La estrella de Yasser Arafat, bajo máxima presión

Se juega el destino del líder palestino, un perdurable revolucionario del siglo XX
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16 de diciembre de 2001  

RAMALLAH, Cisjordania

Yasser Arafat, ante todo, es un sobreviviente.

Según su propio relato, salió ileso de doce atentados contra su vida en Beirut, a principios de los años ochenta, cuando apostaba a una guerra de guerrillas contra Israel.

Fue expulsado de Jordania en 1971, escapando disfrazado de mujer, y sacado del Líbano en 1982. Cuando aviones de guerra israelíes bombardearon sus oficinas en Túnez en 1985, resultó ileso.

Arafat, de 72 años, ha sobrevivido a docenas de primeros ministros israelíes y presidentes estadounidenses. Ahora, cuando su popularidad está descendiendo y su sueño de un Estado palestino se encuentra inmerso en un conflicto sangriento, enfrenta el reto, que quizá sea el más difícil, para su antiguo e innegable derecho de ser el líder del pueblo palestino.

Tras una sucesión de ataques suicidas que mataron a 33 civiles israelíes en un lapso de seis días, la semana última Israel exigió que Arafat arrestara a docenas de sospechosos de terrorismo y el ejército israelí dejó caer descargas de misiles en sus centros de poder para dejar claro el punto.

Cuando, finalmente, Arafat empezó a actuar, una muchedumbre de extremistas islámicos, cuyos puntos de vista representan un creciente número de palestinos, se amotinó en su contra.

El gobierno israelí lo etiquetó como "entidad que apoya el terrorismo" y algunos políticos israelíes están pidiendo su destitución. Los ataques aéreos israelíes terminarían, dijo el primer ministro Ariel Sharon, una vez que Arafat comenzara a efectuar redadas para atrapar dirigentes y desmantelar organizaciones terroristas. Sin embargo, Arafat corre el riesgo de desencadenar una revuelta generada por el creciente enojo y descontento de su propio pueblo si cede ante las demandas.

Arafat anduvo con cautela, caminando de puntitas entre las demandas de Israel y Estados Unidos, y el desafío de los combatientes palestinos.

"Su propia legitimidad está en entredicho", dijo Khalil Shikaki, director del Centro Palestino de Política e Investigación.

"Por una parte, no quiere terminar su carrera como un hombre que es percibido como un lacayo de Israel. Por la otra, no quiere la guerra civil _dijo Shikaki_. Cualquiera que sea la decisión que tome, será difícil para él. Una vez que sea tomada, será aún más difícil." Sin embargo, la supervivencia política de Arafat, dicen los analistas, no está en duda.

En gran medida, gracias a la estructura autocrática del poder que él creó _no tiene ningún subalterno directo o sucesor claro_ y a la falta de una oposición organizada, Arafat, que goza de buena salud según se dice, probablemente conserve el control, por lo menos hasta la siguiente crisis.

A pesar de provocarles rabietas a los negociadores durante años y de que ahora es etiquetado por Israel como un patrocinador del terrorismo, Arafat es conocido. Otra persona podría estar menos dispuesta a negociar, según el ministro de Relaciones Internacionales israelí, Shimon Peres, y saldría de un panorama palestino que ahora se inclina hacia el extremismo.

En efecto, los líderes israelíes han dicho en repetidas ocasiones en la última semana que Arafat no es el blanco de los ataques con misiles, aunque los motivos pueden ser debilitar su importancia.

"Israel quiere quebrantar la base de poder de Arafat sin dañarlo a él, poniéndolo como blanco", dijo Menachem Klein, un experto israelí en política palestina.

Sin embargo, son pocos los que claman por un cambio, a pesar del descenso en la popularidad de Arafat _una encuesta reciente realizada por el Centro de Medios y Comunicación de Jerusalén, arrojó que el apoyo a Arafat entre los palestinos era del 25 por ciento, el nivel más bajo que nunca haya tenido_ y de la percepción, cada vez mayor, de que es un líder corrupto.

"El es el símbolo del pueblo palestino. Ya sea que les guste o no, él es el símbolo", dijo Salam Mughanem, de 66 años, un comerciante en ropa de Ramallah, que al igual que Arafat, usa un turbante a cuadros negros y blancos.

"Es el hombre que lleva a cuestas la causa palestina", dijo el comerciante Hani Abdel, de 50 años.

Muchos no pueden imaginarse a nadie más en el cargo. En efecto, quienes tienen aproximadamente 40 años o menos no pueden recordar a nadie más como líder.

Y ahora Arafat está ganando la simpatía de los palestinos que dicen que está siendo intimidado por Israel y Estados Unidos.

"Lo están obligando a arrestarlos. El pueblo palestino son sus hijos _dijo una mujer, mientras revisaba un cajón lleno de suéteres de un dólar, en un mercado al aire libre_. Si no hace los arrestos, el mundo entero va a estar en nuestra contra, no sólo Sharon." Las fuerzas de seguridad de Arafat reportaron haber detenido a 120 militantes a principios de la semana última; los israelíes dijeron que eran pocos, si es que hubo alguno, los sospechosos importantes. Sin embargo, el viernes Arafat dijo que entre 17 y 33 militantes importantes solicitados por Israel estaban bajo custodia.

No obstante, parece que hay un límite a lo lejos al que puede llegar Arafat en el arresto de militantes, que tienen miles de seguidores.

El jueves último, autoridades palestinas pusieron bajo arresto domiciliario al sheik Ahmed Yassin, el líder espiritual parapléjico de Hamas, el grupo islámico combatiente. Sus defensores salieron en masa a las calles de Gaza para protestar y resultó muerto alguien que tiraba piedras durante los enfrentamientos con la policía palestina.

Ha sido el desafío más significativo a la autoridad de Arafat desde que se inició la revuelta palestina hace catorce meses, que en gran medida ha sido iniciativa de la guardia joven, la generación más joven de líderes nacionalistas del partido de Arafat, Al Fatah.

"Ha sido presionado tantas veces y ahora se está desmoronando y ésta es la imagen que los palestinos están viendo en este momento _dijo Ali Jerbawi, profesor de ciencia política de la Universidad Birzeit, cerca de Ramallah_. Y uno no quiere ver a un anciano desmoronarse." Nunca ha sido fácil para Arafat, que adquirió importancia por ser líder terrorista y posteriormente adoptó un enfoque diplomático para perseguir su objetivo de una patria independiente para los palestinos.

Arafat disfrutó de una educación de clase media en El Cairo, Gaza y Jerusalén, cuando estaba bajo el régimen británico, y empezó a contrabandear armas para las guerrillas palestinas cuando era adolescente. A los 19 años, peleó en la primera guerra árabe-israelí. Obtuvo el título de ingeniero civil en la Universidad de El Cairo, pero su carrera fue la liberación palestina. En 1969, dos años después de que Israel consiguió el control sobre el territorio palestino, se convirtió en líder de la Organización para la Liberación de Palestina. Comandó una fuerza guerrillera que se especializó en secuestros, asesinatos, bombazos y ataques con misiles.

Después de varias derrotas militares en Medio Oriente, cambió su cuartel general a Túnez en 1982, donde se quedó hasta que regresó triunfante a Gaza en 1994, con el marco de los acuerdos de paz de Oslo.

Arafat, con sus características barba rala y uniforme militar, se convirtió en uno de los revolucionarios más perdurables del siglo XX. No obstante, no ha podido acercar la causa palestina a la paz y preside un régimen que controla un territorio diverso en Cisjordania y la Franja de Gaza, que está lejos de ser democrático y que es considerado, comúnmente, como corrupto.

"Ya no es la estrella que solía ser", dijo Jerbawi, el profesor de Birzeit.

Y los israelíes le tienen una amarga aversión porque lo culpan de la reciente serie de ataques suicidas. Según una encuesta publicada el viernes en Yedioth Ahronoth, el periódico más grande de Israel, el 53 por ciento de los israelíes cree que su país debería "realizar acciones que conduzcan a su destitución", aunque tres cuartas partes dijeron que se oponen a que sea asesinado.

El líder enigmático se pasó la semana apostando su tiempo y exponiendo su caso ante líderes mundiales y audiencias de televisión en Estados Unidos, Egipto y otros lugares.

"A diferencia del común de las personas, en realidad él crece vigorosamente durante las crisis _escribió Roni Sheked, el periodista que cubre la Autoridad Palestina para Yedioth Ahronoth_. Cuando está bajo presión, cuando pensamos que está pasando por momentos difíciles, él sonríe y hace la V de la victoria. La gente en su oficina dice: ÔArafat es una persona que tiene 77 almas. Este hombre nos va a enterrar a nosotros antes de morirse´."

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