La creatividad, un activo por desarrollar

Ernesto San Gil
Ernesto San Gil PARA LA NACION
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26 de diciembre de 2015  

La capacidad de conectar puntos aparentemente desvinculados, asociar ideas no relacionadas, encontrar nuevas formas de enfocar problemas para lograr soluciones disruptivas, desarrollar nuevas tecnologías o productos en un contexto cambiante, han sido patrones distintivos en muchas personas que habitan nuestro país. Podemos encontrar evidencias de esta creatividad en múltiples actividades y campos del conocimiento: en economía digital, tecnología informática, agronegocios, biotecnología, ciencias de la vida, industrias culturales y energías no tradicionales, entre otras.

Entre los factores que explican una presencia tan marcada de estas capacidades de creatividad e innovación en nuestro medio podríamos apuntar: el conocimiento profundo de una materia o el dominio de una competencia, el compromiso personal con un tema o tarea, la capacidad de reflexionar sobre aquello que se hace, la necesidad imperiosa de adaptarse a ambientes adversos, la diversidad que presenta nuestra sociedad, la exposición a experiencias enriquecedoras de distinta naturaleza, la pasión con que tomamos aquello que verdaderamente nos importa, además de mantener la mente abierta a nuevas ideas.

¿Cómo trasladamos la creatividad desde el plano individual a un proceso social? Luego, ¿cómo traducimos este talento colectivo en innovaciones que puedan servir para ganar productividad y competitividad en lo que hacemos?

Si bien algunas personas pueden tener altos niveles innatos de creatividad, de acuerdo con la académica Jill E. Perry Smith algunos factores externos (como la posibilidad de ser guiados en la comprensión de la naturaleza del proceso creativo)podrían alterar positivamente los resultados. También, factores contextuales sobre el conocimiento objeto de innovación podrían influir en el proceso de creación. Existe la percepción de una falsa tensión entre el conocimiento sobre un área de especialización y la creatividad; sin embargo, está científicamente demostrado que cuanto mayor es el nivel de conocimiento, la performance de creatividad se ve impulsada de manera favorable.

Las interacciones con otras personas en el mismo campo de conocimiento deberían facilitar la generación colectiva de enfoques y de soluciones factibles. En este sentido, es necesario vincular el esfuerzo proveniente de ambientes académicos y de investigación con el que desarrollan organizaciones del mundo privado y del sector social, tanto a nivel nacional como internacional, pues este intercambio conlleva un efecto multiplicador. La teoría de redes ha demostrado que los lazos débiles -aquellos que se encuentran fuera del área de confort de una persona, un equipo o de una organización- son los de mayor efectividad como vectores de innovación. En las fronteras de disciplinas diferentes existe un campo fértil para la creación de nuevo conocimiento.

A su vez, las expectativas que los líderes organizacionales -emprendedores empresariales o sociales- ponen sobre sus integrantes, equipos o la misma organización en el sentido de observar conductas creativas, suelen producir transformaciones disruptivas en modelos de negocios e industrias completas. Así, la expectativa respecto de comportamientos creativos e innovadores representa un catalizador relevante en contextos organizacionales. La forma en que las personas interpretan el significado de los signos del contexto es fundamental para el proceso creativo. Quienes lideran las organizaciones o tienen un papel significativo en una industria ejercen una influencia fundamental en este proceso y pueden brindar un sentido de dirección hacia la innovación.

Es su responsabilidad indicar qué áreas ofrecen las mayores oportunidades para cada una de sus audiencias y partes interesadas, establecer órdenes de prelación, destinar recursos, brindar atención y apoyo en el proceso, impulsar modelos de gestión de proyectos y poner en marcha métodos de medición de resultados. La innovación sin adecuado apoyo, disciplina y monitoreo puede derivar en esfuerzos vanos.

La creatividad individual es un importante activo en nuestro país. Hay una abrumadora evidencia del éxito de ideas creativas individuales y grupales traducidas luego en innovaciones productivas para el beneficio del conjunto. El rol de los líderes, en todos los órdenes de nuestro medio, incluye generar las condiciones para liberar las fuerzas creativas, dar un sentido de dirección y apoyar los esfuerzos de innovación, para beneficiar al conjunto de la sociedad con el producto de las virtudes que hemos desarrollado y poseemos. En este momento de nuestro país, cuando se abren nuevas opciones, podemos dar un renovado impulso al espíritu creativo incripto en nuestro ADN.

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