
Javier Belloni, el intendente de El Calafate que devino en cristinista y sueña con la gobernación
Mientras busca la bendición presidencial para dar el salto político, sus oponentes recuerdan que su nombre quedó asociado a un turbio caso policial
1 minuto de lectura'

Es el intendente a cargo del refugio preferido de Cristina Kirchner. Y es, sobre todo, su chofer cada vez que la Presidenta viaja a El Calafate. No le importa ir a buscarla al aeropuerto cada vez que ella se lo pide. Todo lo contrario: siente que, siguiendo esa estrategia, crecen sus chances de transformarse en su delfín para la gobernación de Santa Cruz.
Es que "Javi", como todos le dicen a Javier Belloni en su terruño, no hace más que continuar con una vieja tradición de su antecesor, Néstor Méndez, quien también oficiaba de chofer, pero en su caso de Néstor Kirchner.
En 2007, Belloni sucedió a Néstor Méndez, que estuvo 12 años al frente de la intendencia y que se hizo famoso por el escándalo de la venta de terrenos fiscales, a $ 7.50, a los Kirchner y sus amigos en el poder.
Hace ocho años que está al frente de la comuna, a pesar de que, a fines de los noventa, su nombre quedó asociado a uno los policiales más electrizantes de la ciudad. El actual intendente, que entonces era un "chico bien" del pueblo, fue involucrado por la Justicia en un caso similar al de María Soledad Morales, pero del lado de los victimarios. La diferencia con el thriller político que cambió para siempre Catamarca es que, en el de El Calafate, nadie fue preso.
En 2011 fue reelegido y arrasó. Lo consiguió con el 64 por ciento de los votos, el doble que en 2007. Antes había sido concejal. Y hace más de un año se autoproclamó precandidato a gobernador por el Frente para la Victoria. Lo único que le falta -igual que a los presidenciables a nivel nacional- es la "bendición" de Cristina.
Durante la última Fiesta Nacional del Lago, en febrero pasado, no perdió el tiempo. El despliegue de "Belloni 2015" inundó las calles, ante miles de turistas. "Se largó solo", murmuran en el FPV. Pero el intendente, de 44 años, casado y con cuatro hijos, no se amilana. Por ejemplo, en Río Gallegos ya hay pintadas donde se promociona su candidatura a gobernador con letras naranja, el color emblemático de su gestión.
A 300 kilómetros de Río Gallegos, la ciudad que alberga al Glaciar Perito Moreno vive un boom turístico e inmobiliario. En once años de kirchnerismo, El Calafate se fue transformando en un nuevo polo de atracción, no sólo para los extranjeros, sino también para los inversores.
El crecimiento fue exponencial y los números así lo demuestran. Si en los noventa lo visitaban 50.000 turistas al año, hoy lo hacen 300.000. También aumentó su población estable. En 1997 era un pueblo de 1700 personas, según el censo, mientras que hoy cuenta con 20.000 habitantes permanentes. Pero a partir de 2008, la construcción se frenó y el crecimiento, desordenado, dejó a los lujosos hoteles conviviendo al lado de barriadas humildes.
El intendente también se dedica al turismo: su familia gerencia la hostería Yamile, a cuatro cuadras del centro calafateño. "Ha tenido una administración prolija -dice un político local, que lo conoce bien-; su gestión está marcada por el embellecimiento de la ciudad, parques, jardines y avenida de ingreso."
En el Sur, la gente dice: "El Calafate no es Santa Cruz". La frase significa que esa prosperidad de exportación está muy lejos de las restricciones que sufre el resto de la provincia. La pelea de Cristina con el gobernador Daniel Peralta provocó que, a partir de 2012, el gobierno nacional empezara a girar partidas especiales hacia los municipios "amigos" castigando a los "enemigos", encolumnados con el díscolo mandatario santacruceño.
Ese vaivén explica la gestión de Belloni, recargada con fondos del turismo y de la Nación. Y ésta es la vidriera que ahora pretende usar para dar un salto más arriba.
Sombras en el pasado
Lo único que podría complicar su sueño de convertirse en gobernador (o vice) es su propio pasado. Es que la villa de montaña que gobierna oculta las huellas de un crimen. Un crimen que podría salpicar su carrera política.
La víctima se llamaba Gabriel Hueicha, nacido y criado en la Patagonia, igual que sus ancestros tehuelches. Tenía 22 años cuando lo mataron, una novia de 15, Lorena, y una hija de 22 días, Ayelén.
Todo sucedió cuando Belloni tenía 26 años. Una noche que había salido con sus amigos Mario Maldonado, Mauricio Barría y Pablo San Pedro, se encontraron con los Hueicha, Gabriel y su primo Marcelo. Hubo una pelea por chicas. A Gabriel lo remataron con una camioneta F-100. A Marcelo le destrozaron un ojo, pero logró sobrevivir. Más tarde, se convirtió en barrendero del pueblo.
¿Y los agresores? "Esos hicieron carrera política y uno es intendente", asegura uno de los abogados que intervinieron en el caso. Álvaro De Lamadrid, dirigente del radicalismo local que también fue denunciante de Méndez por el asunto de los terrenos, sostiene la misma versión: "Hubo presiones políticas y aprietes para que los sospechosos quedaran libres. A la familia Hueicha, con tal de mantenerla callada, le ofrecían todo: plata, cargos políticos".
"Fue el policial emblemático de aquí", explican los periodistas locales. "Fue, claramente, una historia de chicos cercanos al poder y una víctima de bajos recursos. Se dice que hubo pactos, que se falsificaron pruebas para que los sospechosos quedaran libres. En esa época gobernaban los Kirchner, que siguieron el caso con todo detalle", dicen periodistas independientes de El Calafate. También denuncian que el aparato político local operó sobre la justicia santacruceña para exonerar a los cuatro implicados.
Sin haber hablado jamás del asunto, Belloni parece contento por estos días. Y tiene sus razones. A pesar de las tensiones entre el FPV y la línea del peronismo comandada por Peralta, ambos sectores acaban de acordar la reforma de la ley de lemas. Eso significa que el Frente para la Victoria podría llevar más de un candidato en las elecciones de 2015 y que, sumados, todos traccionarían para el kirchnerismo.
El nombre de Alicia Kirchner cotiza en Santa Cruz. Por eso no son pocos los que especulan con una posible fórmula Alicia-Belloni, por el FPV y Peralta por el PJ. Todo sea por impedir que el candidato radical Eduardo Costa se quede con la provincia.
"Belloni se inyectó sangre de Néstor y de Cristina", suele decir, con algo de resentimiento su antecesor, Néstor Méndez. La frase ácida apunta a recordar que, años atrás, el intendente había sido un peronista típico pero que luego fue mutando hacia un cristinismo furioso.
La tarde en que la Justicia allanó la sede de Hotesur en CABA, en noviembre pasado, Belloni pasó a buscar a la Presidenta. La llevó a las obras del Anfiteatro del Bosque y le organizó una ronda con militantes, para que se fotografiaran con ella.
A mediados de febrero, cuando inauguraron juntos el Anfiteatro, devino en anfitrión de lujo en la Fiesta del Lago. El mismo lago en el que, dieciocho años atrás, agonizaba un joven pobre, cuya muerte todavía no encontró justicia ni verdad.





