
Kirchner o quien quiera oír que oiga
Claudio A. Jacquelin la nacion
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La memoria es un espejo retrovisor que deforma. No hay pasado único, ni historia objetiva. Apenas recortes personales, construcciones colectivas de época y selecciones parciales. Todos lo saben, pero la aspiración de escribir "la Historia", de contar la versión única y uniforme del pasado nunca ha dejado de estar presente. Tampoco ahora.
En el año de la recuperación de la democracia, Litto Nebbia volvió a hacer de una canción otro de sus himnos populares, que fue adoptado como una denuncia contra el relato de los poderosos. "Si la historia la escriben los que ganan quiere decir que hay otra historia, la verdadera historia", escribió para la película Evita (quien quiera oír que oiga), de Eduardo Mignona.
Los versos del autor de "La balsa", popularizados por la voz de Juan Carlos Baglietto, tal vez sean la canción más entonada de las últimas tres décadas por cualquier militante o simpatizante del amplio espectro de los partidos nacionales y populares y de la izquierda que se preciara de tal y que buscara reafirmar su condición de ajenidad al poder.
Curiosamente (o no tanto), en estos últimos ocho años esas estrofas se han coreado tanto o más en los salones y actos del poder político que en la calle. Podría decirse que han sido la música y la poesía de la madre de todas las batallas que ha emprendido Cristina Kirchner desde la Presidencia: la guerra por la construcción del relato. Por eso, desde la derrota (o la pírrica victoria opositora) en el conflicto con el campo no ha habido objetivo más firme y coherentemente sostenido y perseguido por el kirchnerismo.
Ahora, mientras la oposición política se desangra casi hasta la extinción en su impotencia, su incapacidad y sus veleidades suicidas, el kirchnerismo arriba al final de su mandato y afronta el desafío de su continuidad "a paso de vencedores", como les gusta decir a varios funcionarios y fanáticos seguidores de la kausa.
Desde ese lugar, las pantallas de los televisores nos traen por estos días un mensaje elocuente: "El 27 de abril lo votamos por primera vez. El 27 de octubre empezó a entrar en nuestros corazones", sobre la imagen omnipresente de Néstor Kirchner.
No es un recordatorio propagandístico del Partido Justicialista ni del Frente para la Victoria. Es un aviso que firma la Secretaría de Medios de la Presidencia de la Nación, financiado, obviamente, por los fondos públicos. Es decir, la difusión la paga también el dinero del 78 por ciento de los ciudadanos que no votaron a Néstor Kirchner el 27 de abril de 2003, "la primera vez", y el de aquellos en los que el recuerdo del ex presidente no anida en sus corazones. Pero que se sepa hasta hoy ninguno de esos involuntarios aportantes al aviso recordatorio se ha quejado.
Esta vez nadie podrá acusar a la Secretaría de Medios de la Presidencia de falta de transparencia ni sinceridad: no sólo firma el aviso sino que afirma que Kirchner no se limitó a leer la historia, ni dice que se abocó a construirla: celebra que se haya dedicado a escribirla.
Litto Nebbia tenía razón.
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