
La carga más pesada
Nietzsche concibió la noción del eterno retorno de lo mismo, en un fragmento que lleva el título de esta nota, en el que dice: "Vamos a suponer que cierto día o cierta noche un demonio se introdujera furtivamente en la soledad más profunda y te dijera: esta vida tal como tú la vives y la has vivido tendrás que vivirla todavía otra vez y aún innumerables veces". Este es el demonio que atormenta a la Argentina desde hace años. Es la impresión casi onírica de haber vivido todo lo que estamos viviendo. Agregada a la intuición de que en los próximos tiempos nada cambiará. ¿Educación? ¿Seguridad? ¿Corrupción? ¿Calidad institucional? Cualquiera de estas cuestiones forma parte hace años de debates públicos, mesas redondas, eventos empresariales, artículos y menciones en los medios, investigaciones académicas, pero nada logra moverlas de su estancamiento. En este sentido, la Argentina es un barco encallado en la historia.
Nuestros gobernantes tienen una función rumiante frente a lo que necesita ser resuelto: una masticación indefinida, sin digestión ni expurgación. A la vez, terminan lamentablemente pareciéndose entre sí, y si alguien abrigaba la esperanza de que Kirchner fuera diferente a Menem, la renuncia y la declaración del fiscal Manuel Garrido, para tomar un ejemplo reciente, confirman lo contrario. Garrido impulsó más de cien causas, pero ninguno de los funcionarios que acusó, desde Menem en adelante, fue condenado. Desde un sitio de observación privilegiado dijo una frase aterradora: "La corrupción tiene impunidad casi absoluta". No sólo la preocupación económica florece lustro a lustro como si nada ocurriera en el medio, impulsada ahora por lo externo y agravada por la impericia política interna. ¿A quién extrañaría que estuviéramos yendo hacia un nuevo default? Tampoco sorprende, en relación al conflicto del Gobierno con el campo, que la situación de marzo de 2009 sea muy similar a la de marzo de 2008, porque existe el hábito de que los problemas simplemente vegeten.
Pergolini criticó a sus pares mediáticos Tinelli y Susana diciendo: "Todos los que hablan de seguridad tiene custodios". Cosa que equivale peligrosamente a decir: lo que no te afecta personalmente, no te concierne. Nada menos que la idiosincrasia de nuestra política, que retoca la frase, y para la cual todo lo que no la beneficia personalmente tampoco le concierne. Inclusive la sociedad que amenazó con tirar por la borda a todos sus políticos hace no muchos años llega ahora mansamente a una nueva elección sin la menor reforma política. Aquellos que debieran impulsarla son los mismos que se benefician con su ausencia. Se está abriendo paso creciente aquello que Sheldon Wolin denomina "totalitarismo invertido", que no está conceptualizado expresamente como una ideología ni objetivizado en políticas públicas, pero que es impulsado por quienes poseen el poder y por ciudadanos que no son conscientes de las consecuencias de sus acciones o inacciones. En medio de este panorama, el eterno retorno es la carga más pesada y omnipresente que lleva el ánimo de los argentinos, la sensación de que las generaciones pasan y los problemas quedan.
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