Joseph Page: "La Argentina es frustrante y fascinante"

Hace dos décadas, en su ya clásico libro Perón. Una biografía, este catedrático norteamericano derribó buena parte de los mitos que existían sobre el origen del peronismo. Hoy, a 30 años de la muerte del líder y mientras prepara una edición revisada de aquella obra, Page vuelve a reflexionar sobre la trascendencia histórica que tuvo la movilización popular del 17 de octubre y analiza las diferencias entre los descamisados de entonces y los piqueteros de hoy
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24 de octubre de 2004  

Durante muchos años, Joseph Page se dedicó a investigar la vida de Juan Domingo Perón. Después de haber publicado los dos tomos de su meticulosa investigación, Perón. Una biografía, editada por primera vez en 1983, Page se convirtió en referencia obligada sobre la vida, la obra y las circunstancias del líder argentino más importante de la segunda mitad del siglo XX, papel que, hasta hoy, sigue desempeñando desde Washington, donde vive. Es catedrático de la Universidad de Georgetown.

Aunque no pasó las últimas dos décadas estacionado en Perón -entre 1985 y 1995 se dedicó a estudiar el carácter nacional brasileño y publicó Brasil, el gigante vecino; trabajó en un libro sobre aspectos del derecho civil, daños y perjuicios, y también se dedicó a su carrera de profesor de derecho-, ahora vuelve a poner el foco en nuestro general. Acaba de firmar un contrato con la University of Pittsburgh Press para escribir una edición revisada, en inglés, de su célebre biografía de Perón.

"Como parte de ese proyecto pienso volver a investigar el 17 de octubre para ver si hay alguna información nueva y útil", dice este egresado de Harvard que habla español con fuerte acento norteamericano pero lo lee, lo entiende y lo escribe con la misma claridad que parece tener para descifrar medio siglo de la más conflictiva historia argentina.

En el anteúltimo párrafo de su voluminosa biografía, Page escribió una sentencia que bien puede ser tomada como indicativa de la impresión que el biografiado le dejó: "Perón debe ser aceptado tal como era, la suma total de sus partes, y no como un idealizado epítome del bien o el mal". Vale la pena recordar, además, que tras aludir a la eterna polémica inspirada por la figura de Rosas, Page remató su obra con una frase de resonancias familiares en la Argentina: "Una nación que no puede resolver su pasado tendrá dificultades en forjar su futuro".

-¿Piensa del 17 de octubre de 1945 lo mismo que escribió hace veinte años, sobre todo en lo que se refiere al papel de Eva Perón en los acontecimientos?

-Mi visión del 17 de octubre sigue tal cual la describí en mi biografía de Perón. Los responsables por el rescate de Perón fueron Domingo Mercante, un grupo de gremialistas empecinados en liberarlo y la cantidad de trabajadores que convergieron sobre la ciudad. Eva Perón, quien más tarde se convertiría en el corazón y el alma del movimiento peronista, no jugó ningún papel en los acontecimientos de ese día. Aún no me he topado con pruebas nuevas que sugieran lo contrario.

En el capítulo del 17 de octubre, Page había escrito que la versión de que Evita se desplazó por las fábricas y talleres de Buenos Aires y los suburbios instando a los trabajadores a congregarse detrás de la bandera de Perón extrañamente hallaba eco entre peronistas y antiperonistas. En el caso de estos últimos porque querían "pintar a Perón como un llorón cobarde, rescatado de la ignominiosa derrota por una mujer". Y decía luego: "La discusión de si el 17 de octubre fue una erupción espontánea o producto de manejos es un ejercicio puramente académico. Sin una masa de trabajadores profundamente conmovidos por la pérdida del hombre que simbolizaba sus aspiraciones y sin un grupo de líderes enérgicos dispuestos a producir una crisis, los acontecimientos no se hubieran desarrollado exactamente de la forma en que lo hicieron. Dadas ambas condiciones, era muy difícil evitar que se produjera algún tipo de explosión (...) La Argentina nunca volvería a ser la misma luego del 17 de octubre". Pero antes de la interpretación están, claro, los hechos.

-Usted escribió que "las actividades de Evita durante el 17 de octubre nunca han podido ser establecidas con certeza y en detalle". ¿No hizo progresos en los últimos veinte años que puedan añadir luz sobre este asunto?

-No sabemos exactamente lo que Evita hizo en realidad o dónde estuvo el 17 de octubre. Lo que todavía no he visto son pruebas convincentes de que ella tuviera un papel activo en convocar a los trabajadores en defensa de Perón. Sospecho que si las pruebas ya no han aparecido es porque nunca aparecerán.

-¿Qué visión existe hoy en Estados Unidos sobre lo que fue el 17 de octubre?

-Hoy no hay otra visión del 17 de octubre en los Estados Unidos que no sea la proyectada por la distorsionada versión presentada en el film de Madonna y el musical "Evita".

-Imagino que a usted, que tiene otro vínculo con la fecha y su auténtica trascendencia, ese enfoque debe resultarle bien ajeno.

-El 17 de octubre tuvo un efecto crucial en mí pues me inspiró a investigar la vida de Perón. En 1961 tomé un curso avanzado de conversación en castellano en la Boston School of Modern Languages. Cada semana mi profesor, el Dr. Peña, un viejito colombiano, elegía un tópico que nosotros discutíamos. Una noche eligió el 17 de octubre y describió el rescate de Perón de una manera tan dramática que yo me conmoví hasta la médula y me dije: "¡Qué historia fantástica! Un día voy a escribir sobre este tema". Es irónico que haya descubierto, cuando finalmente concluí mi investigación sobre el 17 de octubre, que lo que el profesor Peña me había contado estaba totalmente errado en un punto crucial: él contó que Evita había pronunciado un discurso clave desde el balcón de la Casa Rosada.

-¿Y qué efecto le produjo la verdadera historia?

-Lo que más me conmovió del 17 de octubre es lo genuino y espontáneo que fue todo lo que sucedió ese día. Los opositores de Perón dijeron que los trabajadores fueron manipulados para accionar en su favor, pero las pruebas históricas sugieren lo contrario. Este no fue el caso de una demostración manufacturada sino un ejemplo raro de un movimiento de masas autogenerado. Es cierto que los líderes laborales hicieron correr la voz del arresto de Perón, pero si los trabajadores no hubieran estado convencidos de que era en su propio interés que debían marchar a la Plaza de Mayo, no lo hubieran hecho y la historia argentina hubiera tomado un curso diferente.

-¿Cómo fue la reacción del peronismo respecto al modo en que usted analizó el 17 de octubre en su obra?

-No tengo conocimiento de ninguna reacción negativa por parte de los peronistas.

-¿Y cómo analiza usted hoy aquel surgimiento, en 1945, de una clase desconocida en la gran ciudad, expresada en la concentración de Plaza de Mayo, a la luz del fenómeno contemporáneo de los piqueteros, representantes contemporáneos de la marginalidad social?

-Los descamisados del 17 de octubre eran, en su mayoría, trabajadores con empleos que estaban tratando de preservar los beneficios que Perón les había conseguido; lo que ellos exigían era entrar en la vida política del país. Los piqueteros son gente sin empleo que exige que el país reconozca su condición y carencia y haga algo para subsanarlas. Los descamisados estaban protestando contra el gobierno, mientras que los piqueteros parecieran estar siendo alentados por el gobierno. La marcha de los descamisados fue un hecho único, con un propósito y con un efecto que cambiaron para siempre la historia de la Argentina. Las actividades de los piqueteros parecen tener carácter cotidiano y amorfo.

-En vida, Perón tuvo una vigencia política de treinta años. Hace algo más de tres meses, justamente, se cumplió el 30° aniversario de su muerte. ¿Qué queda de Perón?

-La doble herencia de Perón está en la devoción por él que alguna gente todavía lleva en el corazón y en el movimiento que tomó su nombre. Desgraciadamente, para solucionar los problemas que enfrenta la Argentina hacen falta más que sentimientos y se requiere un movimiento político estructurado, al día y con principios coherentes, cosas que el legado de Perón no ha producido.

-¿Cómo definiría usted hoy al peronismo? ¿Ha cambiado su opinión sobre el movimiento con el paso del tiempo?

-En vida de Perón, el peronismo siempre fue muy personalista y dependía de la voluntad, el criterio y el intelecto de su conductor. Sin Perón, al partido que lleva su nombre le ha resultado muy difícil adaptarse al liderazgo ejercido por otros.

-El gobierno argentino se sintió ofendido recientemente por la designación como canciller chileno del politólogo Ignacio Walker, tras saberse que en mayo él había publicado un artículo en el que llamaba fascistoide al peronismo y le atribuía rasgos autoritarios de origen. ¿Coincide usted con esa percepción?

-No quiero hacer comentarios sobre las actuales controversias políticas.

-Pero permítame preguntarle qué habría hecho Perón si hubiera estado en la situación de Kirchner a partir del 25 de mayo de 2003.

-Esta pregunta no tiene respuesta. Perón fue el producto de su tiempo. Respondió a los retos que le tocó enfrentar siguiendo lo que le indicaba la suma total de su experiencia. Si en 1973 él hubiera tenido 50 años, su accionar hubiera estado dictado por una serie de experiencias totalmente diferentes. ¿Cómo hubiera reaccionado Abraham Lincoln frente a ataques terroristas si hubiera llegado al poder en el 2001? ¿Cómo gobernaría Henry VIII la Inglaterra que es parte de la Unión Europea del 2004? ¿Quién lo sabe?

-¿Tiene opinión sobre la idea de trasladar los restos de Perón y Evita a un mausoleo en la quinta de San Vicente?

-A ambos se les debería permitir descansar en paz donde están sepultados ahora.

-Por último, ¿qué impresión se llevó de su último viaje a la Argentina?

-La Argentina sigue siendo farolera, frustrante y fascinante.

El perfil

Experto en Perón

Egresado de Harvard y académico del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Georgetown, Page se dedicó a analizar el fenómeno del peronismo, interés que se vio reflejado en una de sus obras más conocidas: Perón. Una biografía.

Brasil también

Interesado también en la historia de Brasil, viajó repetidas veces al país vecino para llevar adelante sus investigaciones. Dos libros reúnen esa experiencia: The Revolution That Never Was: Northeast Brazil, 1955-1964 y Brasil, el gigante vecino.

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