
La guerra y las palabras
Por Carmen Verlichak Para LA NACION
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A no dudarlo, las guerras sirven para incrementar el vocabulario en uso y los nombres geográficos también. Así fue como en 1914 todo el mundo aprendió el nombre de Sarajevo, pequeña ciudad de Europa, a decir verdad. Lamentablemente, y por si alguien había olvidado qué significaba, a finales del mismo siglo se refrescó este conocimiento.
Así, Sarajevo, al aura romántica que ya tenía por su origen principesco ( sarai en turco significa "palacio"), sumó la tragedia de la guerra y llegó a ser un nombre literario: Sarajevo Marlboro , Sucedió en Sarajevo o Cuaderno de Sarajevo , como tituló Juan Goytisolo.
Y fue en la misma época, en esta última, cuando se empezaron a usar términos como atávico , étnico y balcánico . Palabras que, seguramente por ser esdrújulas, a la gente le encantó repetir.
Pero las palabras así usadas no designaron la realidad. Lo que pasó en la ex Yugoslavia poco tuvo de atávico, étnico o balcánico.
Suponer que son odios atávicos los que agitan la región es una simplificación y, como dice el ensayista William Pfaff, es un invento del siglo XX.
No son tampoco cuestiones antiguas ni incomprensibles, sino que son recientes. Para apuntar esto, Paul Garde recuerda que la primera manifestación de hostilidad en ese territorio fue en 1902, cuando Nikola Stojanic, un periodista serbio, publicó una nota con el provocador título "O nuestra destrucción o la vuestra" (Paul Garde, Vie et mort de la Yougoslavie , Paris, Fayard, 1992).
Pero fuera de esa publicación, no se conocen otros hechos de esta índole hasta que se llegó a la Primera Guerra Mundial. El polémico rediseño del mapa de Europa que se hizo en el tratado de Versalles hace pensar que nada hay de atávico en el conflicto, sino que es la historia reciente, ya que cincuenta, sesenta o setenta años en la vida de los pueblos es casi el presente. En el caso de lo que fue Yugoslavia, hasta 1918, cuando los serbios impusieron su hegemonía, nunca hubo conflictos allí.
Lo mismo sucede con lo étnico. Todos los involucrados en el conflicto de la ex Yugoslavia pertenecen a la misma etnia, son de la misma raza, esto es, son eslavos. Lo son los serbios, los montenegrinos, los croatas, los eslovenos, los bosnios. Etnia quiere decir precisamente "raza", y lo que separó a estos pueblos fue la historia, la cultura, y sobre todo los intereses territoriales, pero no la etnia.
En esto las palabras se usaron de un modo ambivalente, porque se hablaba tanto de "conflicto étnico" como de "guerra civil". Y todo esto aumentó la confusión que posibilitó que se usara un horrible eufemismo: "limpieza étnica". ¿A quién benefició esta confusión?
Algo similar ocurre con el término balcánico , que tiene ya instalada una cierta connotación peyorativa y conflictiva. Balkan es una palabra turca que significa "montaña" e involucra sólo a parte de los que estuvieron en el conflicto de los últimos años. Quedan fuera de los Balcanes parte de Croacia, Eslovenia y Vojvodina.
Por otra parte, hay otros países balcánicos, como Grecia, Turquía y Bulgaria, que no entraron, en esta guerra al menos. En otras palabras, no están todos los que son ni son todos los que están.
Vale la pena refrescar esto, porque la guerra que se desplazó por toda la antigua Yugoslavia en un movimiento de compás cuyo eje fue Serbia ahora amenaza a Montenegro.





