La invasión de los protocolos

Francis Korn
Francis Korn PARA LA NACION
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27 de octubre de 2020  • 23:04

No recuerdo haber pronunciado la palabra "protocolo" hasta el 2020. No solo eso, jamás pensé en ella hasta que se volvió, como dirían en las "redes", "viral". Pertenecía a un léxico profesional en algunos ámbitos (sin duda el de la diplomacia). Pero vino a instalarse en nuestras vidas junto con la pandemia a partir de cuya incidencia en esas vidas, y sobre todo esos oídos, se llenaron de protocolos. Hoy ya está instalada en el lenguaje diario (como la "problemática", la "temática" y las "metodologías") para indicar cualquier serie de acciones o conductas que lleven a cumplir con cualquier menester u organizar cualquier pensamiento. ¿Hacía falta? ¿Qué necesidad imperiosa del idioma vino a llenar? ¿Qué vacío de la comprensión?

Partamos de que no se trata de una palabra particularmente agradable. Y convengamos en que hay palabras desagradables que no se puede dejar de usar. ¿Pero es absolutamente necesario llamar "protocolo" a todo lo que así se designa? Hoy día hay protocolos para abrir un restaurante, para caminar por la calle, para entrar a la farmacia, para no contagiarse, para lavarse los dientes, para mirarse al espejo. (Y demos gracias porque todavía no ha reemplazado, en la investigación social, a la igualmente innecesaria "metodología". Pero en cualquier momento puede llegar). Hasta da la impresión de que es necesario usarla para erradicar la pandemia.

Hoy día hay protocolos para abrir un restaurante, para caminar por la calle, para entrar a la farmacia, para no contagiarse, para lavarse los dientes, para mirarse al espejo

No la usaron ni Hernández, ni Sarmiento, ni Borges, ni siquiera Lugones cuando cuenta en su magnífico Yzur cómo le enseñó a hablar al mono. Bioy hubiera dicho, como decía del lenguaje de la psicología, "qué vocación por lo feo", y quizá también hubiese repetido "hay que ser patriotas del idioma". Cuando llegó a nuestro mundo ellos ya no estaban. Tenemos la suerte de que nos quede su magnífica literatura y ellos la de no tener que oír la palabra "protocolo" en cada oración transmitida por funcionarios, locutores y gente que, en general, nos está indicando, paso a paso, como cumplir con cualquier tarea. Antes no hacía falta. Ni para los científicos, ni para los secretarios, ni para casi nadie. Pero tiene la virtud de sugerir que su uso logrará que todo se resuelva, quizá no con felicidad, pero por lo menos con una especie de orden.

Socióloga y doctora en Antropología

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