Jesús Andreu. "La integración europea no es un proyecto fallido; la actual crisis es de crecimiento"

El director de la Fundación Carolina defiende la colaboración internacional y la jerarquía global de la lengua española, y asocia el surgimiento de Podemos a "una izquierda que se está reinventando"
Diana Fernández Irusta
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15 de marzo de 2015  

Crédito: Diego Spivacow/AFV

"Se trata de venir de vez en cuando, sobre todo para ver las caras de las personas", dice, con tono jovial, Jesús Andreu, director de la Fundación Carolina y cultor de esa conexión constante, vía redes sociales, mail y teléfono que, en su caso, lo tiene en permanente vínculo con la Argentina. La institución que preside, de financiamiento público-privado y abocada a brindar becas de posgrado a estudiantes iberoamericanos, tiene una sede en nuestro país y ha mantenido su política de colaboración internacional con América latina pese a los embates de la actual situación europea.

Andreu, licenciado en derecho por la Universidad Complutense de Madrid y funcionario del Cuerpo superior de administradores civiles del Estado español, desarrolló toda su carrera en el ámbito de las relaciones internacionales. Es un optimista confeso, y con esta actitud descarta de plano cualquier posibilidad de ruptura en la Unión Europea: "La actual crisis es una crisis de crecimiento, pero eso no significa que la integración europea sea un proyecto fallido", dice. En relación a la emergencia de nuevas fuerzas políticas como el ascendente Podemos, considera: "Hay una crisis de la izquierda europea, que no ha sabido adaptarse a los cambios. La izquierda se está reinventando". Asimismo, se confiesa admirador de los países sajones y comenta: "Tendríamos que aprender de su respeto por la sociedad civil y el esfuerzo individual. Y ellos tendrían que aprender de nosotros la defensa de la solidaridad".

-Frente a una crisis económica como la española, imagino que las iniciativas de cooperación internacional deben haberse resentido. ¿Cómo sortearon esta situación?

-La Fundación Carolina se crea en un momento de gran expansión económica en España y Europa, en 2000. Se inicia con un gran presupuesto, en parte público y en parte privado; es una alianza público-privada en pos de la educación. Llegó a tener presupuestos realmente abultados, y gracias a eso pudo encarar iniciativas que no estaban en los principios fundacionales. Pero cuando llega la crisis los aportes del Estado se ven muy reducidos. Los de las empresas también, aunque no tanto. Así que tuvimos que hacer algunos replanteos. Volvimos a los principios fundacionales, nos centramos en las cosas que realmente siempre hicimos muy bien y en las que somos únicos, sobre todo nuestro programa de becas de posgrado y doctorado para estudiantes latinoamericanos. Hicimos una fundación más centrada en lo primordial, más pequeña, más ágil y más eficaz. Pero nunca hemos dado menos de 500 becas, incluso en 2012, cuando se produce el gran corte de aportes estatales. Pasamos de un 60% de financiación pública a un 40%. La crisis, asimismo, nos hizo despreder de ciertas inercias. Si uno tiene mucho dinero y sobredimensiona los equipos, se puede producir una hipertrofia. Pienso que, así como uno se puede equivocar en situaciones de bonanza, de las situaciones de crisis también se pueden sacar cosas buenas.

-¿Cómo distinguiría los beneficios y las posibles dificultades de los empredimientos de gestión público-privada?

-Es que no veo ninguna contraindicación. No sé por qué en América latina, así como en los países mediterráneos, tenemos esta especie de miedo a lo privado y esa suspicacia enorme sobre los motivos que llevan a un empresario a ayudar en cierta tarea. Que las empresas den su dinero para lograr determinado objetivo colectivo, haciendo que no todo lo tengan que aportar los ciudadanos a través de sus impuestos: porque a veces parece que pensáramos que el dinero público es dinero de nadie. Pero es nuestro dinero, el de nuestros impuestos, que debe aplicarse a cosas positivas. Ahora, si además el capital privado puede ayudar... En el caso de nuestra fundación, está claro que es un proyecto que beneficia al pueblo español y enriquece a las sociedades iberoamericanas. Nuestra intención es que las personas que participan de nuestras becas se conviertan en una suerte de embajadores ciudadanos de España cuando regresen a sus países. Ellos llegan a conocer en profundidad la sociedad española. Y es bueno que comuniquen este tipo de experiencia en sus países. Tenemos ya una red de 15.000 embajadores jóvenes en toda Iberoamérica.

-Un buen argumento para defender la inversión en este tipo de colaboración internacional...

-Un país, cuando se enfrenta a una crisis, debe elegir. Y dedicarse a lo más importante. Afortunadamente en España tenemos una red de asistencia consolidada, un estado de bienestar que no deja caer así como así a las personas. No hay que olvidar que los gastos sociales en medio de una crisis aumentan, y los ingresos vía impuestos disminuyen, por lo que hay que quitar dinero de sitios que no se consideran imprescindibles. Nosotros fuimos solidarios desde un principio, porque comprendimos que teníamos que hacer el mismo esfuerzo que estaba haciendo el resto de los españoles. Nos adaptamos y hasta sacamos ventajas de la situación de dificultad. Creo que la fundación salió muy reforzada de toda esta experiencia.

- En un artículo publicado recientemente, Ud. equipara la lengua española a un "activo" político-cultural e incluso propone cierta "coordinación panhispánica" para fortalecer el capital simbólico de nuestro idioma. ¿Dónde radicaría la mayor competitivad del español?

-Las industrias culturales son un activo muy importante en el PBI de los países. La cultura también produce riqueza material. Una lengua como la española, que es la segunda en el mundo, que tiene una presencia fundamental en las redes sociales y que puede mirar cara a cara al inglés sin ningún problema, evidentemente tiene un activo económico muy importante. Y nosotros tenemos que seguir fomentando el uso y la expansión de nuestra lengua. Porque eso tiene impacto económico.

-¿Qué papel le toca a la población hispanohablante de los Estados Unidos en todo este panorama?

-El segundo país hispanohablante del mundo es Estados Unidos. La gente a veces se olvida de esto. El primero es México y el segundo, por delante de España, es Estados Unidos. En la Fundación Carolina tenemos un trato constante con los hispanos de los Estados Unidos, un programa que se llama Líderes hispanos de Estados Unidos, por el cual llevamos todos los años a un grupo destacado de hispanos a hacer un programa de inmersión en la cultura, la política y la economía españolas. Notamos que una de las señas de identidad de esta comunidad es el orgullo que sienten por su lengua. Evidentemente, no son latinoamericanos; son ciudadanos estadounidenses, de los más diversos orígenes. Pero están unidos por la lengua. Una cosa curiosa: si reuniésemos, 20 o 15 iberoamericanos de todos los puntos cardinales y, supongamos, quisiéramos hacer un coro, habría decenas de canciones comunes. Se trata de una comunidad emocional y, sobre todo, una comunidad que sería imposible sin la lengua común. Por eso pienso que nuestro idioma común no es un tesoro inmaterial; es un tesoro material.

-¿La crisis que hoy atraviesa Europa es sólo económica o también es cultural?

-Es que niego el presupuesto. Creo que en muchos países, por intereses políticos y estratégicos, se está percibiendo con cierto prejuicio una crisis en la Unión Europea mucho mayor de lo que realmente hay. Europa se ha ido construyendo a golpes, satisfacciones y decepciones. Es un crisol de lenguas y culturas diferentes, con unos niveles de renta muy distintos entre unos países y otros. Y un proceso de acuerdo siempre es muy difícil. Pero bueno, ése es el gran éxito de la Unión Europea, que se construye muy poco a poco, con mucho esfuerzo. Pienso que en ningún país hay un movimiento antieuropeísta que sea verdaderamente fuerte. Son movimientos minoritarios. Incluso los partidos de extrema derecha: cuestionan muchas políticas europeas, ciertas políticas económicas, de inmigración? pero no veo que realmente propongan que sus países se salgan de la Unión. En cualquier caso, son movimientos aislados. En lo que hace a España, no hay ningún partido antieuropeísta. Todos tienen su propia idea de Europa, pero eso es lógico: todos tienen su propia idea de España, también. En Alemania hay valgunas oces, pero realmente son escasas? No creo que la idea de Europa esté en crisis. Es verdad que es un proceso difícil, pero no hay que olvidar que se consiguió una ciudadanuia común, se abolieron las fronteras, las personas puedan circular libremente, tenemos el mismo pasaporte: un logro de países que hace muy poco tiempo provocaron dos guerras mundiales, estaban desgarrados por la violencia y todo lo resolvían a fuerza de modificar fronteras, de invasiones y dolor. Pues hombre, consideranto todo esto, creo que hablar de ciris es arriesgado. Soy un gran defensor de lo europeo, y como mucho podría aceptar que estamos en una crisis de crecimiento. Pero no creo que Europa sea un proyecto fallido.

-En este marco, ¿cómo observa las acciones de Podemos?

- Podemos es una caso especial porque yo particularmente, y creo que también la mayoría de los españoles, no sabemos lo que quiere, al menos sobre la mayoría de las cosas. Es un partido muy reciente, en construcción, que dice que no es ni de izquierda ni de derecha, cosa que no sé exactamente cómo traducir. Es un partido que todavía no tiene un programa concreto sobre muchos temas, pero que en ningún momento ha dicho que sea antieuropeísta ni que quiera salir de la Unión Europea. Habla de otra construcción europea, de una Europa social, de los ciudadanos? no dice tampoco cómo se puede conseguir esa Europa.

-Hace unos días, Nicolás Maduro dijo, en tono irónico, que si se presentaba a elecciones en España, ganaría. ¿Qué le pareció esa expresión?

-Creo que todo esto tiene que ver con la crisis de la izquierda europea. El mundo ha cambiado mucho, y la sensación es que la izquierda no ha sabido adaptarse a los cambios. La izquierda se está reinventando y hay personas dentro de esa izquierda que no se sienten a gusto con los partidos tradicionales. Entre ellos ha surgido este nuevo movimiento que efectivamente ha tenido mucha colaboración con Venezuela, que ahora ellos matizan y desde luego aclaran que nada tiene que ver España con Venezuela. Si desde Podemos y todas las fuerzas políticas dicen que España no es Grecia, es evidente que España tampoco es Venezuela.

-¿Qué le toca a la sociedad civil en todos estos procesos?

-Soy un gran fan de la iniciativa privada, individual. Admiro a los países anglosajones, esa sociedad civil capaz de mantener museos, orquestas, hospitales; capaz de aportar tanto con su propio esfuerzo, sin confiar en exceso en el Estado. España es un caso muy claro: queremos que el Estado haga muchas cosas sin darnos cuenta de que también nosotros, la sociedad civil, somos parte de ese Estado. Habría que impulsar una ciudadanía más educada, responsable, que haga más cosas por los demás, y tenga más iniciativa privada. Lo que decía Kennedy: ciudadanos que, más que plantearse lo que el Estado puede hacer por ellos, se pregunten qué pueden hacer ellos por la sociedad.

-¿Qué opina sobre la supuesta "ineficiencia" de los países del sur de Europa frente a la "eficacia" sajona y germana?

-Hay quien dice que la culpa la tiene la religión; que las diferencias sobre el ahorro y el dinero del catolicismo frente al protestantismo y el calvinismo lo cambian todo. A mí no me gusta demonizar ni idealizar ninguna sociedad. Por eso no me parece admirable cierto olvido del sistema sajón hacia el más necesitado, o la tendencia a culpabilizar a las personas a las que no les ha ido bien en la vida. Pero tampoco me parecen admirables nuestras socieadades, con su exagerada confianza en el Estado o la falta de iniciativa privada. Pienso que todos podemos aprender de todos. Lo que tiene que ver con las fuerzas del individuo frente al Estado es un ejemplo a seguir. Pero ellos también tienen mucho que aprender de nosotros en solidaridad. Ahora, en España, el peso de las familias, los amigos y el entorno social en la ayuda a la persona que lo necesita ha sido fundamental.

Un futuro posible, según Andreu

¿Cómo jerarquizar el lugar de la lengua española dentro de la diplomacia global?

Considero que una de las cosas más importantes para poner a la lengua española, que es la número dos en el mundo, en un lugar de mayor jerarquía, sería replantear su posición en todas las instituciones internacionales. En las instituciones europeas , por ejemplo, España llegó tarde y el peso de su idioma no es tan importante en el continente europeo como lo es en América latina. En el lenguaje diplomático hay una preponderancia histórica del francés, tanto en Europa como en Naciones Unidas. Porque si bien es verdad que dentro del sistema de la ONU el español es una lengua importante, no lo es en la Secretaría General. Me parece de suma importancia asumir que debemos defender nuestra lengua, y ese patrimonio inmaterial que se ve en la literatura, en las artes y el pensamiento, pensarlo también en el mundo de los negocios y reivindicarlo en las instancias de la política y la diplomacia internacionales. De este modo, estaríamos adecuando su importancia cultural con su importancia política.

Mano a mano

Diplomático y optimista a toda prueba

"Es verdad que siempre trabajé en asuntos diplomáticos, aunque no pertenezco a esa carrera", comenta Jesús Andreu, el director de la Fundación Carolina, que, jovialidad y optimismo a toda prueba, aceptó llevar la charla más allá de los temas estrictamente ligados a la institución que preside. Licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, es funcionario del Cuerpo superior de administradores civiles del Estado, una instancia de formación de servidores públicos que, según señala Andreu, siempre tuvo una gran vocación internacional. "De hecho, todos los consejeros de prensa de las embajadas pertenecen a él, así como los de las oficinas de turismo -indica el funcionario-. Yo me dediqué más a cuestiones internacionales y diplomáticas." En 2007 fue elegido miembro del consejo de administración de RTVE, la empresa de radiodifusión estatal española. Actualmente encabeza una institución de financiamiento público-privado dedicada a otorgar becas de posgrado a estudiantes latinoamericanos. "El camino del diálogo y la cooperación entre las dos orillas del Atlántico es fundamental", dice.

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