
Kirchner y los derechos humanos
Dirigentes de organismos y militantes dicen que los derechos humanos no fueron prioritarios en su gestión provincial. La desaparición de Jorge Julio López pone a prueba la coherencia del discurso presidencial Por Jorge Urien Berri
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RIO GALLEGOS .- Aunque apoyó y ayudó a ex detenidos de la dictadura y homenajeó a dos de-saparecidos santacruceños, la mayoría de los testimonios recogidos aquí por LA NACION indican que la defensa de los derechos humanos no fue una prioridad de Néstor Kirchner cuando ejerció como abogado en esta ciudad, ni cuando se hizo con la intendencia capitalina en 1987 y con la gobernación de Santa Cruz desde 1991 y durante casi doce años.
Con la desaparición hace más de un mes de Jorge Julio López, importante testigo en los juicios por la represión de la dictadura, su cambio o evolución desde que llegó a la presidencia afronta un desafío: traducir el discurso en medidas concretas para combatir a los personajes y métodos de la dictadura que siguen activos bajo un maquillaje democrático.
En su pasado hay datos que muestran el predominio del pragmatismo o la conveniencia política.
Por ejemplo, dirigentes de organismos de derechos humanos santacruceños le cuestionan haber nombrado ministro de Educación, en 1991, a Carlos Hugo Muratore, quien había sido secretario general de la gobernación durante la dictadura y con Kirchner presidió la bancada de diputados peronistas en la Legislatura.
Tampoco le perdonan haber ordenado o consentido una fuerte represión policial a empleados municipales, dirigida por el comisario Wilfredo Roque, luego jefe de la policía provincial. Hoy Roque mantiene ese cargo con el de jefe de la delegación de la SIDE.
"No lo podíamos creer cuando lo escuchábamos hablar de los derechos humanos como Presidente." La frase la repiten con pocas variaciones María de los Milagros Pierini, del Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos, y Ana Redona, de la Comisión de Derechos Humanos de Río Gallegos.
Las dos lo llaman Lupo o Lupín, por su parecido con un viejo personaje de historieta, y hablan de él como si todavía gobernara Santa Cruz.
"¿Acaso no lo hace?", replica Pierini.
En Buenos Aires, los voceros oficiales de la Presidencia y de la Jefatura de Gabinete no respondieron a la consulta de LA NACION.
Pero Kirchner tiene aquí buenos defensores entre las víctimas locales de la dictadura.
César Vivar, un ex militante de superficie de Montoneros -preso durante varios años en el penal de Rawson-, recuperó su libertad en agosto de 1981 con la orden, impartida por un capitán de la Brigada de Río Gallegos, "de no hablar con políticos o gente de los derechos humanos".
En un humilde centro comunitario donde enseña a hilar lana, Vivar cuenta que, "un mes después, Kirchner, que era abogado y me conocía, vino a mi casa y me consiguió trabajo en De Dios Automotores, cliente de su estudio. Y cuando corrí peligro de una nueva detención, arregló para que la concesionaria me trasladara a Río Turbio. Le estoy muy agradecido."
Vivar compartió la prisión de Rawson con Alberto Marucco, otro militante peronista, que le reconoce a Kirchner "un gesto de mucho valor. Cuando estaba preso en Rawson, él saludaba a mi madre. Era pleno Proceso y no llegaban a diez las personas de Gallegos que lo hacían".
Desde el 24 de marzo último, Marucco es titular de la flamante Secretaría de Derechos Humanos de esta provincia conservadora, donde las Fuerzas Armadas y de Seguridad han tenido un peso gravitante. Una provincia con sólo cinco desaparecidos, capturados en otros sitios del país, y entre ocho y quince detenidos, como Vivar y Marucco, y sin centros de detención clandestina conocidos hasta ahora.
Kirchner y Rafael Flores, luego diputado peronista enfrentado con el Presidente, estuvieron detenidos tres días durante la dictadura, pero se los trató bien. Ninguno de los dos fue montonero.
Marucco destaca que en 1996 se estableció por ley el 24 de marzo, fecha del golpe de 1976, como Día de la Memoria, y también que Kirchner aceptara bautizar con el nombre de uno de los desaparecidos, Juan Carlos Rossel, al recinto de la Legislatura, y le impusieran el de Daniel Toninetti, otro desaparecido, a una Unidad Básica y a la sala de computación de un colegio nocturno donde estudió Toninetti.
El funcionario agrega que Kirchner se opuso a las leyes de obediencia debida y punto final y les reconoció los aportes jubilatorios a los empleados que echó la dictadura.
"En el contexto de una provincia donde hasta hace poco se decía que aquí no pasó nada y de una dirigencia peronista que nada hizo en la materia, Kirchner sí se ocupó de los derechos humanos", afirma Miguel Auzoberría, profesor de historia, periodista y ex subsecretario de Cultura de Kirchner.
Para marcar contrastes, Auzoberría cuenta que, en 1986, el gobernador peronista Arturo Puricelli, un enemigo de Kirchner hasta que hace un mes y medio asumió al frente de Fabricaciones Militares, vetó una ley que incluía entre las lecturas del secundario "Los vengadores de la Patagonia trágica", la obra maestra de Osvaldo Bayer.
Once años después, Auzoberría organizó un acto por los cien años del nacimiento del español Antonio Soto, protagonista de los levantamientos de los peones rurales en Santa Cruz reprimidos a sangre y fuego por el Ejército. "La gobernación apoyaba el acto en el Complejo Cultural. Kirchner había mandado a su gabinete, pero había muchos lugares vacíos. Entonces tomó el teléfono y le ordenó al jefe de policía que enviara a todos sus cadetes. Fueron de uniforme -recuerda Auzoberría- y Bayer empezó su discurso diciendo: ´Esto es realismo mágico ."
En la provincia no hubo conflictos entre Kirchner y el Ejército, una fuerza con la que mantuvo buenas relaciones (ver nota aparte). Y si bien al arribar a la presidencia descabezó a la cúpula que venía del menemismo para hacerle lugar al general Roberto Bendini, ex jefe de la Brigada de Río Gallegos, nombró embajador en Colombia al teniente general retirado Martín Balza, pese a que durante su comandancia se registró, en 1994, el primer caso de un desaparecido en democracia con los mismos métodos de la dictadura, pero con un final aggiornado. El soldado Omar Carrasco fue secuestrado y asesinado dentro del cuartel neuquino de Zapala y su cuerpo permaneció oculto durante un mes hasta que, debido a la presión de la prensa y los organismos de derechos humanos, se ordenó la aparición del cadáver.
Hacer fortuna en la dictadura
Marcelo Cepernic, intendente de Río Gallegos de 1983 a 1987, es hijo de Jorge, el gobernador que se enfrentó con José López Rega y fue desplazado, para luego convertirse en preso de los militares en Magdalena.
A Marcelo, que abandonó el peronismo cuando Carlos Menem firmó los indultos a los represores, los vecinos lo saludan por la calle.
"No simpatizo con Kirchner en lo político -aclara-, y si bien es encomiable su actual discurso, lo considero oportunista. Me hubiera gustado que el hoy presidente hubiera hecho lo mismo por los derechos humanos en la dictadura, cuando él y su esposa instalaron un próspero estudio que tuvo por cliente a la financiera Finsud. No recuerdo que los dos defendieran a víctimas de la represión, a diferencia de otro joven abogado, Rafael Flores, que dedicaba muchas horas a los detenidos políticos. Al terminar la dictadura, los Kirchner tenían ya una veintena de inmuebles. Hicieron su fortuna en la dictadura."
Cepernic creía que la política cambia a algunos personas, "pero ´Rafa Flores me está convenciendo de que no los cambia, sino que los muestra tal cual son."
El profesor de historia Juan Vilaboa conoció a Kirchner en 1973.
"Mientras Flores visitaba detenidos, no recuerdo que él lo hiciera. Siempre le interesó la construcción política y acumular poder -cuenta-, pero poder en función de sí mismo. Jugaba y edificaba por afuera de las ideas y con un discurso extraño. No había ideología sino impulsos y la exigencia de lealtad a su persona. El Kirchner que entró en política en los 80 no era el de los 70, y tampoco es el de hoy, ni el neoliberal de los 90 que, hasta donde recuerdo, no se opuso a los indultos de Menem."
Vilaboa supone que a Kirchner lo cautivó el rédito que obtuvo Adolfo Rodríguez Saá en su fugaz presidencia al acercarse a las Madres de Plaza de Mayo.
"Los derechos humanos son una práctica y son integrales. Hoy hay marginalidad, hay droga. Tampoco encaja el hecho -concluye- de que Kirchner confrontara con los mineros de Río Turbio, los municipales y los docentes, y desmantelara la política en esta provincia. Esta no es la sociedad por la que se luchó en los años 70, esta sociedad está destruida. Y cuando se habla de los muertos es peor. ¿Para qué murieron?"
Para Pierini, la defensora de los derechos humanos, estos derechos estuvieron ausentes "tanto en el discurso como en el obrar de Lupo. Integré la APDH y nunca nos recibió. Es autoritario."
Pierini también habla de oportunismo. "Aquí, en una sociedad de derecha, no le convenía. En Buenos Aires es otra cosa. Pero él quiere quedarse con la bandera de los derechos humanos de hace 30 años porque está limpio, pero también hay un ahora de los derechos humanos."
El 22 de abril de 2002, Pierini y Redona participaron con otros galleguenses en un cacerolazo contra funcionarios provinciales. Un servicio infiltrado en el grupo les sugirió dirigirse a la FM El Carmen, de Rudy Ulloa Igor, ex chofer y secretario de Kirchner, hoy un fuerte empresario de medios. Pero de la radio salió un grupo armado con cadenas y empezó a golpearlos.
"Fue terrible. Aún recuerdo los tubos de gomas rellenos de arena. Por eso -explica Redona- escuchamos azorados cuando Kirchner salió con su nuevo discurso en Buenos Aires. Nunca defendió las libertades. Ni siquiera nos daba alguna escuela para los actos del 24 de marzo. A mí se me cayeron las lágrimas al ver en el acto que hizo Kirchner en la ESMA a tantos amigos que estaban allí cantando sin saber quién era él. Se puso una máscara."
No hace mucho, la viuda de un represor le aseguró a este redactor que los compañeros de su esposo "siguen trabajando. Han trabajado para todos los gobiernos y trabajan hoy."
Máscara o conversión, la política de derechos humanos del Presidente tiene el desafío de desactivar la herencia de la dictadura, que va desde la simple pervivencia de la mano de obra sucia, hasta el manejo de la Justicia con el armado de historias oficiales.
"Los torturadores siguen entre nosotros", dice Daniel Osvaldo Gatti, ex montonero, detenido durante seis años en Santa Fe, y desde hace varios años periodista en Río Gallegos. Gatti escribió el libro Kirchner, el amo del feudo , base de las investigaciones sobre el pasado santacruceño del Presidente, a quien ubica "en la derecha, como el peronismo local. Sus relaciones con la Igleisa -dice- siempre fueron excelentes. Por eso ahora me sorprende su pelea."
La desaparición de Jorge Julio López en la provincia de Buenos Aires, tras haber declarado contra el genocida Miguel Etchecolatz, es, para Gatti, un punto de inflexión.
"Si lo secuestraron, estamos ante un detonante que pondrá a prueba la voluntad de Lupín. Creo que lo suyo es oportunismo: él trabaja sobre la opinión pública y usó el tema de los derechos humanos para remontar el 23 por ciento de los votos que obtuvo en las elecciones. Los derechos humanos son metas fáciles en el discurso, pero ahora, con el caso López, tiene la oportunidad de actuar en serio."





