Juan Rinaldi, un moyanista que acelera rumbo al poder
Hábil y ambicioso, el nuevo titular de la Superintendencia de Servicios de la Salud creció políticamente de la mano de Moyano y se ganó la confianza de Graciela Ocaña. Polémico, afirma que en la gestión "hay que ser más inteligente que honesto"
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Juan Rinaldi quiere ser ministro de Trabajo. Y cuando se propone algo, arrasa. A cualquier precio. Tiene de quién aprender: se convirtió en uno de los más conocidos abogados laboralistas de la mano de Hugo Moyano.
Quienes lo conocen desde hace más de 20 años confían en que el hombre, artífice de la política de presión del líder camionero para aumentar la cantidad de afiliados a su sindicato, no parará hasta conseguirlo. Mucho menos ahora que logró escalar hasta la Superintendecia de Servicios de Salud, un espacio estratégico en el reparto del poder.
"Yo soy un hombre de Moyano". Así se definió Rinaldi en las últimas horas, sin dejar dudas sobre quién es su verdadero mentor, aunque asegura que nada tiene que ver con el mundo de la política.
Al hombre se lo vio caminar con alguna timidez por los pasillos de la Casa Rosada apenas conocida la noticia de su nombramiento. Pero esa timidez le duró apenas medio minuto: desconocía los recovecos del palacio gubernamental, pero no ignora cómo llegar a lo más alto del poder.
Obligado, enfrentó al periodismo para su presentación oficial. El jefe de Gabinete, Sergio Massa, lo mandó el miércoles pasado a que se mostrara solo ante los medios. "Yo soy un técnico", aclaró tres veces al enfrentarse con las preguntas sobre por qué fue él el elegido para hacerse cargo del área que dejaba Héctor Capaccioli en medio de las internas palaciegas del Gobierno.
Le gusta definirse como un hombre del sindicalismo. Y lo cuenta así: "Yo duermo con los hipopótamos". Con esa frase le explicó a la ministra de Salud, Graciela Ocaña, su jefa, cómo hizo para dejar contentos, y a todos por igual, a los poderosos gremios.
Corpachón, de 45 años, se define como un soltero empedernido, aunque tiene novia. Fuma cigarrillos puros, practica el boxeo y es un amante de los deportes de riesgo. Su hobby es correr carreras de autos. "Es un piloto en la vida", lo describió a LA NACION un hombre que compartió con él sus inicios en el sindicalismo, un mundo en el que es apreciado por todos por igual, a pesar un de ser moyanista de la primera hora.
Así habla Rinaldi: "Acá la cuestión es que tenés que ser más inteligente que honesto". Frena. Sabe que su frase es polémica y hace rememorar automáticamente aquella confesión de Luis Barrionuevo de que había que dejar de robar por un par de años. Rinaldi entonces evita explayarse. Sólo explica que su tarea en la superintendencia será mirar hacia adelante.
Juan Rinaldi se recibió de abogado a los 23 años, en la Universidad de Morón. Su primer jefe fue Enrique Rodríguez, ex ministro de Trabajo de Carlos Menem. "Tordo, trabajo gratis, no me importa: yo quiero aprender", fue su carta de presentación cuando llegó con una mano adelante y otra atrás al estudio que Rodríguez compartía entonces con Noemí Rial, hoy viceministra de Trabajo. De esa manera lo recuerda Rodríguez. Y como un joven hiperactivo. "Como todo piloto de autos de carrera, vive en estado de estrés", cuenta.
Desde allí comenzó a codearse con Moyano, y no paró más hasta convertirse en su mano derecha. Rinaldi habla de Hugo como de un padre.
Dueño de una frondosa clientela sindical, su primer jefe le recomendó que se formara. Hizo cursos de posgrado en la Universidad de Salamanca, siempre sobre derecho laboral. Hoy defiende a una veintena de sindicatos.
Astuto y dialoguista. De esa manera lo describen sus clientes, entre quienes están, además de Moyano, el metalúrgico Antonio Caló y Omar Suárez, del sindicato de obreros marítimos (SOMU). Rinaldi llegó al poder de la mano del camionero, cuando lo propuso ante el ex presidente Néstor Kirchner para hacerse cargo de la Administración de Programas Especiales (APE). Con un presupuesto de 700 millones de pesos anuales, era el encargado de subsidiar a las obras sociales para los tratamientos de enfermedades especiales que no están dentro de la cartilla convencional.
Desde allí repartió fondos sin distinción. Los gremios pertenecientes a los "gordos", históricos enemigos de Moyano, hablan bien de Rinaldi. "Nos dio beneficios cada vez que lo necesitamos, sin resistencia", confiaron. Esa es su cualidad: no enfrentarse demasiado ni quedar preso de las internas que ve ajenas a él. Si hasta Barrionuevo lo respeta. Está claro: el nuevo superintendente supo diversificarse y al asesorar a los marítimos, leales al gastronómico, cosechó más amigos.
Dice que su política de desembarco en la superintendencia será hacer cumplir la ley. "El que no lo haga quedará en evidencia y yo actuaré hacia delante", instruye.
La buena vida
Nacido y criado en el barrio de Floresta en un hogar de clase baja, llegó a escalar posiciones pegado a Moyano y hoy es un amante del buen vivir. "Plata no le falta y es su debilidad. Le gusta el dinero más que el dulce de leche", cuenta un dirigente sindical que lo conoce desde su juventud. Es habitué de restaurantes caros. "No se priva de nada", comentan quienes lo conocen. Siempre pide pastas.
Tiene un volkswagen Bora, pero su pasión es el Ford, marca que eligió para correr en la categoría Pro Cart 4000. Nunca salió primero, sí tercero, y sabe tanto de sindicalismo como de motores y fierros.
Rinaldi dejó el barrio, del que sólo conserva su fanatismo por All Boys, y se mudó a Palermo. Con los primeros sueldos de Rodríguez se compró un departamento. Su padre es canillita de un puesto de diarios en Marcelo T. de Alvear y Junín. Su madre, docente. Ambos son de raigambre radical pero no pudieron hacer que su hijo siga el mismo camino. Habiéndose cruzado con Moyano de tan joven, Rinaldi no podía escaparle al peronismo y terminó afiliado al PJ Capital gracias a uno de sus primeros clientes, Víctor Santa María, del Suterh. En el remozado PJ nacional, Kirchner lo ubicó en el tribunal de disciplina, aunque no se conocen personalmente. A Cristina la vio por primera vez el miércoles pasado, cuando Ocaña lo llamó para reemplazar a Capaccioli. "Mi mamá y yo somos fanáticos suyos", le dijo. Esa es su forma de ser. Hace todo lo posible por caer bien, a pesar de que se compara a sí mismo con el personaje de historieta norteamericana Hellboy: un chico del infierno. "Ese, el diablito con los cuernos. ¿No lo conocés?", consulta. Guiña el ojo tres veces y ríe. Lo mismo hace ante la pregunta sobre quién ocupará su lugar en la APE. "Yo", contesta. Y vuelve a guiñar el ojo tres veces. Es que quiere llevarse esa área a la superintendencia. Por ahora no obtuvo respuesta de la Presidenta a su pedido. ¿Maniobrará, como en su Ford preparado para las carreras, hasta conseguirlo? Seguro, responden sus allegados.
Sus logros profesionales no están exentos de conflictos, y de los más duros. El recuerda como una bisagra en su carrera las disputas del gremio camionero con Coto y Carrefour. Después de días enteros de bloqueos en los supermercados, Moyano se quedó con los afiliados mercantiles gracias a la agresiva práctica de encuadramiento gremial que le recomienda Rinaldi.
En el poder dice ser "muy buen amigo" del ministro de Planificación, Julio De Vido. El nexo, otra vez, fue el líder cegetista. Desde hace un año, cuando asumió Ocaña, fue ella quien lo cobijó. Lo considera un hombre honesto. "Si Graciela confía en vos, yo también", fue lo único que le dijo Cristina a Rinaldi cuando lo recibió en el despacho presidencial.
Quienes lo conocen señalan que tuvo una relación "conflictiva" con Capaccioli. Pero Rinaldi evita criticarlo, incluso fuera de grabador.
Su único cargo en la función pública al frente del APE lo llevó a los tribunales en julio del año pasado ante una denuncia por una presunta estafa en su organismo por pacientes que nunca habían estado enfermos y recibieron fondos para sus supuestos tratamientos. El llevó una carpeta repleta de datos, de una investigación propia, ante el juzgado de Ariel Lijo y salió indemne. Ocaña defiende a rajatabla su honestidad en esa causa.
Desde la superintendencia, un lugar estratégico para el poder, tendrá como tarea controlar a las obras sociales, que mueven 6000 millones de pesos al año. "Lo considero un desafío importante en función de quedar bien con la gente, de quedar bien con la Presidenta y de quedar bien con la ministra y con el movimiento obrero", dice, con un leve temblequeo de manos que lo acompaña siempre. No le teme a los riesgos. Hace unos años tuvo un accidente en una carrera en Rafaela que lo dejó internado en terapia intensiva durante semanas. El lo cuenta y ríe.
Quién es
Nombre y apellido:
Juan Rinaldi
Edad:
45
Los primeros años:
Nacido y criado en el barrio porteño de Floresta, a los 23 años se recibió de abogado por la Universidad de Morón para continuar con su formación en el área laboral en la Universidad de Salamanca, en España.
Un pie en la política:
Su primer jefe fue Enrique Rodríguez, ministro de Trabajo de Carlos Menem. Ahí se vinculó con Moyano, su mentor político, quien se lo recomendó a Néstor Kirchner para el cargo que dejó al frente de la APE.





