
"La intervención en Timor será larga y peligrosa"
El líder político timorense y premio Nobel de la Paz 1996 afirma que el proceso independentista de la ex colonia portuguesa es irreversible, y que la presencia en el país de las fuerzas internacionales, dependientes de Naciones Unidas, cuenta con el respaldo del presidente Clinton.
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GINEBRA ALGO parece estar cambiando en la pesada maquinaria diplomática de las Naciones Unidas. Por primera vez, después de veinticuatro años de evocar el tema en distintos foros, la reunión urgente sobre la grave situación en Timor Oriental, convocada en la sede europea de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en Ginebra, por la alta comisaria de los Derechos Humanos, Mary Robinson, logró su objetivo. Después de sólo dos días y medio de deliberaciones, la comisión encargada del tema adoptó una resolución que prevé la creación de una comisión internacional para investigar "las violaciones generales, sistemáticas y flagrantes de los derechos humanos y del derecho humanitario en Timor Oriental". El voto de la Argentina se incluyó entre los 32 favorables contra 12 negativos y 6 abstenciones.
Probablemente, uno de los factores que contribuyeron a la adopción de esta resolución -negativa para Indonesia- fue el dramático resumen de la situación, a cargo del líder político independentista de Timor Oriental, José Ramos Horta, premio Nobel de la Paz en 1996 junto al obispo timorense Carlos Belo.
Poco después de su intervención, La Nación conversó en una sala de la ONU con José Ramos Horta.
-Usted comparó los graves sucesos en Timor Oriental, producidos después del referendum en el cual se apoyó la independencia, con el Holocausto. Es una comparación terrible. ¿A qué se debe?
-A la realidad. Está históricamente comprobado que el exterminio de los judíos europeos hubiera podido evitarse si las grandes potencias hubieran mostrado una actitud firme frente a Hitler y el Tercer Reich. Pero, como sabemos, prevaleció la realpolitik. Sucedió lo que era previsible.
Así pasó en Timor Oriental. También comparé la situación con la invasión de Kuwait por Irak, otra tragedia, donde se hubiera debido actuar en forma más rápida. Con esto quiero decir que a partir del momento en que el presidente de Indonesia, Bacharuddim Jususf Habibie, anunció que su gobierno estaba dispuesto a aceptar un referendum por la independencia de Timor Oriental, era previsible que el ejército indonesio se opusiera. Mis compatriotas han luchado contra el ejército indonesio desde que Indonesia invadió Timor Oriental, en 1975. Le recuerdo que la ONU nunca reconoció la anexión de facto de Timor Oriental por parte de Indonesia. Desde entonces hasta el sorpresivo anuncio del presidente Habibie hubo más de 200 mil muertos, combatiendo al ejército ocupante, sobre una poblacion de 800.000 timorenses.
Quiero señalar, además, que yo he sido el primero en felicitar al presidente indonesio por el coraje demostrado al proponer el referendum, porque era la única manera de parar esta sangrienta guerra colonial. Pero era inevitable suponer que los militares indonesios no iban a abandonar las enormes prebendas económicas logradas durante una ocupación de más de veinte años, sin destruir, matar y violar.
Por eso, debido a las terribles violaciones de las que fueron víctimas los habitantes de Timor Oriental -por haber votado, en un 80 por ciento, a favor de la independencia, a pesar de las intimidaciones y las amenazas-, yo también dije en mi intervención ante la ONU que ningún delegado allí presente debía correr el riesgo de no poder mirarse en el espejo después de votar en contra de una comisión investigativa. Es otra manera de pedirles que no fueran cómplices de los crímenes cometidos en mi país.
-Según las informaciones con que contamos, se tiene la impresión de que el peligro mayor lo constituyen las llamadas "milicias antiindependentistas". ¿Usted piensa que podrán ser controladas por las Fuerzas Internacionales para Timor Oriental, de la ONU?
-En primer lugar es necesario explicar que las milicias no son originarias de Timor Oriental. Tenemos la evidencia, proporcionada por testigos, de que las milicias han sido reclutadas en distintas islas del archipiélago indonesio, como Atauro y Flores, además de Timor Occidental, y que dentro de estos grupos de milicias se esconden miembros del ejército indonesio. Por otra parte, más del 90 por ciento de la destrucción y de la violencia ha sido organizada y dirigida; no ha sido espontánea sino planeada ya desde el mes de enero último por las fuerzas especiales y los grupos de inteligencia militar.
-¿Es posible hacer una estimación de la cantidad de víctimas?
-Resulta imposible tener cifras exactas, pero fuentes de la Iglesia y de la resistencia timorense estiman que ha habido entre 7000 y 20.000 muertos desde abril último. Pero la mayoría de los crímenes y de los incendios fue cometida a partir de agosto. Muchas de las víctimas han sido niños, y hubo muchas niñas violadas y asesinadas, lo cual parece ser una de las estrategias de las fuerzas armadas indonesias. El periodista holandés, corresponsal del Financial Times, fue asesinado porque logró entrevistar a un grupo de milicias.
-¿Cuál ha sido el papel de la Iglesia Católica en Timor Oriental?
-Ha sido muy importante, parecido al que tuvo en otros países, como Brasil, Chile, Nicaragua o Filipinas. Se convirtió en un refugio para todos aquellos que vivieron oprimidos bajo el control indonesio. En realidad, fue la ocupación brutal de Indonesia la que logró aumentar en forma dramática el número de conversos. Antes de la invasión la población católica de Timor Oriental sumaba unas 200.000 personas, el resto eran animistas. Hoy, más del 90 por ciento de la población es católica. Los esfuerzos de Indonesia por convertir a los habitantes de Timor Oriental al islam no dieron resultado, ya que es la religión del ocupante. Por cierto, monseñor Belo, el administrador apostólico de Timor Oriental, apoyó también el referendum, rezando permanentemente por una solución pacífica. Esta fue la razón por la que compartió conmigo el premio Nobel de la Paz en 1996.
-¿Cree usted que fue una imprevisión de parte de la ONU, que supervisó la realización del referendum, el hecho de no haber tomado medidas para la seguridad de los habitantes, una vez conocido el resultado?
-Pudo haber sido una falta de previsión, o de información precisa sobre el tipo de violencia que podía desencadenarse al conocerse el resultado de la votación. Sin embargo, los equipos internacionales de la ONU, presentes durante el referendum, aseguraron que tenían confianza en la buena voluntad de las autoridades indonesias. Debemos reconocer, entonces, que el genocidio que se produjo en los primeros días de septiembre último fue la responsabilidad total de las fuerzas armadas indonesias.
-¿Cómo ve la situación desde el arribo de la fuerza internacional comandada por el general australiano Peter Cosgrove?
-Las fuerzas internacionales de intervención usarán todos los medios para poner fin a la situación reinante. Pero ha habido demasiados muertos, demasiada destrucción. No nos engañemos, será una intervención larga y peligrosa. A lo que se suma la dificultad que existe, aún hoy, de conseguir que los alimentos enviados por la comunidad internacional lleguen a los timorenses. Castigar a todo un pueblo es una estrategia de las fuerzas armadas indonesias, y es un crimen contra la humanidad. Tengo entendido que hasta ahora han desembarcado unos 4.000 soldados, y que han logrado controlar ciertas zonas de la capital, Dili. Pero fue en Dili mismo -y aun con la presencia de la fuerza internacional- donde apareció asesinado el periodista holandés. Las milicias, que conocen perfectamente el terreno, matan e incendian, refugiándose inmediatamente más allá de la frontera, en Timor Occidental.
-Frente a todas estas dificultades, ¿cómo ve usted el proceso de independencia de Timor Oriental?
-El proceso es irreversible, decidido por el pueblo mismo. Antes de venir a Ginebra pude entrevistarme en Washington con el presidente Clinton y con la secretaria de Estado, Madeleine Albright, y recibí de su parte la garantía de que apoyan con fuerza tanto la independencia de Timor Oriental como la presencia de las fuerzas internacionales, que refuerza el resultado del referendum de autodeterminación que dio lugar, precisamente, a la independencia.
-¿Resulta viable la independencia de un país cuya superficie total es de 18.900 kilómetros cuadrados, y que tiene una población de 800.000 habitantes?
-Sí, absolutamente, resulta tan viable como la de todo país pequeño que cuenta con importantes fuentes de riqueza, en este caso ya explotadas por Indonesia, como el petróleo, el gas natural y el café, considerado por los entendidos como uno de los mejores del mundo. También se explotan las minas de mármol, hay madera en abundancia, y el turismo puede ser una interesante fuente de ingresos para el país.
-¿Y cuál es el futuro de José Ramos Horta?
-Después de veinticinco años de lucha preferiría jubilarme y vivir una vida más tranquila, como un ciudadano cualquiera. Pero tengo la obligación moral, ahora que el país está destruido, de estar a disposición de Timor Oriental para ayudar en su reconstrucción.
Partidos en dos
Durante quinientos años, Timor Oriental fue una colonia portuguesa, del tamaño de El Salvador. La otra mitad de la isla, Timor Occidental, anteriormente colonia holandesa, forma parte del territorio indonesio. Timor Oriental, situado a unos 450 kilómetros del norte de Australia, está habitada por etnias de origen melanesio. Muchos de sus habitantes son católicos, herencia de la ocupación portuguesa.
En diciembre de 1975, miles de soldados indonesios, apoyados por aviones de combate y helicópteros, invadieron a Timor Oriental, antes de que Portugal pudiera terminar el proceso de descolonización que había comenzado con la Revolución de los Claveles.
Después de la ocupación indonesia se creó en el territorio el Frente Revolucionario por la Independencia de Timor Oriental. José Ramos Horta se convirtió en el consejero político de ese organismo. Poco tiempo después se exilió en Australia y se integró al recientemente creado equipo del Consejo Nacional de Resistencia Maubere, convirtiéndose en su vocero. (Maubere es el nombre de la etnia de los habitantes de Timor Oriental.) Mientras este organismo intentaba conseguir la independencia por la vía diplomática, específicamente ante el Consejo de Seguridad de la ONU en Nueva York -donde tropezó durante años con la presión que ejercía Indonesia- el timorense Xanana Gusmão se convirtió en el líder de la guerrilla antiindonesia. Apresado por las fuerzas armadas indonesias en 1992, fue juzgado y condenado a cadena perpetua. En agosto último, Gusmão, que había sido trasladado a Yakarta, fue puesto en libertad por el presidente Habibie. A principios del corriente mes, el Parlamento indonesio deberá ratificar el referendum independentista, votado por el 80 por ciento de la población.
Cuando esto suceda, y cuando la pacificación de Timor Oriental lo permita, Xanana Gusmão y José Ramos Horta regresarán a su país.
Perfil
- Ramos Horta nació el 26 de diciembre de 1949 en Dili, hijo de madre timorense y padre portugués, exiliado en Timor por la dictadura de Salazar.
- Fue educado en una misión católica en el pueblo de Soibada, más tarde elegido por el Frente Revolucionario por la Independencia de Timor Oriental para instalar allí su base de operaciones.
- Cuatro de los once hermanos y hermanas de Ramos Horta fueron asesinados por el ejército indonesio.
- Por su militancia política, Ramos Horta debió exiliarse en Mozambique durante 1970 y 1971.
- En 1975 fue designado por los partidos proindependentistas para representar a Timor Oriental en el exterior. Ramos Horta dejó la isla tres días antes de la invasión indonesia.
- Durante diez años fue el representante permanente del movimiento independentista timorense ante la ONU.
- En 1998 fue elegido vicepresidente del Consejo Nacional de la Resistencia Timorense y hasta el día de hoy continúa siendo el representante personal del presidente del organismo, Xanana Gusmão, preso en Yakarta.



