
La educación en cuarentena: una mayoría silenciosa no aprendió
El problema más serio que tiene la Argentina hoy no se arregla con plata. Desde la interrupción de las clases presenciales, reemplazadas por plataformas (Zoom, Meet, etc.), tareas por mail y Whatsapp, se han abierto muchos debates y hasta se han promovido reformas de orden legislativo. La educación a distancia, que durante muchos años encontró aliados y detractores, se volvió una realidad difícil de reemplazar.
La pandemia visibilizó muchas de nuestras debilidades, entre ellas, la falta de conexión, capacitación docente insuficiente y escasez de recursos tecnológicos. Pero la pandemia también permitió darnos cuenta que el acto educativo no solamente se sostiene vía transferencia electrónica de conocimientos. Ese acto de transmisión es puramente humano e implica la construcción de un lazo, un vínculo que reúne a un docente con sus estudiantes en un ámbito de confianza, de cuidado y de construcción colectiva de conocimientos.
Nacer y morir son quizás los acontecimientos más significativos de una persona y cuando se producen, se realizan siempre en compañía de otros. Educarse, ¿no será también uno de ellos?
Pasaron ya casi 15 años de la sanción de la Ley Nacional de Educación en la que, por amplia mayoría, se decidió incorporar a la terminalidad secundaria dentro de la educación obligatoria. Decisión que implicó que todas las jurisdicciones hicieran un gran esfuerzo para incorporar cada vez más jóvenes al nivel y a las modalidades.
Existen muchos indicadores que señalan que la deserción en el nivel secundario alcanzará cifras preocupantes. Los directivos y docentes no poseen pautas de como evaluar, calificar o contener a los alumnos y alumnas que han decidido abandonar su participación de los espacios virtuales. Creo que existe una relación unidireccional entre las declaraciones del ministro de Educación de la Nación, Nicolás Trotta. En la primera, afirmaba hace unos meses atrás "que todos los alumnos serían promovidos de año" y, la segunda, de hace pocos días, evidenciaba que la mitad de los jóvenes desertó de sus clases durante el período de aislamiento.
Según los informes oficiales, la educación virtual mostró una fuerte brecha entre las escuelas. Los resultados preliminares que reveló el Ministerio de Educación muestran que los alumnos provenientes de hogares con mayores ingresos pudieron sostener el proceso de aprendizaje a distancia. En cambio, los hogares con bajos ingresos tuvieron una enorme dificultad para mantenerse conectados con los docentes de sus hijos e hijas.
Es un profundo error poner el acento en la promoción, sin preocuparse por el aprendizaje de las y los estudiantes y, en este sentido, me surgen algunas preguntas: ¿qué sentido tiene hablar de promoción automática, si no saben lo que deberían saber? ¿qué es lo "diferente" que el Estado propone para recuperar los aprendizajes no alcanzados? ¿cómo vamos a hacer para que vuelvan a la escuela las y los estudiantes que ya dejaron de asistir a los espacios virtuales?
La discusión no puede centrarse únicamente en la conectividad, no es la causa excluyente de la desigualdad en términos de aprendizaje. Los docentes, de un día para otro, con los recursos que contaban, sostuvieron una escolaridad remota. Así, solos, sin pautas ni horizontes claros. Después de casi cinco meses las autoridades ministeriales se encontraron, sorpresivamente, con una mayoría silenciosa que no aprendió.
Los jóvenes de nuestro país representan una población cada vez más vulnerable. Según Unicef, el 48 por ciento de las niñas, los niños y jóvenes de la Argentina son pobres y el 20 por ciento de ellos sufre privaciones severas. Situación que se agrava en un país que no termina de definir su futuro.
En lo personal, me siento preocupado y en la obligación de alertar, ante tanto silencio, que una gran mayoría de nuestros jóvenes, niños y niñas, no están aprendiendo a pesar de los esfuerzos que muchas y muchos docentes, directivos, supervisores y funcionarios, se propusieron al inicio de esta situación extraordinaria. La conectividad explica solo el 50% de la problemática, pero la falta de pautas claras y de estrategias pedagógicas específicas, que atiendan a la excepcionalidad del contexto, es la gran responsable de los resultados existentes.
Si las mayorías ciudadanas no aprenden, no será posible una Argentina mejor.
Diputado provincial por Juntos por el Cambio y exsubsecretario de Educación de la provincia de Buenos Aires






