
La ansiedad me está matando
La ansiedad es una emoción normal que nos permite ir del punto A al punto B. Es decir, que nos referimos a cierto nivel de ansiedad. Supongamos que tenemos que entrar a trabajar en un determinado horario y se nos hace tarde. La ansiedad es la que nos va a mover rápidamente hacia nuestro objetivo. Una vez que llegamos al trabajo, la ansiedad desaparece. El problema surge cuando llegamos y, aun así, la ansiedad permanece.
La ansiedad excesiva, desproporcionada, es la que genera una serie de síntomas e incluso de trastornos. Uno de los más frecuentes en la población hoy en día es el trastorno de ansiedad generalizada. La ansiedad podría compararse con un gran paraguas que abarca los ataques de pánico, los pensamientos obsesivos, el estrés postraumático, etc.
¿Qué le sucede a la persona ansiosa?
- a. Baña de ansiedad todas sus actividades. Por ejemplo, si tiene una entrevista a las 9 de la mañana, a las 4 o 5 am ya está despierto y preparado. La ansiedad lo lleva a tener un conflicto entre dos relojes (un choque de relojes): el reloj externo y su propio reloj interno. Externamente es un horario pero internamente el reloj corre más rápido. Esta situación es la que lo hace vivir apresuradamente.
- b. Siempre imagina lo peor. La segunda característica de la persona ansiosa es el pensamiento negativo o catastrófico. Elabora una posible hipótesis de lo que le podría llegar a suceder. La frase comienza con “y si...”. “Y si pierdo el trabajo”; “y si pierdo la salud”. E inmediatamente aparece la respuesta: “Nadie me va a ayudar”; “voy a estar solo/a”; “no voy a tener para comer”. A una pregunta hipotética se le suma una respuesta catastrófica. Esta es la fórmula de la ansiedad.
- c. Experimenta alguna manifestación física. Alguien que sufre de ansiedad puede tener mareos, taquicardia, hormigueo, problemas gastrointestinales, etc. La ansiedad se acumula para luego manifestarse como un ataque de pánico: la sensación de que uno se va a morir, que va a tener un infarto, que se va a desmayar, que se va a volver loco. Son los miedos del panicoso que va a que le realicen un electrocardiograma y descubre que su cuerpo y su corazón funcionan muy bien. Muchas veces escucha la frase: “Usted no tiene nada” pero, en realidad, sí tiene algo y se llama ansiedad. Esta lo conduce a estar en un estado permanente de hipervigilancia, de alerta, y tiene la sensación de que algo malo va a suceder pero no logra focalizarlo en algo concreto. “No sé por qué pero estoy intranquilo; siento que algo malo va a pasar”.
El tema es muy amplio pero podemos pensar algunas ideas prácticas para reflexionar:
- 1. Un buen ejercicio es confeccionar una lista de todas las preocupaciones que tenemos. Ponerlas por escrito nos permite objetivarlas y ordenarlas en el papel o la pantalla. Y, una vez que tenemos la lista, comenzar a puntuar cuál de esas preocupaciones es más importante y cuál es menos importante. No es lo mismo preocuparse por perder un libro que por perder la salud. Jerarquizar las preocupaciones ordena nuestros pensamientos, tras lo cual somos capaces de responder la pregunta: “¿Qué puedo hacer frente a esto?”. La ansiedad no se resuelve pensando, sino actuando. Por ejemplo, si tengo miedo de perder el trabajo, ¿qué puedo hacer frente a ello? Anotar cinco o seis cosas que podría hacer y después pasar a la acción es descubrir que la fantasía a veces es peor que la realidad.
- 2. El segundo ejercicio consiste en comer lentamente. ¿Por qué? Porque el ansioso no mastica la comida, la traga. Por lo general, tarda apenas unos minutos en terminar de comer. Lo ideal es masticar cada bocado hasta hacerlo líquido. Esto puede parecer muy simple, sin embargo, para el ansioso suele ser una tortura. De esta manera, conecta con la enorme dosis de energía ansiosa, pues empezar a comer lentamente y a masticar no solamente lo desacelera, sino que también soluciona los problemas gastrointestinales que son la consecuencia lógica de comer junto a la ansiedad.
- 3. Es fundamental abrir espacios de placer. El ansioso va a 150 km por hora en su reloj interno, y no puede disfrutar nada. Algunos tienen conductas sobreadaptativas. ¿Qué significa esto? Que siempre están adaptándose a los demás, a las preferencias de otros. “¿Qué querés comer?”. “Lo que vos quieras”. “¿Qué querés hacer?”. “Lo que a vos te guste”. Así terminan por darse cuenta de que no han podido disfrutar ni conectar con nada. Hacer una pausa, dejar de pisar el acelerador, es una manera de reconectar con el placer.
- 4. Y por último, se deben ignorar los pensamientos catastróficos. Todo pensamiento negativo catastrófico nos genera angustia, disparando una emoción que solo deseamos sacarnos de la cabeza. Esto refuerza dicho pensamiento (que se enquista aún más), como el famoso ejercicio de intentar no pensar en un elefante rosa... ¡para terminar pensando en este!
¿Qué hacer frente a estos pensamientos? Observarlos como lo haríamos con un cuadro, sin luchar contra ellos. Y expresar: “Estoy teniendo un pensamiento de…”, hasta que el pensamiento desaparezca de nuestra mente. Imaginemos las piezas de un tablero de ajedrez. Que las piezas negras son los pensamientos negativos y las piezas blancas los pensamientos positivos. ¿Cuál seríamos nosotros? Algunos contestan las piezas blancas; otros, las negras. Pero somos el tablero. Poseemos la capacidad de auto observarnos. No es lo mismo decir: “Soy un tonto”, que decir: “Estoy teniendo el pensamiento de que soy un tonto”. Tomar distancia, observando los pensamientos y dejando que circulen por nuestra mente, sin luchar contra ellos ni temerles, hace que vayan perdiendo fuerza y podamos descubrir que sencillamente son eso: pensamientos. Pero nosotros somos muchos más que nuestros pensamientos.
Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com





