
La expansión del Mercosur
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Más allá de la gran importancia de sus alcances específicamente comerciales el acuerdo suscripto por el Mercosur con Chile y el que prevé firmar con Bolivia en poco tiempo más constituyen un avance sustancial hacia el objetivo de convertir la extensa región que ocupan los países signatarios en un espacio mucho más compartido que compartimentado.
Hasta poco antes de la etapa final de las negociaciones la vinculación de Chile con la unión aduanera cuatripartita se sustentaba sobre un convenio de complementación económica que mantuvo latente la posibilidad de una asociación más estrecha aunque sin comprometerla ni asegurarla. El nuevo acuerdo como el que se prepara con Bolivia tiene en cambio carácter asociativo.
Aunque estos convenios no incorporan plenamente a Chile y Bolivia como países miembros del Mercosur colocan a las dos naciones con respecto a la unión aduanera regional en una situación instituciónalmente semejante a la que mantuvieron entre sí las naciones del Mercosur (la Argentina Brasil Paraguay y Uruguay) cuando formaban aún hasta fin del año último una zona de libre comercio. Luego la definición del arancel externo común integró a los países signatarios en una unión aduanera paso o estadio potencialmente previo al objetivo de constituir un mercado común.
El vínculo con los nuevos socios -y particularmente con Chile- permitirá ahora que el Cono Sur en su acepción geográfica y económica más amplia aparezca como un espacio económico integrado ante los bloques y naciones fuera de la región. Viene pues a completar o redondear el mapa económico que fue naturalmente puesto en expectativa por la constitución del Mercosur ampliando sus posibilidades económicas con su extensión a un flanco geográfico de importancia evidente.
En los últimos años aun sin convenios especiales que lo promovieran las economías de Chile y de la Argentina emprendieron un espontáneo y vigoroso proceso de integración no tanto de carácter comercial como sustentado sobre inversiones en petróleo gas infraestructura y servicios financieros.
Ahora a pesar de que según el acuerdo es posible para ambas partes convenir condiciones de asociación semejantes con otros bloques o naciones el acuerdo con Chile y el tenor de las concesiones mutuamente realizadas para alcanzarlo apuntan mucho más a confirmar una vocación de afirmación y progreso de la integración que a facilitar interpretaciones restrictivas de los términos de la asociación.
Parece razonable suponer entonces que los esfuerzos puestos en alcanzar estos entendimientos tienen indudable valor político: indican que la antigua tendencia a las actitudes insulares producto tanto de las distancias y las dificultades geográficas como de intereses territoriales o económicos contradictorios -de la que nuestro país participó con singular empeño- difícilmente prevalezca ya porque otras razones otras conveniencias otras convicciones se han instalado en la región. Hoy el proyecto de afianzar vínculos y de aumentar y fortalecer el comercio integrador promete más ventajas y mayor bienestar.
Esto no significa renunciar a otras alianzas con países o bloques de extrazona en el contexto de una progresiva apertura que permita una participación más activa de la región en el intercambio planetario. El acuerdo reciente entre el Mercosur y la Unión Europea y los empeños chilenos por aproximarse al Nafta -el Tratado de Libre Comercio de América del Norte- y por actuar en los organismos de la Cuenca del Pacífico así lo demuestran.
La armonización de las economías de la región bajo condiciones liberales junto con la estabilidad de las instituciones democráticas es un escenario deseado cuando no reclamado por los grandes inversores mundiales. Y también la defensa de un campo creciente de intereses comunes reclama un mayor grado de capacidad de asociación intrarregional.
Por eso los tratados que tienden a expandir el área del Mercosur pueden adquirir tanto por gravitación de las circunstancias mundiales como por el contexto regional una trascendencia cualitativa que supere su contenido comercial y económico específico.






