
La Carta 08 y los nuevos mandarines chinos
Enrique Tomás Bianchi Para LA NACION
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La República Popular China se ha caracterizado en los últimos años por un fenomenal crecimiento económico, que suscita admiración (y envidia) en los restantes países. Aquel crecimiento se ha sustentado sobre bases que, al menos en apariencia, no resultaban fácilmente conciliables. Por una parte, la introducción del capital privado en partes fundamentales de su economía. Por la otra, el mantenimiento del férreo control del partido único (Partido Comunista Chino).
Empero, hay críticas que se levantan contra el régimen. Una de ellas es la que se plasmó en la Carta 08, manifiesto que en diciembre de 2008 apareció firmado por 303 intelectuales, disidentes, artistas y activistas chinos. El nombre evoca la Carta 77, que en 1977 promovió en la Checoslovaquia comunista un movimiento cívico para la defensa de los derechos del hombre y del ciudadano y que fue apoyada por filósofos como Patocka y escritores como Havel.
La Carta 08 mereció una adhesión que fue mucho más allá de los grupos de disidentes que firman este tipo de textos. Por eso, uno de sus principales inspiradores, Liu Xiaobo –el más famoso de los que aún viven en China–, fue arrestado inmediatamente, condición que mantiene al día de hoy. Pero no sólo disidentes "clásicos" firmaron la Carta. Hubo profesores de universidad, como Ai Xiaoming (Cantón), He Weifang y Teng Biao, profesores de derecho en la Universidad de Pekín, investigadores en la Academia de Ciencias Sociales (Xu Youyu), activistas rurales (Yao Lifa), abogados conocidos (Zhang Sizhi y Mo Shaoping) y Bao Tong (antiguo miembro del comité central del P.C.Ch.), entre muchos otros,
La Carta 08 tiene cuatro partes. En su preámbulo se afirma, entre otras cosas, que "en el curso de los dos últimos decenios la política de «reforma y apertura» ha permitido al pueblo liberarse de la pobreza generalizada y del totalitarismo de la época de Mao Tse Tung y ver su nivel de vida aumentar considerablemente, con el restablecimiento parcial de la libertad económica individual y los derechos sociales". Señala que la elite que detenta el poder "ha evolucionado desde un rechazo puro y simple de los derechos del hombre hacia una aceptación parcial de ciertos derechos". Pero más adelante destaca que, pese a que ha firmado varios convenios internacionales, "China tiene leyes pero no es un Estado de Derecho; tiene Constitución, pero no es un régimen constitucional […] la elite en el poder continúa aferrándose a su dominación autoritaria, rechazando todo cambio político, lo que trae como consecuencia una corrupción oficial endémica […], un hundimiento de la moralidad; una polarización social; un desarrollo económico asimétrico; graves atentados al ambiente natural y humano; las libertades civiles, el derecho a la propiedad y al bienestar no llegan a obtener garantías institucionales; crecen las contradicciones sociales y los sentimientos de insatisfacción […] todo lo que demuestra una tendencia hacia descarrilamientos catastróficos. La inadecuación de las instituciones y del régimen impone cambios urgentes".
Después se enumeran los "principios fundamentales" (libertad, derechos del hombre, igualdad, republicanismo, democracia y régimen constitucional), para consignar en la tercera parte las "propuestas concretas" que postulan los signatarios (los lectores interesados pueden conocer en detalle la Carta 08 por Internet).
En la "conclusión" son prudentes. En tanto los firmantes checos de la Carta 77 proponían la formación de un grupo, los chinos son cautelosos, conscientes de los riesgos que implicaría la menor referencia a un "grupo organizado". Sólo exhortan a todos a deponer las diferencias y a actuar con miras a constituir un país libre, democrático y constitucional.
Desde posturas más "a la izquierda" se han formulado reproches a la Carta 08. Así, Au Loong Yu, intelectual y militante de Hong Kong –participante de foros antimundialistas–, condena la detención de Liu Xiaobo y defiende el derecho de los firmantes de la Carta 08 a expresarse como lo hacen. Reconoce su buena intención, pero los critica por demasiado "liberales" y por defender una privatización que sea "justa y de libre concurrencia". Admite Au Loong Yu que la privatización hecha en China por el partido único ha sido hecha, fundamentalmente, "para los amigos" de los dirigentes de aquél, pero sostiene que los liberales se equivocan cuando promueven la propiedad privada de, por ejemplo, la tierra. Para Au Loong Yu el actual sistema –que combina la propiedad colectiva del suelo y la utilización familiar a través de "contratos familiares"– es bueno y evita la concentración que se produciría en las manos de los más ricos.
Señala nuestro autor que los liberales no tendrán éxito, porque a la nueva burguesía china –que debe su existencia al partido único y a la falta de derechos cívicos para obreros y campesinos– le conviene más aliarse con los "mandarines" del partido único que propiciar los derechos invocados en la Carta 08. Ya esa alianza habría provocado que los campesinos hayan tenido que abandonar el campo –presionados por los funcionarios locales y los impuestos sobre los excedentes agrícolas– para radicarse en las ciudades, donde son ahora expoliados por los nuevos capitalistas, que imponen un trabajo "casi carcelario".
Otra voz interesante es la del escritor Yu Hua, autor de la novela Brothers, que vendió más de 1.000.000 de ejemplares en China (sin contar las ediciones piratas) y en la que hace desfilar la historia de su país, desde la Revolución Cultural hasta los recientes Juegos Olímpicos. Para él, la preocupación por los derechos del hombre –como se los concibe en Occidente– no es la prioritaria del pueblo chino, que tiene problemas más concretos. Por ejemplo, "las carencias de nuestro sistema judicial. Los jueces son totalmente corruptos y si un agricultor pierde sus terrenos frente a un especulador inmobiliario no tiene ningún recurso ante los tribunales […] No hay justicia hoy en China. He aquí una realidad política y social que no se resolverá continuando la polémica en torno a la carta de derechos del hombre".
Lo que no comprende Yu Hua es que el derecho a una justicia imparcial y honesta es uno de los principales derechos humanos.
En fin, lo que he buscado, por medio de estas pocas transcripciones, es mostrar algunas voces disonantes en el aparentemente homogéneo paisaje de la China actual.





