
La gripe asiática y la OMS
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Desde 1997, un peligroso virus infeccioso propio de las aves, pero que contagia a los seres humanos, la llamada "gripe asiática", se ha diseminado a través de Asia y ha causado numerosas víctimas mortales en Vietnam, Tailandia, Camboya e Indonesia. Lo grave es que cada nueva infección de un ser humano provocada por ese virus -apareció por primera vez en Italia hace ya un siglo- fortalece su capacidad de contagio.
El fenómeno parece haberse extendido hasta Rusia, donde han aparecido infecciones que desde fines de 2003 han causado 57 muertos. El mal avanza hacia Europa, ante lo cual algunos países están tomando precauciones especiales. Es el caso de Holanda, que ha ordenado que todos sus pollos, patos, pavos, gansos y otras aves de cría sean mantenidos en lugares cerrados para tratar de evitar que sean contagiados por pájaros que buscando climas más benignos migran desde el Este. Alemania estudia la adopción de medidas sanitarias en caso de comprobarse que el virus sigue su marcha hacia el Viejo Continente. La Comisión de la Unión Europea, preocupada, sigue diariamente la evolución del mal.
En momentos en que se considera la reestructuración de las Naciones Unidas, cabe recordar que frente a este tipo de emergencias la labor de la Organización Mundial de la Salud (OMS) es siempre clave. Esa institución no sólo debe preservarse, sino también robustecerse.
Ese organismo fue responsable de erradicar -luego de una década de campaña iniciada en 1967- la viruela, que llegó a causar la muerte en el 40% de sus afectados. Gracias a ese éxito hoy ya no se vacuna contra esa enfermedad.
La OMS tiene una avanzada red mundial de seguimiento de estas emergencias sanitarias con 112 centros distribuidos en 83 países, que es irreemplazable.
De ocurrir una emergencia sanitaria internacional, la capacidad conjunta de reacción dependerá en buena medida de esa entidad, a la que debe mantenerse dotada de los medios y recursos necesarios para el cumplimiento de su objetivo.





