La familia, pilar de la sociedad

Eduardo Amadeo
Eduardo Amadeo PARA LA NACION
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9 de enero de 2019  

Recientemente tuvo lugar en el CCK el simposio "Familia y políticas públicas: hacia un acuerdo de largo plazo". Académicos, funcionarios y organizaciones sociales dialogaron sobre cómo diseñar una agenda de trabajo que procure resolver las cuestiones que afectan el funcionamiento de las familias y que hacen que, crecientemente, las crisis de las parejas se conviertan en un eslabón de la reproducción intergeneracional de la pobreza. Los números mostraron la cuasi desaparición de las formas tradicionales de la familia, con la cohabitación liderando la convivencia, en lugar del matrimonio tradicional, como parte de un proceso cultural que ya parece irreversible.

También, que las dificultades que enfrentan tantas parejas para consolidarse afectan el desarrollo futuro de las madres y de los hijos, pero además generan un costo importante para el resto de la sociedad por los impactos personales (como las adicciones) y la pérdida de oportunidades. Vimos el efecto del estrés que sufren los niños a causa de los conflictos familiares sobre su desarrollo cerebral y afectivo, y cuánto se afectan por las mismas causas sus capacidades socioemocionales, que dificultan posteriormente su capacidad de integración social y laboral. Escuchamos a una jueza afirmar que la violencia es el factor más presente en las crisis familiares en todos los sectores sociales y discutimos sobre las dificultades que para el proceso educativo tiene trabajar con niños que provienen de hogares con graves problemas de relación entre los padres.

Aprendimos del impacto que sobre el funcionamiento de las parejas (y la vida de sus hijos) tienen el hacinamiento habitacional y la fragilidad laboral de los padres. También la importancia nodal que tienen los programas de prevención del embarazo adolescente no deseado, pues el niño no esperado en un hogar pobre se convierte frecuentemente en la principal razón de la separación de la pareja.

Aunque sea uno de los aspectos menos evidentes de los problemas que enfrentan hoy las parejas, hay suficientes cifras que demuestran que, aunque la economía crezca, si los jóvenes se embarazan temprano, se separan, no pueden ni saben acompañar a sus hijos en su crecimiento y las mujeres no pueden integrarse al mercado de trabajo. Así, es muy difícil que la pobreza se reduzca entre generaciones.

Pero al lado de cada problema existe un camino de solución. Hubo propuestas de mejora en la legislación y actuación de la Justicia, poniendo mas énfasis en la Justicia restaurativa. Se mostraron ejemplos muy estimulantes de trabajo en la escuela y de interacción entre docentes y padres. Se insistió en el valor que tiene aprovechar la energía social que existe en los barrios para contener y apoyar a las parejas. Dialogamos sobre el enorme impacto de los programas de cuidado que permiten a las madres volver al trabajo o a la educación. Y aprendimos de las experiencias legislativas y operativas que hay en el mundo para apoyar el desarrollo de las parejas; al punto de que en algunos países, como el Reino Unido, la familia es el eje de las políticas sociales.

Si bien el tema de la familia tiene poco rating en los medios y en la sociedad, su impacto sobre la dinámica social es mucho más importante que lo que se percibe. Basta fijarse en las trágicas historias familiares de tantos adictos y delincuentes; o entender cuántas dificultades tienen los niños de todas las clases sociales para integrarse a la vida social y laboral cuando en su infancia no han tenido suficiente amor y atención.

Ayudar a que las parejas puedan desarrollarse armónicamente exige que trabajemos antes, durante y después de su encuentro y relación. Jóvenes que no conocen experiencias de amor, difícilmente podrán incorporarlo en su pareja. Y no podrán sostenerlo si no tienen una mínima base económica de ingreso y acumulación. Necesitarán también ser acompañados durante su vida en común ante las crisis que son normales en la relación; y estarán mejor si la escuela o los programas sociales los ayudan en el diálogo entre los padres y en la crianza de sus hijos. Y deberán contar con un sistema judicial que les asegure a madres e hijos el respeto por sus derechos después de la eventual ruptura del vínculo.

La conclusión del simposio, en sintonía con una fuerte corriente académica y de experiencias concretas es que, más allá de componentes éticos o religiosos, es necesario poner mirada y los esfuerzos en acompañar y ayudar a las parejas a construir un futuro estable para ellos y sus hijos, del que se ha de beneficiar también toda la sociedad.

Diputado Nacional - Cambiemos

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