Lo que aprendimos de chicos sobre la comida y hoy nos hace mal

Bernardo Stamateas
Bernardo Stamateas PARA LA NACION
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1 de agosto de 2019  • 01:29

Mucho de los conflictos con la comida que tenemos de adultos se deben a lo que aprendimos de chicos. Estas son algunas de las asociaciones que se suelen hacer al respecto:

  • a. Como premio. "Si te portás bien, te compro un helado", les dicen algunos padres a sus hijos. O les dan un chocolate para premiar una buena nota en la escuela. O los llevan a comer una hamburguesa con papas fritas porque ganaron una competición deportiva. En estos casos deberíamos abrazarlos, felicitarlos, hacerles un regalo (un libro, por ejemplo). Pero nunca darles comida. "Te portaste bien, vas a comer postre". ¡el postre no tiene que ser un premio!
  • b. Como castigo. "Si te portás mal, comés brócoli. Te vas a dormir sin comer. Hoy no hay postre. No tomás gaseosa hasta que estudies", son algunas de las frases que usan los padres. La comida no tiene que ser nunca un castigo (tampoco un premio). De lo contrario, de grande el niño la asociará con algo desagradable.
  • c. Como consuelo. "Te doy un caramelo, si dejás de llorar", le dice una mamá al nene en el consultorio del médico. Muchas veces después de recibir una vacuna, hay una comida consuelo. Intentamos con el alimento calmar la angustia que le puede producir una situación de dolor o una frustración. Muchos adultos cuando son abandonados o cuando atraviesan una crisis recurren a la comida o a los dulces para consolarse.
  • d. Como sinónimo de cariño o afecto. El bizcochuelo de la abuela o el helado de regalo son vistos como "pruebas de amor". El adulto le dice al niño: "Mirá la comidita que te hice, mi amor" y llena el plato para que coma y de esa forma hacerle saber que es amado. Pero la comida NO es amor. Si amamos a nuestros hijos y nietos, debemos demostrárselo abrazándolos y expresándolo con palabras. No a través de la comida. Si no más adelante, cuando ese adulto esté estresado, buscará amor en la comida.
  • e. Por aburrimiento. El nene mira la tele y se aburre. Entonces tiene una sensación de hambre y los padres o los abuelos le dan algo para comer. De este modo, asocia "aburrimiento con comida". De grande, cuando a la noche esté aburrido en casa, recurrirá a la comida; o cuando vaya al cine, necesitará comer pochoclo mientras mira la película. Así se destruye el apetito. La gente, por lo general, cuando está aburrida, no come para nutrirse sino que busca algo que hacer.
  • f. Por presión. "¡Tenés que comer!", les repiten muchos padres a sus hijos. "Si no terminás la comida, vas a ver. Hay que comer tooodo porque hay chicos que no tienen para comer. Comé todo lo que te serví", son algunas frases típicas que llevan al niño a no escuchar su sensación de hambre ni de saciedad. No se le enseña que puede elegir qué y cuánto comer porque debe comer obligadamente (aunque le hayan dado demasiada comida, o se haya discutido durante la cena).

¿Qué actitudes deberíamos adoptar como padres con respecto a nuestros hijos y su relación con la comida?

No hay que vigilar obsesivamente qué comen. Muchas veces nos obsesionamos con lo que comen y nos angustiamos porque no comen. También nos preocupamos por el peso que tienen (o que no logran alcanzar). Les repetimos todo el tiempo: "¡No comas!" o: "¡Comé!". Muchos abuelos, frente a la negativa de sus nietos a comer, les preguntan: "¿No te gustó?".

Los padres son los responsables de qué alimentos se compran y hay en casa. Y lo cierto es que, cuando hay hambre, ¡se come lo que sea! Lo ideal, si se trata de alimentos sanos, es permitirles comer lo que quieran y la cantidad que deseen comer.

Durante las comidas jamás hay que pelear o discutir temas polémicos. Tampoco se deben usar los celulares ni mirar el noticiero.

Darse "un gustito", por ejemplo un chocolate después de comer por estudiar u ordenar la habitación, no sirve. Tenemos que enseñarles a nuestros hijos a cuidarse físicamente y a buscar otros caminos para la satisfacción. El hambre es biológico y la comida posee un valor nutricional. De ninguna manera es una fuente de gratificación. La asociación "placer-comida" es algo cultural que aprendemos en la infancia. Es así cómo solo reconocemos el sabor de lo dulce. Los padres tenemos la tarea de hacer que los niños identifiquen la comida como lo que en verdad es: un aporte energético sin más connotaciones.

Especialmente en nuestra cultura, la comida es igual a "amistad". Valoramos mucho lo social y siempre vamos a comer para celebrar. Una "picada argentina" parece no terminar nunca. porque termina cuando se agota la conversación. Las fiestas de casamiento, cumpleaños o fin de año son siempre con un gran banquete donde comemos hasta el próximo día. En compañía, cuando estamos relajados, solemos comer más; mientras que solos comemos menos.

Algunos tienen costumbres muy arraigadas como "picar" del plato del otro, o comer lo que dejan los demás, o comer mientras miran la tele. De esta manera, no se le presta atención a los sabores y se distrae la percepción del hambre que uno tiene (a menudo comemos sin hambre).

La comida no tiene que estar asociada a ninguna emoción (amor, orgullo, tristeza, etc.), sino a la nutrición del cuerpo. Deberíamos disfrutar los sabores pero considerarla solo como "combustible" para estar fuertes y sanos.

Para concluir, según los nutricionistas, nuestros niños deberían comer un plato de comida y un postre (una fruta como regla general y, cada tanto, algo como un helado). Tienen que servirse solo lo que van a comer, no hay que ofrecerles varios platos y pretender que coman todo. Jamás hay que obligarlos a que coman todo. Como ya mencionamos, no hay que utilizar la comida como premio ni como castigo. Y no hay que hablar con ellos del peso sino de comer sano para cuidarnos y poder disfrutar la vida con buena salud.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

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