La era digital completa su dominio

Seremos testigos de una vasta transformación de productos y servicios, desde libros y cine hasta la facturación comercial
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23 de diciembre de 2001  

LONDRES

Como consecuencia de las novedades dotCOM y los ataques terroristas, y en medio de las calamidades económicas de 2002, todo el entusiasmo suscitado por la computadora personal y la revolución Internet en la década del noventa puede parecer ya como un recuerdo lejano. Mientras el fervor despertado por la revolución digital se ha visto eclipsado por los sucesos recientes, no ocurre lo mismo con su significación y trascendencia. El fenómeno que hizo de la tecnología digital un elemento esencial en el lugar de trabajo, en el hogar o en el aula no está subordinado a la moda. El futuro digital es más importante que nunca.

Como toda revolución tecnológica, ésta vendrá en oleadas. La primera, que se desarrolló en los años noventa, transformó el modo cómo nos comunicamos y obtenemos información. Casi de la noche a la mañana, las PC e Internet brindaron a negocios y personas la posibilidad de intercambiar e-mails, ideas y elementos de juicio en forma instantánea. La próxima oleada tendrá un impacto mucho más amplio. Como la PC se combina con una serie cada vez mayor de dispositivos inteligentes, todos ellos integrados por más rápidas, más económicas y más seguras conexiones de la Red, seremos testigos de una vasta transformación de productos y servicios en forma digital, desde libros y cine hasta sistemas de facturación comercial. Los diez primeros años del siglo XXI van a ser llamados la década digital.

Hemos visto ya cómo los átomos han sido transformados en bits para muchos medios diferentes: eso quiere decir que grandes volúmenes de la producción mundial se han desmaterializado desde lo físico a lo virtual. Pero será a partir de esta década cuando comenzaremos a pensar en la metamorfosis digital –y el aumento de productividad implícito– en una forma completamente nueva. Por ejemplo, la música. Ha estado en la versión digital desde que análogas grabaciones long-play fueron sustituidas por los compact discs a comienzos de los años ochenta, pero hasta hace poco se precisaba cierta clase de disco portador de los datos musicales. Ahora, en cambio, la música se libera enteramente de su forma física. Como los bits, se accede a ella en el momento deseado, desde cualquier dispositivo inteligente capaz de decodificar la bitstream.

Podemos ver este fenómeno repetido en productos tan diversos como software, fotografías, video y libros. El software se ha vendido online desde los días iniciales de la Internet pública, pero sólo recientemente ha podido la banda ancha transportar el enorme número de bits requerido por sofisticados programas comerciales, personales, docentes o de entretenimientos. En años venideros, a medida que más gente tenga acceso a líneas de alta velocidad, Internet se convertirá en el principal vehículo por el que se distribuirá el software, actualizado, mantenido e incluso administrado. El software, que en un tiempo venía en cajas de cartón corrugado y actualizado de tarde en tarde –cuando lo hacían– se transformará en un código vivo y dinámico capaz de ponerse al día y repararse por sí solo en la Red.

Otro ejemplo, doméstico. Millones de personas están usando ahora cámaras digitales para captar imágenes de la vida familiar. La posibilidad de almacenar y de compartir videos digitales de alta calidad está muy cercana. Y aunque todavía no ha salido el libro electrónico, confío en que lo tendremos en la presente década. Nuevo software de exhibición de textos y nuevos tipos de dispositivos, como PC tamaño tableta, harán la lectura en la pantalla, así como la anotación y búsqueda más fáciles y placenteras que nunca.

Las consecuencias a largo plazo de esta revolución digital serán de gran alcance y ciertamente positivas para muchas industrias, transformando fundamentalmente los factores económicos de la plaza comercial. En buena medida, esto ocurrirá simplemente a través de una reducción de los costos. Los artículos digitales son más baratos que su contraparte material. Y no hay necesidad de hacer nada más que uno. Bajarán asimismo los costos de inventario, como resultado de la eficiencia mejorada y de la posibilidad de crear una red de distribución “virtual”. La publicación electrónica, por ejemplo, ofrece un modelo de negocios increíblemente eficiente, con costos de fabricación, empaque y distribución sumamente bajos.

Simultáneamente con la distribución virtual vendrá una tendencia cada vez mayor hacia el sistema de facturación y pagos on line. De acuerdo con la consultora Jupiter Research, solamente las compañías norteamericanas gastan un total de 18.000 millones de dólares por año en la preparación y entrega de facturas. Jupiter calcula que los pagos on line eliminarían el 80 por ciento de ese gasto.

Digital a medida

La revolución digital creará un concepto completamente nuevo de auto service y un grado de control del cliente sin precedente. ¿Desea comprar un producto, o alquilarlo y recibir la actualización automáticamente? ¿Quiere los bits en el acto, con un recargo, o en la computadora al día siguiente, con descuento? Las variantes son infinitas, como las oportunidades.

Estos adelantos serán bien recibidos tanto por las grandes empresas como por las pequeñas. Internet ha facilitado ya en buena medida la capacidad de las pequeñas empresas para vender globalmente sus productos. La próxima oleada de la revolución digital, potenciada por tecnologías tales como el XML (eXtensible Markup Language), permitirá a esas pequeñas firmas relacionarse ventajosamente en cualquier parte del mundo, combinando sus técnicas de negocios con las de otros para homogeneizar sus productos y servicios al cliente. En un mundo digital, el desarrollo de productos o servicios se torna cada vez más en colaboración recíproca. Y los propios factores de producción se hacen más fluidos, ya que es la tecnología del proceso más que los artículos mismos la que se está reproduciendo.

También es posible que haya alguna dificultad imprevista a medida que avanza la revolución digital. Como resulta más fácil hacer imitaciones perfectas de una cantidad cada vez mayor de productos, la cuestión de cómo proteger los derechos de propiedad intelectual será un serio motivo de preocupación... especialmente en países sin leyes adecuadas al respecto.

Evidentemente, algunas industrias se han esforzado por pegar el salto a un mundo digital, pero muchas más son las que están cosechando los beneficios de esta transición. Invertir hoy en la tecnología de mañana es más importante que nunca para la competitividad en el futuro.

Electrónica para chicos y grandes

Por Nicholas Valery

De The Economist

LONDRES

Hubo un tiempo en que Palm Computing reinaba en el mercado de las Personal Digital Assistants (PDA). Su estilizada PDA del tamaño de la palma de la mano –con su ingenioso software para escritura manual, diario electrónico, calculadora y memo pad– fue el aparato elegido por quienes siguen las últimas tendencias de la tecnología en todo el mundo.

Ya no es así. La iPaq H3670 de Compaq ha relegado a la Palm, así como a otros clones de Sony y de Handsprings. Tres rasgos de su diseño han contribuido al éxito arrollador de la iPaq. El primero es su pantalla brillante con luz de fondo, capaz de reproducir imágenes en 65.000 colores. El segundo, su veloz microprocesador StrongARM de Intel. Volando a 206 megahertz, comparados con los pedestres 33 MHZ de la Palm, la iPaq nunca pierde el compás. Tercero, la enorme capacidad de su memoria: 64 megabits en comparación con los ocho de la Palm.

Pero lo que convierte a la iPaq en ganadora indiscutible es el uso del sistema operativo para PC Pocket de Microsoft. Con la misma apariencia y el mismo modo de su hermana mayor Windows, corre versiones más despojadas de todas las aplicaciones populares (Word, Excel, Power Point, Access y Outlook) que han hecho de Microsoft Office la norma universal. La iPaq puede funcionar incluso como grabadora, como lectora de e-book y como un walkman de MP3. Precio minorista: $ 649.

Olvídense de las motonetas scooters y otras por el estilo. Son para chicos. Los hombres hechos y derechos andan en Citybugs (literalmente “bichos de ciudad”). Con su batería de 24 voltios y computadora para monitorear la carga de la batería y desconectarla automáticamente cuando se aplican los frenos, la Citybug pasará zumbando silenciosamente a 22 kilómetros por hora, y podrá andar hasta 24 kilómetros antes de que sea necesario recargarla. Enchufada de nuevo, estará lista para andar otra vez dentro de cuatro horas. A $ 599, la Citybug no será el scooter eléctrico más económico del mercado, pero es uno de los más inteligentes y cómodos.

Cuando se lanzaron al mercado los reproductores para el videodigital disc (DVD) hace seis años, se suponía que las grabadoras tardarían un año más en salir y clausurarían la era del videocassette recorder (VCR) y sus voluminosas y anticuadas cintas de video. Los DVD no sólo eran más delgados, más fáciles de almacenar y ofrecían mejor calidad de imagen que las videocassettes, sino que los usuarios podían saltar de una pista a la otra en un periquete sin necesidad de rebobinar o adelantar la cinta, que no tardaría en enredarse o cortarse. Aunque no se pudiera grabar con ellos, los reproductores de DVD tuvieron gran aceptación. Se vendieron unos 20 millones de aparatos en todo el mundo en 2000, asestando un duro golpe al mercado de los VCR (que cayó a 60 millones de unidades al año). Para 2002, se espera que las ventas de DVD players superen las de grabadoras VCR.

Cabe preguntarse, entonces, qué ocurrió con las máquinas grabadoras de DVD. La respuesta es que se infiltraron en el mercado japonés hace dos años para depurarlas de fallas. Pero al parecer los fabricantes japoneses no aprendieron nada de la encarnizada batalla que libraron VHS y Betamax a fines de la década del setenta y que determinaría el estándar del video-recording.

El bando Matsushita, cuyo VHS ganó la anterior batalla del video, ha apostado por el DVD-RAM. Junto a Toshiba e Hitachi, Matsushita casi había logrado que toda la industria adoptara su sistema, hasta que Sony propuso una alternativa llamada DVD+RW y Pioneer se dedicó por su parte al DVD-RW. Los fabricantes señalan que sea cual fuere el sistema de grabación utilizado, todas las grabadoras de DVD reproducen sin problemas todos los DVD pregrabados Citybug, el último invento en scooters que se compran o se alquilan. Lo que no dicen es que en sus grabadoras no funcionan los DVD grabados en otra norma.

¿Por cuál decidirse? En cuanto a la calidad de imagen, no hay nada que elegir. El DVD+RW del bando de Sony se ha granjeado poderosos partidarios como Philips y Hewlett-Packard. Los fanáticos por este tipo de gadgets y demás entusiastas de toda novedad raramente se preocupan por esas cosas. Estos clientes compran lo mejor y lo más deslumbrante ahora para reemplazarlo, contentos, tan pronto aparece uno mejor. En Europa, la máquina elegida es en estos momentos la Philips DVDR 1000, que se vende en aproximadamente $ 1500, impuestos aparte.

Entretanto, Matsushita está a punto de lanzar sendos modelos diseñados especialmente para Estados Unidos y Europa. Y Sony proyecta lanzar una grabadora binorma en Estados Unidos y Europa, un poco más adelante en el 2002. Al principio, ninguna de ellas va a costar menos de $ 1000, pero los precios bajarán rápidamente. Los discos vírgenes saldrán entre $ 20 y 25 pesos la unidad.

Y finalmente, para el hombre que tiene de todo –el jet Gulfstream, el yate de carrera Hobart, el McLaren deportivo–, atención a la última palabra en fotografía digital: la Hasselblad Dfinity. Cuando las mejores entre las demás cámaras fotográficas se jactan de tener tres o cuatro megapixels (es decir, 3 o 4 millones de elementos de imagen digital por cuadro), la Dfinity ofrece la asombrosa cifra de 16,8 millones de pixels. La precisión de una punta de alfiler no bastaría siquiera para dar una idea del fantástico poder de resolución de esta cámara.

La clave está en un chip sensor de luz como no hay otro. En su diseño, los ingenieros de una empresa joven de Silicon Valley llamada Foveon dejaron de lado la tecnología convencional del CCD (Charged Coupled Devise), empleada en otras cámaras digitales, y adoptaron en cambio la del CMOS (Complementary Metal-oxide Semiconductor) usado en la fabricación de memorias de computadora y microprocesadores. De esa forma pudieron sacarles provecho a los enormes progresos realizados a través de los años que permitieron empaquetar millones de células de memoria en chips CMOS.

Y lo que es aún más sorprendente, el chip sensor de luz de la cámara Dfinity no es ni siquiera digital. De hecho es un chip análogo. En vez de construir la imagen usando los unos y los ceros del lenguaje binario, el chip análogo de Foveon imita la acción del ojo humano aprovechando los atajos biológicos que la naturaleza ha encontrado a lo largo de millones de años de evolución. No hace falta decir que la nueva Dfinity tiene todos los incentivos deseados por los fotógrafos profesionales: lentes estándar de la serie L de Cannon; obturador electrónico con velocidades que van desde 2 segundos hasta 8000 milésimas de segundo y trae un tomacorriente para una conexión de cable rápida (IEEE 1294) para descargar las imponentes fotos de 16,8 mega-pixels de la cámara a una laptop. ¿Que cuánto cuesta?

Si es que realmente quiere saberlo...

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