
La importancia del control en la ciudad
Por Carlos Campolongo Para LA NACION
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Fortificar el Ente Regulador de la ciudad es no tener miedo al control. Por su discurso, incluiría al jefe de gobierno electo, Mauricio Macri, en esta actitud, imprescindible para una nueva gestión pública.
Con las privatizaciones de servicios que cedió el Estado, la participación del Ente es obligada, en la necesidad de "controlar el poder económico de los licenciatarios y concesionarios de la administración para proteger a los usuarios y consumidores ". (Agustín Gordillo, administrativista).
Como presidente del Ente, respondo a críticas y trascendidos que proliferaron últimamente, emanados, en su mayoría, de algunos integrantes del macrismo, con blanco pertinaz en esta institución.
Días atrás, el periodista de este diario José Ignacio Lladós afirmó: "El Ente de la ciudad ocupa espacio, genera cargos políticos y resuelve... casi nada". Se está refiriendo al tema del transporte subterráneo. Sin embargo, por sobre el problema con la administración nacional, se progresó en la legitimación institucional y el poder coercitivo (devolución de dinero por interrupción del servicio, extensión horaria, verificaciones de horarios, etc.), se advirtió sobre la falta de seguridad y se avanzó en la aplicación de multas sin que aún la Justicia las hubiera revocado, por la venta incorrecta del boleto escolar, escaleras que no funcionan y falta de higiene en estaciones.
Pero las competencias del Ente son muchas más: recolección de residuos domiciliarios, transporte de residuos patológicos, alumbrado público, semáforos, autopistas urbanas, taxis, multas fotográficas, estacionamiento, TV por cable y transmisión de datos. Por iniciativa de un legislador macrista, se agregó el servicio de transporte escolar que, en mi opinión, no es público, porque no es de acceso universal y se rige por libre contratación entre las partes.
Respondiendo a que el Ente "resuelve casi nada", aporto datos duros del año 2006: 749.225 controles; 41 multas a prestadores; además de los descuentos en certificados por incumplimientos, se atendió a 4183 usuarios y se recibieron 1033 denuncias, resolviendo una gran mayoría.
Por mal mantenimiento de las autopistas urbanas con peaje, se obligó a la prestadora a reparar daños sufridos por automovilistas. Se limitaron incrementos en peajes y estacionamientos por parquímetros, y se solicitó al Ejecutivo la convocatoria a audiencias públicas, con valiosa participación de organizaciones y ciudadanos.
El Ente fue el primer organismo que logró el reconocimiento de autonomía, firmando un convenio con el ministerio de Defensa de la Nación, que aceptó la ley local de residuos patológicos para todos los hospitales militares emplazados en la ciudad.
Aconsejamos al Ejecutivo, informamos a la Legislatura y, para nuestra satisfacción, hemos sido legitimados por muchos editoriales de importantes medios, como LA NACION. Es más: al tiempo que se calificaba con dureza al Ente, en otra página se consignaban recomendaciones enviadas al Ejecutivo para aliviar la crisis energética.
Desarrollamos programas de educación en colegios, como una perspectiva real para influir en mejore comportamiento ciudadano. El Ente fue la institución de control más resistida, desde un inicio, por aquellos que entendían que no debía haber separación entre el poder concedente (Poder Ejecutivo) y el poder regulador y controlador. El aforismo "quien concede, no controla" no gustaba a quienes estaban acostumbrados a una relación estrecha entre el poder político y el poder de los concesionarios. Fernando de la Rúa, como jefe de gobierno, vetó la ley 99, que reglamentaba las facultades del Ente, y sólo mucho tiempo después se aprobó la ley 210, que nos rige actualmente. ¿Ahora, otra vez, no se quiere el control?
Nacido con fórceps, no se admitió que el Ente regulara, y sólo se aceptó a medias que controlara. Regular y controlar son dos actividades diferentes. Se lidió mucho para que el Ejecutivo reconociera nuestra potestad. Lo hicimos sin importar a qué facción política perteneciese el jefe de gobierno.
Durante mi presidencia, el cuerpo se integró con tres representantes de la oposición, dos por el macrismo y uno por ARI, y un delegado de organismos de defensa de consumidores y usuarios. Asimismo, la Legislatura -en sus distintas composiciones, incluido el macrismo- contribuyó de modo importante a la integración del personal del Ente.
Corregir el déficit institucional -que seguro tenemos- es posible con más profesionalización, metas mensurables, normas claras, acuerdos jurisdiccionales, tecnologías y procedimientos de control objetivo.
Sería prudente que antes de reformar la Constitución de la ciudad y eliminar organismos de control, como viene escuchándose, se gobernara cumpliéndola, y luego, si el pueblo de la ciudad estima que hay que reformarla, argumentar sobre los principios que la deben regir.
Si se quiere limpiar la bañera, no es cuestión de tirar el agua sucia con el bebe adentro.




