentación del espacio público en detrimento de aquellos que no cuentan con recursos para pertenecer a los mismos. ¿Acaso crear zonas protegidas de acceso restringido no genera mayor inseguridad en el resto de la ciudad?
Estas respuestas individuales son la salida que la población ha encontrado ante el desamparo que siente por parte de un Estado que hasta ahora no ha brindado respuestas satisfactorias a las demandas en este sentido.
Los espacios públicos son los espacios que caracterizan y definen la ciudad, que definen su identidad, y son el lugar en donde sus habitantes se manifiestan socialmente. Por esto entendemos que la calidad de los espacios públicos está directamente relacionada con la forma en la cual estas actividades se desarrollan.
El proceso de fragmentación socioeconómica encuentra su correlato en un espacio público cada vez más inseguro, en donde los ciudadanos son cada vez más vulnerables, no sólo frente al delito sino también ante diversos tipos de riesgos. En definitiva, podemos considerar que actualmente se manifiestan en el espacio público los conflictos sociales derivados de las desigualdades.
Por eso el espacio público debe brindar seguridad a los ciudadanos en sentido genérico, lo que no implica solamente protegerlos de los delitos, sino que se debe considerar además que la seguridad tiene que ver también con la calidad de la prestación de servicios que se ofrecen en la vía pública.
La seguridad que buscamos es aquella que implica un espacio público no segmentado, que brinde la misma calidad a todos los ciudadanos y que no tienda a conformar guetos protegidos en un entorno de gran inseguridad y violencia. Ya que por más que se intenten salidas individuales para aislarse de ese entorno de inseguridad, éstas no dejan de ser transitorias y ficticias, dado que la ciudad se estructura a partir de los intercambios que se producen socialmente en el espacio público.
En este sentido, entendemos el espacio público como un bien común a todos sus ciudadanos, y que es la base para recuperar el derecho a la ciudad que tienen todos sus habitantes. Derecho que se manifiesta mediante el libre acceso a este espacio y a los servicios que en él se brindan.
Desde esta perspectiva entendemos que la calidad del espacio público se convierte en un tema importante para resolver la cuestión de la inseguridad.
Cabe preguntarnos si determinadas configuraciones del espacio público no tienden a conformar lugares más inseguros, y si el mejoramiento de este espacio común no implica brindar a los ciudadanos de Buenos Aires una ciudad más segura, en donde todos puedan ejercer libremente su derecho a la ciudad.
Para revertir esta tendencia debemos promover la generación de un nuevo concepto de calidad de espacio público que sea capaz de competir con la oferta de espacios privados, pero con la ventaja de ser espacios para todos, lo que le conferirá un enriquecimiento social y cultural invalorable.
Procesos exitosos
Las ciudades que viven procesos exitosos en el mundo social y ambientalmente sustentables, como Barcelona, Nueva York, París o Berlín, han basado sus estrategias urbanas en una fuerte apuesta al espacio público.
Dado que los fenómenos físico-urbanos poseen una enorme inercia, es necesario iniciar urgentemente una política de puesta en valor de los espacios públicos urbanos para poner freno a la tendencia a la "guetificación" territorial que se está dando en la ciudad.
Debemos considerar el espacio público como todo aquel espacio que es de dominio y responsabilidad públicos y de libre acceso y tránsito para toda la comunidad.
El espacio público debe contener y brindar sensación de seguridad a la población, y con ello ofrecer un conjunto de factores asociados a la calidad de vida de los ciudadanos que lo transitan.



