
"La caída de la Argentina era previsible"
Para el historiador especializado en nuestro país, los años noventa fueron una réplica de otros períodos históricos que sólo alcanzaron a generar un boom pasajero
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Más de 30 años dedicados al estudio de la historia argentina le dan a David Rock mucha perspectiva para analizar el proceso que produjo el derrumbe de un sistema político y económico que terminó atrapado dentro del "corralito" financiero.
Para Rock fue una caída previsible. El historiador venía observando la década del noventa como una réplica de otros períodos históricos que sólo alcanzaron a generar, en el mejor de los casos, un boom pasajero. "A veces es muy fácil crear ilusiones sobre la Argentina, y una vez más se creó la ilusión de que la prosperidad estaba a la vuelta de la esquina", opinó el profesor que enseña en la Universidad de California, Santa Barbara, durante un diálogo telefónico con LA NACION.
-¿Era un final tan previsible?
-Desde que Brasil devaluó, tres años atrás, era obvio que la Argentina también iba a tener que devaluar. Tarde o temprano. Los precios de las exportaciones argentinas eran cada vez menos competitivos. Para estabilizar la economía, el gobierno debía cortar de manera continua el gasto público. En última instancia, la sociedad ya no lo pudo tolerar. Esta política de continuo ajuste de cinturón en el nivel nacional (porque en las provincias no hubo tal recorte) se hizo imposible de sostener.
-¿Cree que no había otra salida que devaluar?
-El problema subyacente es que, a lo largo de la última década, la Argentina vendió la mayoría de sus bienes y no produjo en su reemplazo una nueva y dinámica economía. El problema fundamental no reside en el sistema monetario, sino en la falta de productividad de la economía argentina. La convertibilidad podría haber funcionado como una fuerza disciplinadora para incrementar la producción y las exportaciones. Pero es un sistema que sólo se puede aplicar durante un lapso limitado.
-Algunos críticos de Duhalde sostienen que sus políticas van a generar una vuelta a la inflación descontrolada, ¿Coincide?
-Por un largo tiempo, nadie le prestará dinero a la Argentina, y se puede repetir una crisis inflacionaria como la de 1989, aunque no sería una copia de papel carbónico de aquella crisis. Es una posibilidad, si los ingresos del Estado se mantienen estáticos o siguen bajando y siguen subiendo los gastos. En ese contexto, la gente puede ser víctima de una situación en la que sus ingresos se estancan y los precios suben.
-Por un lado, usted advierte sobre los efectos de la devaluación. Pero, por otro lado, dice que ya no tenían más alternativa que devaluar.
-Es una situación muy difícil. Me alegra no ser ni el Presidente ni el ministro de Economía de la Argentina. Creo que en un par de años podrán encontrar un nuevo punto de estabilidad, en el cual la gente quedará empobrecida. Pero en las circunstancias actuales no había manera de sostener la convertibilidad. De todas maneras, la opción de la devaluación puede potencialmente generar mayor caos. Lo interesante, tal vez, sea preguntarse por qué nadie anticipó este resultado y tomó las medidas necesarias para prevenirlo durante los últimos años de Menem y la presidencia de De la Rúa.
-¿Cuál es su respuesta?
-Creo que muchos sí lo anticiparon, pero que nadie podía hacer algo al respecto porque había demasiados intereses en juego. Demasiada gente iba a resultar perjudicada con la terminación de la convertibilidad.
-En el exterior, la Argentina era presentada hasta hace poco tiempo como uno de los "países modelo" de las políticas de apertura de los años noventa en países emergentes.
-A comienzos de esa década se produjo una brecha, que tiene un paralelismo con lo que ocurrió en otros períodos históricos. Menem y Cavallo convencieron al mundo de que podían alcanzar un rápido crecimiento y generar una transformación mágica. A veces es fácil crear ilusiones sobre la Argentina. Es un país maravilloso, con buena educación, y la gente cree que con las políticas adecuadas puede volver a ser una sociedad muy rica, como lo fue hasta 1950. Pero el de los noventa fue un boom pasajero, empujado por las privatizaciones y el Mercosur. Con el tiempo, las inversiones cayeron, y Brasil devaluó. Esas dos condiciones juntas destruyeron la ilusión de la prosperidad en la Argentina.
-¿Qué paralelismo encuentra con otro período de la historia?
-Estoy por publicar un libro sobre finales del siglo XIX, y tiene algunas similitudes con el período de Juárez Celman. Una diferencia es que fue la emisión de dinero la que generó aquella crisis, mientras que ahora nos encontramos en una situación de deflación. La similitud está en que se generó la expectativa de que la Argentina se iba a elevar de cierto subdesarrollo a gran prosperidad como el resultado de políticas monetarias adoptadas por el gobierno. Las políticas monetarias eran diferentes, pero ambas generaron la ilusión de que la prosperidad estaba a la vuelta de la esquina.
-¿De la Rúa tendría que haber devaluado?
-El problema básico de los radicales es la fragilidad. No tienen el tipo de apoyo institucional de los peronistas y eso les quita la libertad de perseguir sus propias políticas. Se vieron forzados a mantener las políticas previas de Menem. No quiero sugerir con esto que alguien tuviera un plan novedoso. Pero creo que los radicales cayeron, en parte, porque no tenían apoyo institucional. La elección de De la Rúa había sido más bien una reacción contra la corrupción del período menemista.
-Al final, con los cacerolazos, De la Rúa perdió su base de apoyo original, que había sido la clase media.
-La clase media argentina siempre ha sido un grupo que modifica sus lealtades a medida que cambian las condiciones. En este caso, me hace recordar la caída de Hipólito Yrigoyen en 1930. La clase media, igual que entonces, se va a arrepentir en algunos años, porque las cosas se van a poner muy difíciles para sus integrantes. El gobierno de Duhalde, en una situación de suma cero, puede poner a los sindicatos en contra de la clase media.
-Los militares estuvieron ausentes como factor de poder en la crisis, ¿le parece que ya no volverán a jugar un papel en las crisis políticas?
-Es bueno que toda esta crisis haya ocurrido sin que se involucraran los militares. El poder se traspasó de una manera medio caótica entre radicales y peronistas, pero el proceso se parece más a la política moderna italiana que a un golpe de Estado al estilo tradicional latinoamericano. Sin embargo, algunas veces, los países en América latina reinventan a los militares cuando los necesitan. Yo no descartaría la posibilidad de una nueva forma de dictadura, formal o informalmente militar o del surgimiento de un movimiento de extrema derecha. Lo cierto es que el modelo democrático liberal falló una vez más.
-En los Estados Unidos, en especial, dicen temer un regreso a las políticas populistas más tradicionales del peronismo.
-El punto crucial, sin embargo, es que Menem vendió las joyas de la abuela. No queda mucho. En esas condiciones, uno está casi obligado a perseguir una política liberal, porque el Estado ya no tiene el poder de antes ni controla la misma cantidad de recursos.
-¿Usted cree entonces que la vuelta a ese pasado ya no existe como posibilidad?
-Será muy difícil. Pero igual puede suceder algo parecido a lo que pasaba cuando el Estado era débil, a comienzos del siglo XX, con el reparto clientelista de empleos en el gobierno, en especial en las provincias más pobres. No hacen nada, pero les pagan. Ahora, los peronistas no pueden ofrecer posiciones que generen productividad. Sólo pueden ofrecer una cobertura del Estado que al aumentar el gasto puede provocar inflación a una velocidad aún más rápida.
-Hasta Menem, el peronismo tuvo una historia de confrontación con los Estados Unidos. Ahora pueden decir que esa alianza no produjo resultados.
-Habría dado resultados si la Argentina hubiera prosperado de la manera adecuada, en lugar de hacerlo de una manera ficticia, si la revolución menemista hubiera producido una nueva economía productiva.
-¿Cree que la crisis es resultado de la década menemista?
-En realidad, no lo pondría en esos términos. Porque las propuestas eran en muchos sentidos acertadas. Viví en los años setenta en la Argentina, y en esos años el país era diabólicamente ineficiente. Nada funcionaba. Es obvio que el lugar necesitaba ser modernizado, pero de esa reforma debía surgir una nueva economía y eso fue lo que fracasó.
-Su visión sobre el futuro es muy pesimista.
-Lamento decir que he sido pesimista durante los últimos 30 años. Llegué a la Argentina muy joven, en 1968. No era un país tan diferente de Inglaterra, de donde yo venía. A medida que el tiempo pasó, la Argentina fue empeorando, con la excepción de interludios más bien breves, como a comienzos de los años 90, cuando parecía que estaban mejorando, pero en realidad se estaban gastando -insisto- las joyas de la abuela.
Distinto y parecido
Si bien dos períodos históricos nunca son idénticos, comparar distintas épocas de la Argentina es, para un investigador experimentado como David Rock, una tentación justificada. El caso paradigmático es el gobierno de Miguel Juárez Celman, que cayó del poder en 1890. Rock se apresta a publicar un libro sobre las últimas décadas de aquel siglo y detecta algunas similitudes, pero también diferencias sensibles.
"Lo que originó aquella crisis -dice el especialista- fue la emisión de dinero indiscriminada, mientras que ahora la situación no es inflacionaria, sino deflacionaria." "La similitud está en que se generó la expectativa de que la Argentina se iba a elevar de cierto subdesarrollo a gran prosperidad como el resultado de políticas monetarias adoptadas por el gobierno. Las políticas monetarias eran diferentes, pero ambas generaron la ilusión de que la prosperidad estaba a la vuelta de la esquina."
Perfil
- David Rock nació en Inglaterra, el 8 de abril de 1945. Luego adoptó la ciudadanía norteamericana. Está casado y tiene dos hijos.
- Es profesor del departamento de Historia Latinoamericana de la Universidad de California, Santa Barbara, desde 1982.
- La historia argentina es el principal tema de estudio de su carrera. "El radicalismo y las clases urbanas trabajadoras en la Argentina, 1916-1922" fue el tema que eligió para la disertación en el doctorado que obtuvo en 1971 del St. John´s College, Cambr idge.
- Publicó varios libros que fueron editados en inglés y en español, entre ellos: La Argentina autoritaria. Los nacionalistas: su historia y su influencia en la vida pública (Buenos Aires, Espasa Calpe, 1993); Argentina, 1516-1987. Desde la colonización española hasta Raúl Alfonsín (Madrid y Buenos Aires, Alianza Editorial, 1988); El radicalismo argentino, 1890-1930 (Buenos Aires, Amorrortu, 1976).
- En la actualidad dicta una materia sobre historia argentina que, dados los últimos acontecimientos, tuvo gran poder de convocatoria: se inscribieron 60 alumnos. Y trabaja en su próximo libro, un estudio sobre el gobierno, la sociedad y la política en el Río de la Plata entre 1860 y 1916.





