
La hiperinflación y después...
Por Roberto Cortés Conde Para La Nación
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EN noviembre de 1923, una drástica reforma monetaria detuvo abruptamente la hiperinflación en Alemania. Pareció que con ella se volvía a la normalidad y que no quedarían secuelas de la terrible inflación. Pero los fenómenos inflacionarios tendrían un efecto más perdurable sobre los mercados, como pudo verse más adelante.
La estabilización de los años siguientes sólo pudo mantenerse gracias a una política monetaria severa que se reflejó en elevadas tasas de interés. El gobierno incurrió varias veces en déficit, pero como no pudo recurrir a la emisión por parte del Reichbank, el banco central, los cubrió con préstamos del exterior mientras existió abundancia en el mercado internacional de capitales, gracias al diferencial de tasas que pagaba.
Desde la posguerra Alemania era una sociedad en permanente conflicto. No sólo por las consecuencias de la conflagración sino por los serios enfrentamientos entre todos, lo que hacía que el país fuera muy difícilmente gobernable. Los sectores medios -entre ellos, cientos de miles de ahorristas- habían visto cómo la inflación destruía sus esfuerzos de muchos años. Los obreros constituían junto con ellos una masa de descontentos que trataban de ganar los extremos de derecha o izquierda para imponer un cambio violento. La moderada e inestable coalición de Weimar vivía jaqueada. Una legislación social avanzada y la estabilización incidieron en que los costos de trabajo fueran mayores que en Gran Bretaña o los Estados Unidos.
Aunque Alemania no fue totalmente eximida del pago de reparaciones, el arreglo Dawes permitió que lo hiciera contrayendo deuda en el exterior, por lo cual éste no fue un problema tan crítico como en el pasado.
Hacia fines de los años 20, en medio de un enrarecido clima político y social, la economía se deterioró. Sufrió en 1928 el severísimo shock externo producido por el alza de las tasas en la Reserva Federal norteamericana, y después otro como resultado de la crisis mundial de 1930, cuyo efecto directo sobre Alemania fue la interrupción de la entrada de capitales.
En 1930, tras la ruptura de la coalición que gobernaba la República de Weimar, asumió el canciller Heinrich Brüning, que impuso severas medidas de disciplina fiscal. Redujo gastos, aumentó los impuestos y subieron las tasas de interés. Sin acceso a fondos del exterior y con un muy escaso mercado para la deuda del gobierno en el país, tuvo que enfrentar dos crisis, una financiera y otra de caja. El gobierno no tenía fondos ni a quien recurrir, y debía afrontar numerosas obligaciones, entre otras el pago de los salarios de la administración y los subsidios al desempleo. Como no tenía, legalmente, acceso al financiamiento del Reichbank, estaba en una situación más difícil que los países que para evitar la suba de la tasa de interés cubrían sus deficiencias con emisión.
El presidente del Reichbank, Hans Luther, recordaba que Brüning se encontraba en una continua carrera en contra del déficit. Se había caído en un círculo vicioso: la baja del gasto y el aumento de los impuestos incidían en una menor actividad económica, lo que provocaba una baja en la recaudación y el aumentó del déficit.
Esto, con un sistema político en crisis, sectores intolerantes enfrentados y una población angustiada. El mercado de trabajo tenía características muy rígidas y los sindicatos defendían el nivel nominal de los salarios más que el empleo, con lo que la desocupación aumentó hasta llegar en 1930 a más de seis millones de personas.
En esas circunstancias, ¿debía Brüning haber abandonado sus medidas de austeridad aumentando el gasto y la oferta de dinero? ¿Fueron sus políticas las que hicieron durar más la depresión y el desempleo, y las que abrieron el camino al nazismo? ¿Cómo pudo Hitler, más adelante, disminuir el desempleo y reactivar la economía con programas de trabajo, de caminos, subsidios y rearme financiados con déficit del gobierno y redescuentos del Reichbank?
Una sola opción
Es que la situación fue diferente. En 1933 se había superado el punto más bajo de la depresión. La reciente experiencia de una profunda y prolongada depresión preocupaba ahora más que la de la pasada inflación. La posibilidad de un estallido inflacionario quedaba descartada, además, gracias al férreo control que el Estado había impuesto a la sociedad y a la brutal represión a los disidentes y a los obreros, con la que se logró bajar los salarios, terminar con los convenios colectivos, estabilizar los precios, pero también acabar con el régimen democrático de Weimar.
¿No habría podido Alemania seguir el ejemplo de Gran Bretaña, que en 1931 abandonó el patrón oro, o el de Estados Unidos, que devaluó en 1933, lo que les permitió contrarrestar la depresión con políticas expansivas? Pero, ¿tuvo Alemania otra opción? ¿Lo hubiera permitido el mercado? Ha habido un extenso debate sobre las políticas de Brüning, y muchas críticas, pero recientemente Borchardt y otros han sostenido que quizá no tuvo otras opciones. Alemania no habría tenido la posibilidad de gastar más porque no podría conseguir quien le prestara, mientras todavía se recordara la hiperinflación.
Tampoco pudo gastar emitiendo dinero. Si lo hubiera hecho al comienzo de la depresión, el público habría vuelto a "huir del dinero" como durante la hiperinflación de 1923. Fue, entonces, el mercado el que puso una restricción al gobierno.
Esto debería ser recordado en países como la Argentina, con experiencias de inflación similares y también afectada por shocks externos, aunque no tan severos, cuando se sugiere la conveniencia de abandonar la austeridad fiscal y reemplazarla con medidas expansivas. Debería tenerse en cuenta que las acciones de los gobiernos tienen los límites que les ponen los mercados cuando reaccionan a las pérdidas que les causaron en el pasado otras acciones de esos gobiernos.




