
La educación de Catita
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Catita se nos ha ido por lo menos de dos maneras diferentes. Se ha muerto su creadora la impagable Niní Marshall una intuitiva admirable capaz de captar las mínimas sutilezas de los personajes cotidianos. También ha desaparecido de otra manera porque ya no quedan catitas entre nosotros y si alguna hay todavía se trata de una verdadera excepción.
Esa modesta chica de barrio pobre de cultura y de lenguaje ya no existe. Ha pasado a formar parte de la mitología porteña y resulta casi irreconocible para las generaciones más jóvenes. Un mundo de transformaciones se ha producido en la sociedad argentina y muchas de ellas tienen que ver con la escuela.
Los hijos de las catitas tuvieron la posibilidad de estudiar dentro del sistema escolar que hizo de la Argentina uno de los países con mayor desarrollo educativo de América y del mundo. Los ideales que impulsaron ese crecimiento fueron los de Mitre Avellaneda y Sarmiento y no eran poca cosa. No se trataba solamente de conseguir que los argentinos fueran cultos y se expresaran bien: había que formar al ciudadano capaz de construir un país civilizado y moderno consciente de sus altos destinos.
Cuando Niní Marshall cimentaba sus éxitos no se hablaba mal de la escuela argentina. Una aureola de prestigio la rodeaba y el maestro asumía de hecho sobre todo en algunos lugares del país papeles múltiples: consejero social juez improvisado médico de apuro. Eran los tiempos en que se hablaba del sacerdocio del magisterio y se ensalzaban las virtudes de la docencia. El país venía de algunos cimbronazos pero todavía se confiaba en sus capacidades de recuperación. Y la escuela era una especie de garantía una señal de que no se debían perder las esperanzas.
Un cambio negativo
¿Cuándo se perdió la fe en la virtud redentora de la escuela? ¿Cuándo empezaron a llover so bre ella las críticas que hoy la acosan? Tal vez en el momento en que los maestros descubrieron que eran empleados comunes y corrientes y debían pelear como todos los demás para que la inflación no los dejara definitivamente en la ruina. Los chicos que tienen una sensibilidad especial para estas cosas también descubrieron que la consideración de sus padres hacia los maestros ya no era la misma.
Algún tonto irrecuperable censuró a la admirable Niní por deformar el lenguaje. No era capaz de comprender que ella ponía ante los ojos de las catitas con la inmensa ternura que volcaba en sus personajes la capacidad para corregir ese esquema comunicativo que el aluvión inmigratorio había creado.
Llegó el momento del desprestigio para la escuela y comenzó a ser vilipendiada. Hoy se la cuestiona por múltiples motivos y se insiste en que los chicos no aprenden en ella lo que deberían aprender como las pruebas de evaluación que toman las autoridades educativas parecen demostrar. Pero no se tiene en cuenta que el sistema educativo se ha expandido vigorosamente en todos sus niveles pese a que la economía apenas si lo ha apoyado. En contra de lo que siguen opinando algunas prominentes figuras mal informadas o peor intencionadas tenemos cada vez más alumnos en todos los escalones del sistema.
Hemos contado con el notable privilegio de una artista sensible y lúcida que retrató las debilidades de la gente con un humor lleno de cariño incapaz de ofender ni en la superficie ni en el fondo. Niní era capaz de mostrar sin decirlo y tal vez sin pensarlo siquiera que la ignorancia no es algo bueno. Poco le bastaba para lograrlo. Doña Pola prototipo de la judía tacaña era dueña de una tienda que se llamaba "Los tres hemisferios".
Tal vez sea un gran déficit que no aparezcan cómicos de su envergadura capaces de conseguir que se vuelvan risibles los desconocimientos que tan cómodamente exhiben nuestros escolares en los programas de televisión. A ellos como se reconoce a la legua no les importa manifestarse como ignorantes frente a una cámara. Las preguntas que se les hacen tienen valor porque se las recompensa económicamente. Esencialmente son poca cosa por lo menos para la visión de muchos niños y adolescentes.
La batalla de la escuela
La reforma educativa que promete el Gobierno pese a que amenaza con generar múltiples descalabros laborales es recibida con buenos ojos por los docentes. Los especialistas en el estudio de las organizaciones muestran que la cultura organizativa puede ser lo suficientemente fuerte como para resistir a mil embates. Nuestra escuela que tiene un fuerte pasado quiere sobrevivir y batalla por lograrlo.
A la escuela le podría corresponder aunque parezca mentira rendir un homenaje a Niní.




